Una llama amarilla puede anticipar una intoxicación mortal en pleno invierno

Actualidad08/04/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Con el frío vuelven las estufas y también un riesgo invisible. Qué señales mirar en casa y qué hábitos cortar antes de una intoxicación.

Monóxido de carbono
Monóxido de carbono

Una llama que dejó de verse azul ya alcanza para encender una alarma en cualquier casa. El color amarillo, anaranjado o rojizo en una hornalla o una estufa indica mala combustión, y eso puede significar presencia de monóxido de carbono en el ambiente. En la práctica, una señal doméstica que muchos pasan por alto puede ser el primer aviso de un problema grave dentro del hogar.

El monóxido de carbono no da margen para confiarse porque no se ve, no tiene olor, no irrita y puede acumularse sin que nadie lo advierta. El Ministerio de Salud lo describe como un gas tóxico que surge de la mala combustión de estufas, calefones, termotanques, cocinas, calderas, grupos electrógenos, braseros y otras fuentes de calor o combustión. Esa combinación entre invisibilidad y presencia en artefactos de uso cotidiano explica por qué cada invierno el riesgo vuelve a instalarse dentro de viviendas que parecen seguras.


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La prevención más concreta no empieza cuando alguien se siente mal, sino bastante antes, con la revisión de los equipos. ENARGAS y el Ministerio de Salud coinciden en que los artefactos a gas deben controlarse al menos una vez por año con un gasista matriculado, y que además hay que revisar que los conductos de evacuación no estén rotos ni obstruidos. Chimeneas, tirajes y salidas de aire tapadas por suciedad, hollín o restos acumulados pueden convertir una calefacción habitual en una fuente de intoxicación dentro de ambientes cerrados.

Otro error frecuente aparece cuando baja la temperatura y la prioridad pasa a ser que no entre nada de aire desde afuera. Las recomendaciones oficiales insisten en no tapar rejillas de ventilación, dejar circulación de aire y sostener una abertura mínima, sobre todo cuando se usan artefactos que toman oxígeno del ambiente. Sellar por completo una casa puede parecer una forma de conservar calor, pero al mismo tiempo favorece la acumulación del gas que justamente hay que expulsar.


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La lista de cosas que no deben hacerse también es más concreta de lo que suele creerse. Las hornallas y los hornos no son para calefaccionar, y los organismos oficiales lo remarcan sin ambigüedad porque consumen oxígeno y elevan el riesgo dentro de la vivienda. Lo mismo corre para braseros, generadores y estufas portátiles usadas en interiores o semicerrados, y en dormitorios o baños los artefactos instalados deben ser de tiro balanceado.

El problema se vuelve todavía más peligroso porque los síntomas suelen confundirse con cuadros comunes del invierno. Dolor de cabeza, náuseas, vómitos, mareos, debilidad o somnolencia pueden parecer una gripe, una mala digestión o un malestar pasajero, cuando en realidad forman parte de una intoxicación por monóxido. El Ministerio de Salud también advierte que en cuadros moderados o graves puede haber confusión, pérdida de coordinación, desmayos, convulsiones o pérdida de conciencia, y que una persona dormida puede intoxicarse sin llegar a registrar esos avisos.


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Frente a esa sospecha, lo importante no es esperar a que el malestar pase ni seguir dentro de la casa para “ver si mejora”. La indicación oficial es abrir puertas y ventanas, salir del ambiente de inmediato y acudir al centro de salud más cercano. En la guía del Ministerio también figura el Centro Nacional de Intoxicaciones, que atiende las 24 horas en la línea gratuita 0800-333-0160, un dato que puede resultar decisivo cuando el cuadro aparece de golpe y hace falta actuar rápido.

La prevención, por eso, no depende de una sola medida sino de una rutina entera de cuidado doméstico. Revisar los artefactos antes de los días más fríos, mirar el color de la llama, no obstruir ventilaciones, mantener limpios los quemadores y no cubrir estufas con muebles o cortinas son gestos simples que bajan mucho el riesgo. En una temporada donde el uso de gas y calefacción sube de manera sostenida, esa cadena de pequeñas decisiones vale más que cualquier reacción tardía.


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El monóxido de carbono no avisa con humo, no deja olor en el ambiente y no da segundas oportunidades cuando la intoxicación progresa. El riesgo empieza en escenas cotidianas, muchas veces dentro de una cocina o un living donde todo parece funcionar con normalidad. Justamente por eso, el invierno no sólo obliga a calefaccionar mejor: obliga también a mirar mejor lo que pasa adentro de la casa.

Fuente: NA.

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