
La suba de memorias y semiconductores presiona los precios locales. Las empresas buscan contener el traslado, pero el segmento económico queda más expuesto.

Los celulares de menor precio quedaron en el punto más sensible de una suba de costos que ya presiona al mercado argentino. El encarecimiento internacional de memorias DRAM y NAND, sumado a la demanda de semiconductores para inteligencia artificial, empezó a modificar los márgenes de fabricantes, importadores y distribuidores. La consecuencia más visible podría sentirse en los modelos de entrada de gama, donde cada componente pesa mucho más sobre el valor final del equipo.
El problema no surge solo de una decisión comercial de las marcas. La industria global redirigió buena parte de su capacidad productiva hacia centros de datos, un negocio más rentable por el crecimiento de la infraestructura ligada a la inteligencia artificial. Según fuentes del sector, alrededor del 70% de la fabricación mundial estará orientada este año a cubrir esa demanda, lo que deja a la electrónica de consumo con menor oferta y costos más altos.


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En Argentina, ese movimiento internacional llega a un mercado debilitado por la caída del consumo. Las empresas reconocen que trasladar todos los costos al precio final resulta difícil porque el poder de compra está resentido y el contrabando funciona como una competencia permanente. Por eso, aunque los insumos suben, el impacto sobre las listas no será automático ni igual para todas las marcas.
El salto más fuerte aparece en las memorias y otros semiconductores, con aumentos que fuentes del sector ubicaron entre 150% y 200% desde diciembre. En equipos cercanos a los USD 100, la memoria ya representaba antes una parte muy alta del costo total. Con los nuevos valores, cada chip puede ubicarse entre 130 y 170 dólares, una cifra que supera el precio completo de algunos teléfonos económicos.
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Ese desajuste golpea menos a los dispositivos premium porque el precio final se reparte entre más componentes de alto valor. Pantallas, cámaras, sensores y diseños de mayor complejidad permiten amortiguar mejor el peso de la memoria dentro del costo total. En cambio, los equipos básicos dependen de una estructura más ajustada, donde el aumento de un insumo puede mover de inmediato el piso de precios.
Las compañías ya analizan cambios en producción, inventarios y configuración de modelos. Algunas priorizan celulares con menos memoria RAM o menor capacidad interna, mientras otras evalúan impulsar líneas que permitan ampliar almacenamiento mediante tarjetas o servicios en la nube. También aparece una estrategia de mayor foco en productos premium, donde el margen permite absorber mejor la presión de los componentes.
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El alivio impositivo aplicado en los últimos meses no alcanzó para sostener una baja de precios al consumidor. El sector recuerda que los aranceles a la importación de celulares bajaron del 16% al 8% y tendrán eliminación total en enero, mientras que los impuestos internos se redujeron del 19% al 9,5%. Esa mejora quedó contrapesada por la suba global de semiconductores, que recortó el efecto esperado sobre los valores locales.
El mercado también muestra señales de menor volumen. Argentina cerró 2025 con unas 6,2 millones de unidades vendidas, pero las previsiones para 2026 apuntan a unas 5,3 millones. El primer trimestre quedó entre los más flojos de la última década, con menos de un millón de equipos comercializados y una caída interanual del 16%.
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Las fuentes de AFARTE descartaron una suba inmediata del 30% al público, aunque admitieron que los insumos siguen en alza y que las listas acompañan esa tendencia. “No hay mucho margen para ajustar hacia arriba”, señalaron desde el sector. La advertencia se apoya en una lectura concreta: un aumento desmedido podría empujar más compradores hacia canales informales y profundizar la debilidad del mercado formal.
La logística internacional agrega otro factor de presión. Restricciones en rutas aéreas, mayores costos de transporte, subas del petróleo y demoras en la cadena de suministros completan un cuadro complejo para quienes importan partes o equipos terminados. “El supply chain global está completo y absolutamente estresado”, resumió un directivo del área de abastecimiento al describir el escenario externo.
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El panorama mundial acompaña la tendencia local. Consultoras como IDC y Counterpoint Research proyectan una caída cercana al 13% en las ventas globales de smartphones durante 2026. IDC estimó que el volumen internacional podría ubicarse entre 1.100 y 1.200 millones de unidades, el nivel más bajo en más de diez años.
La Argentina queda atravesada por esa dinámica global, pero con problemas propios que amplifican el impacto. El consumo débil, la competencia irregular y la incertidumbre sobre la política impositiva limitan la capacidad de las empresas para definir precios con previsibilidad. El riesgo inmediato no está solo en pagar más por un celular, sino en que la oferta económica pierda variedad justo cuando los consumidores más necesitan opciones accesibles.
Fuente: Infobae

















