Puerto Madryn convirtió la visita de Hernán Lira en un recorrido vivo de oficio y juego

Chubut07/04/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

El artesano juguetero desplegó talleres, títeres, muestra y venta de piezas en distintos espacios de la ciudad, con una propuesta abierta a familias y creadores.

Hernán Lira en Madryn
Hernán Lira en Madryn

La llegada de Hernán Lira a Puerto Madryn no quedó reducida a una charla aislada ni a una exhibición puntual. Su paso por la ciudad tomó la forma de un recorrido cultural con varias estaciones, donde el trabajo manual, el juego, los títeres y la circulación de público se mezclaron en una misma secuencia. Ese formato le dio otra densidad a la visita del artesano, porque convirtió su presencia en una experiencia repartida entre formación, muestra y encuentro directo con vecinos.

Lira arribó a la ciudad a partir del programa de extensión cultural y lo hizo en una articulación entre el Mercado Cultural, dependiente de la Subsecretaría de Cultura de la Municipalidad, y Colmena, artes y oficios. Ese esquema de trabajo conjunto no sólo permitió traer a un referente de un oficio específico, sino también construir una agenda concreta alrededor de su producción. La propuesta, así, quedó sostenida por una red local capaz de alojar tanto el aprendizaje como la exhibición y la circulación pública de su obra.


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El visitante no llegó con un perfil único, y ahí estuvo buena parte del interés de la programación. El texto fuente lo presenta como artesano juguetero y titiritero, además de creador de marionetas, con un trabajo centrado sobre todo en la madera y en la elaboración de juguetes articulados. Esa combinación entre objeto, escena y oficio le dio a su presencia en Madryn un alcance más amplio que el de una capacitación técnica convencional.

Uno de los momentos centrales de la visita fue el taller “Construcción de autómatas”, coordinado por Lira en el espacio de Colmena, artes y oficios. Allí el foco estuvo puesto en el hacer, en el armado y en la transmisión de saberes vinculados al movimiento, al mecanismo y a la materialidad de las piezas. La actividad no apareció desprendida del resto de su trabajo, sino como una puerta de entrada concreta al universo creativo que el artesano viene desarrollando con “Juguetes con oficio”.


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Al día siguiente, la programación cambió de registro sin salir del mismo territorio sensible. En ese mismo lugar, Lira presentó la obra de títeres “Y la música viene”, pensada para toda la familia, y ese paso del taller al escenario mostró otra capa de su producción. La visita no quedó entonces encerrada en la lógica del aprendizaje para un grupo reducido, sino que se abrió también a una experiencia compartida con público amplio y con una propuesta artística de tono familiar.

Entre esas dos jornadas hubo además un elemento que terminó de unir ambas escenas. La muestra de “Juguetes con oficio” permaneció abierta al público, de modo que quienes se acercaron pudieron ver de cerca las piezas, reconocer materiales, detalles de construcción y modos de articulación, y no sólo asistir a una función o participar de una actividad puntual. Ese cruce entre exhibición, capacitación y obra en vivo le dio continuidad al recorrido y evitó que cada instancia quedara aislada de la anterior.


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La última escala de la visita llevó ese trabajo a un espacio todavía más abierto. En su jornada final, Lira participó del Mercado Cultural en el playón del buzo, donde el público pudo acercarse a su stand y acceder a su producción de juguetes. Ese cierre desplazó el eje desde la formación y la exhibición hacia el contacto directo con la circulación de objetos, en un entorno más espontáneo y ligado al paseo urbano.

Ese movimiento final resulta importante porque completa el sentido general de la visita. Lo que en Colmena había aparecido como taller, muestra y obra, en el playón tomó la forma de encuentro directo entre el creador y la comunidad, con sus piezas ya insertas en una dinámica de intercambio concreta. La ciudad no recibió solamente a un invitado para mirar desde lejos, sino a un hacedor que puso en funcionamiento su universo de trabajo en distintos formatos y frente a públicos diversos.


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También ahí se vuelve más claro el valor cultural del paso de Lira por Puerto Madryn. Su presencia permitió juntar en pocos días varias capas de una misma práctica: el oficio manual, la dimensión escénica, la exposición de piezas y la posibilidad de acceder a esa producción en un espacio público. Esa articulación fue lo que volvió fructífera la visita, no como fórmula vacía de gacetilla, sino como una experiencia que dejó actividad real en varios puntos de la ciudad.

La agenda ya terminó, pero deja una huella concreta sobre el modo en que una ciudad puede alojar un proyecto cultural cuando lo piensa más allá de una sola actividad. Taller, obra, muestra y mercado formaron parte de una misma trama y le dieron volumen a la presencia de Hernán Lira en Puerto Madryn. Ese es, finalmente, el saldo más nítido del recorrido: el oficio no quedó quieto en una vitrina, sino que se movió entre espacios, públicos y formas distintas de participación.

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