
El SOMU espera una respuesta de las cámaras con la flota lista y la gente al límite
Chubut14/04/2026
REDACCIÓNLa negociación salarial entró en horas decisivas, pero el apuro ya no pasa sólo por la firma de un acuerdo: también pesa la necesidad urgente de volver al trabajo.

La posibilidad de un acuerdo entre el SOMU y las cámaras empresarias quedó atada a una definición que, según planteó César Zapata en El Quinto Poder al aire de #LA17, podía llegar esta tarde a las 15. El secretario general de la seccional local del gremio describió un escenario de expectativa contenida, con una contraoferta ya presentada y una nueva instancia de diálogo después de varias semanas sin respuestas. En ese cuadro, la discusión dejó de ser sólo una pulseada entre partes y pasó a estar atravesada por el desgaste acumulado de los trabajadores luego de un año que, según admitió el dirigente, ya dejó marcas profundas.
Zapata habló de una negociación que se arrastra y que empieza a chocar con la realidad concreta de la tripulación. “Sabemos que estamos ahí cerca”, señaló al referirse al entendimiento con las cámaras, aunque enseguida advirtió que la falta de encuentros o las decisiones tomadas bajo presión complican cualquier cierre. Esa cercanía con el acuerdo, en lugar de relajar, parece haber elevado todavía más la tensión de una instancia en la que todos miden cuánto margen queda antes de que la paciencia se agote.


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La urgencia, de hecho, no surge sólo del conflicto salarial, sino del estado económico de la gente que espera embarcar. Zapata puso ese punto arriba de la mesa con una franqueza poco habitual y dijo que “ya venimos de un año complicado en el 2025”, por lo que muchos trabajadores “no tienen la misma espalda” para atravesar otra medida de fuerza. Ahí aparece uno de los núcleos más sensibles del momento: la necesidad de defender ingresos sin empujar una situación que, para una parte de la marinería, ya se volvió muy difícil de sostener.
Esa presión por salir a navegar también se vio en un dato que el propio dirigente leyó como síntoma. Sobre el correo electrónico que había habilitado Álvarez Castellano, Zapata mencionó que hubo unas 2.000 postulaciones, algo que, a su entender, expone con claridad la necesidad laboral que atraviesa el sector. “La gente quiere salir a navegar”, resumió, antes de insistir en que la prioridad debe seguir estando en el personal efectivo, aunque esa avalancha de inscriptos también dejó al descubierto la magnitud de la oferta laboral excedente en relación con la cantidad real de barcos.
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En ese punto, el sindicalista abrió otro frente que suele quedar debajo de la discusión principal. Sostuvo que una de las preocupaciones del gremio pasa por la cantidad de libretas habilitadas, y afirmó que “la Prefectura deje de tirar tantas libretas” porque “no hay tantos barcos para tantos trabajadores”. Esa definición no quedó aislada: Zapata la enlazó con el problema estructural de los relevos, un segmento que, según su descripción, carga con la peor parte cuando la actividad se reduce y las oportunidades de embarque se vuelven escasas.
La temporada pasada, según recordó, dejó una postal muy desigual dentro del propio universo de tripulantes. “El año pasado fueron cuatro mareas realmente que la mayoría de los tripulantes hicieron, y los relevos no tuvieron casi oportunidad de poder hacer una marea”, señaló. Por eso, cuando habla de un eventual acuerdo, el dirigente no lo presenta sólo como un alivio para las empresas o para la conducción sindical, sino como la posibilidad de que una campaña más larga permita repartir trabajo y sostener ingresos en una base mucho más amplia.
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La discusión paritaria además convive con los movimientos previos de algunas empresas, que ya empezaron a posicionar embarcaciones pese a que todavía no hay una apertura formal de zona. Zapata explicó que con Conarpesa salieron barcos a fondear y remarcó que, como aún “la Secretaría de Pesca de Nación no ha informado ninguna fecha estimativa todavía de apertura al 41”, cada armador toma sus decisiones en función de su estrategia. No cuestionó la facultad empresaria para hacerlo, pero dejó flotando la incomodidad que provocan esos movimientos anticipados en medio de una negociación todavía inconclusa.
Sobre la apertura de la pesca, el referente del SOMU fue mucho más cauto que las versiones que circulaban en el sector. Dijo que no había novedades concretas y que, tras consultar con Casola, la respuesta seguía siendo la espera de una fecha límite, por lo que descreía de una habilitación inmediata. “No va a ser mañana porque en un día no movés toda la flota para la apertura”, afirmó, aunque al mismo tiempo destacó que la prospección fue “muy buena” y que el rendimiento esperado en el 41 permitiría, como suele ocurrir, unas primeras mareas intensas antes de la continuidad que dependa de Nación.
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En paralelo, Zapata buscó despegar la negociación con cámaras de los conflictos personales que puedan existir por fuera de ese ámbito. Señaló que el gremio intenta “manejarnos de otra forma y no entrar en un conflicto” y que hoy la energía está puesta en alcanzar un consenso con las empresas que integran las cámaras, no en distraerse con disputas individuales. Esa postura no implica desconocer tensiones previas, pero sí reordenar prioridades en un momento donde, según dejó claro, el objetivo central es “que la gente pueda salir a trabajar” y al mismo tiempo “defender el salario”.
El resultado de esa definición pendiente puede ordenar buena parte del arranque de temporada o empujar nuevas demoras en un sector que ya llega exigido. El gremio dice estar cerca, las capturas previas alimentan expectativas y la necesidad laboral aprieta desde abajo, pero todavía falta la respuesta empresaria que convierta esa cercanía en un acuerdo real. Por ahora, todo queda sostenido sobre una espera breve en el reloj, aunque pesada para una actividad que necesita empezar a moverse.
















