Caputo llega a Washington con US$1.000 millones en juego y reservas bajo examen

Política14/04/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

La comitiva económica buscará cerrar la revisión con el FMI, conseguir un giro demorado y explicar cómo piensa sostener pagos hasta 2027.

Luis Caputo
Luis Caputo

El viaje de Luis Caputo a Washington no será una escala protocolar ni una foto de primavera con el FMI. La delegación argentina llega con una tarea concreta: destrabar un desembolso de US$1.000 millones que sigue pendiente dentro del programa vigente. En esa misma conversación también quedará expuesto el punto que más incomoda al Gobierno, la dificultad para mostrar una acumulación de reservas a la altura de lo comprometido.

Caputo viajará acompañado por el viceministro José Luis Daza y por el presidente del Banco Central, Santiago Bausili, dentro del esquema de reuniones previsto para las Spring Meetings del FMI y el Banco Mundial. El encuentro se desarrolla en Washington entre el 13 y el 18 de abril, con una agenda internacional cruzada por la guerra en Medio Oriente y por el impacto económico de ese conflicto sobre energía, inflación y financiamiento. Argentina irá a ese escenario con una urgencia propia, mucho más financiera que diplomática.


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La negociación principal pasa por cerrar la revisión del programa y dejar encaminado ese giro adicional de fondos. Para conseguirlo, el equipo económico deberá defender el cumplimiento de las metas del primer trimestre, sobre todo en dos capítulos que el Fondo sigue mirando con lupa: el resultado fiscal y la reconstrucción de reservas. El frente fiscal le ofrece al Gobierno un argumento más sólido; el cambiario, en cambio, sigue siendo el punto más áspero de la revisión.

Ese nudo explica por qué en Washington también se discutirá un “waiver”, la dispensa que Argentina necesita por no haber cumplido la meta previa de acumulación de reservas. El propio FMI ya había reconocido en enero que la acumulación seguía siendo central para recuperar acceso durable al crédito privado, aun después de las compras de divisas que el Banco Central logró al comenzar 2026. Lo que ahora está en juego no es sólo una explicación técnica sobre un desvío pasado, sino la posibilidad de que el organismo acepte seguir adelante sin convertir ese incumplimiento en un bloqueo político de la revisión.


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La escala en Washington además incluye otra conversación menos visible, pero igual de exigente. Según el cable base y los reportes previos al viaje, la comitiva deberá exponer ante el Fondo y ante inversores de Wall Street cómo piensa captar en promedio US$1.250 millones mensuales para sostener el esquema de pagos hasta 2027. Esa necesidad convierte al viaje en algo más que una gestión ante el FMI: también lo transforma en una presentación de credibilidad financiera hacia afuera.

El Gobierno llega a esa cita con algunos datos que le permiten pararse mejor que meses atrás, pero sin margen para relajarse. Reuters reportó esta semana que el acceso argentino al mercado todavía sigue demorado por un riesgo país elevado, aun cuando el programa con el Fondo muestra avances en varios frentes. La mejora fiscal existe y el proceso de desinflación continúa, pero el frente externo sigue condicionando cualquier intento de volver al financiamiento voluntario en condiciones razonables.


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En paralelo, el viaje servirá para sostener reuniones con otros organismos multilaterales y explorar líneas de financiamiento bilateral e infraestructura. Esa parte de la agenda no tiene la urgencia del giro pendiente, pero sí importa para un Gobierno que necesita ampliar fuentes de dólares y mostrar que no depende de una sola ventanilla. En Washington, entonces, la delegación no sólo irá a pedir un alivio; también intentará construir una red más amplia de respaldo externo.

El contexto global tampoco ayuda a simplificar la negociación. Las reuniones de primavera llegan atravesadas por un shock geopolítico que ya obligó al Fondo a revisar perspectivas para economías emergentes y a poner en el centro el costo energético y la volatilidad financiera. Para un país como Argentina, que todavía necesita reservas, financiamiento y credibilidad, ese clima vuelve más exigente cualquier conversación con el organismo y con los mercados.


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La misión de Caputo, Daza y Bausili quedará medida por un resultado muy concreto cuando termine la semana. Si vuelven con la revisión encaminada y el desembolso liberado, el Gobierno sumará oxígeno en un momento sensible del programa. Si esa definición vuelve a demorarse, la presión sobre reservas, pagos e inversores quedará otra vez en primer plano y Washington habrá sido apenas una escala sin alivio real.

Fuente: NA, LA NACION, Infobae, IMF, Reuters.

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