
Dio 2,44 de alcohol en un control y su amigo gritó “Es una banda, viejo”
Policiales14/04/2026
REDACCIÓNEl control vial terminó con la licencia retenida, el vehículo secuestrado y una posible multa millonaria. El dato que disparó todo fue el nivel de alcohol en sangre.

La madrugada o la tarde del operativo terminó de la peor manera para un conductor de 33 años en San Martín, Mendoza. El control no dejó margen para interpretaciones: el test de alcoholemia arrojó 2,44 gramos de alcohol por litro de sangre, un nivel que lo colocó muy por encima del umbral que en la provincia configura una contravención grave. La consecuencia fue inmediata, porque las autoridades avanzaron con la retención de la licencia y del vehículo.
Lo más llamativo del episodio no estuvo sólo en el número que marcó el alcoholímetro, sino también en la reacción que quedó expuesta delante de todos. Cuando se conoció el resultado, el acompañante del conductor soltó una frase que resumió mejor que cualquier explicación la dimensión del exceso: “¡Es una banda, viejo!”. La escena no terminó ahí, porque enseguida agregó otra advertencia que reveló que la situación ya venía siendo motivo de discusión dentro del auto: “te dije que te iba a dar más de 1 gramo”.


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El dato previo que terminó cerrando el cuadro también surgió en el mismo control. Según el parte, al momento de la prueba el conductor reconoció que antes había tomado fernet, una admisión que después coincidió con el resultado del test. El cruce entre esa confesión y el registro del alcoholímetro convirtió el procedimiento en una constatación directa, sin zonas grises ni margen para bajar el tono de lo ocurrido.
La cifra, además, no quedó apenas por encima del límite. En Mendoza, manejar con más de 1,00 g/L ya constituye una contravención, de modo que los 2,44 g/L detectados en este caso muestran un desvío mucho más severo que el mínimo sancionable. Por eso el episodio no se leyó como una infracción menor de tránsito, sino como una conducción en condiciones de alto riesgo para el propio conductor, para su acompañante y para cualquier tercero que se hubiera cruzado en el trayecto.
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La respuesta estatal también fue acorde a esa gravedad. La Agencia Nacional de Seguridad Vial intervino en el procedimiento y avanzó con la quita del registro, mientras que el vehículo también quedó retenido como parte de la actuación. A partir de ahí, lo que sigue ya no depende del momento del control ni del video que pudo haber dejado la frase del acompañante, sino del trámite sancionatorio que puede desembocar en una multa de gran magnitud.
Ese punto no es menor en el contexto mendocino. La normativa provincial prevé sanciones que, para los casos de alcoholemia por encima de 1,00 g/L, pueden trepar hasta los $5.500.000. En otras palabras, el episodio no sólo deja un costo inmediato en términos de movilidad y antecedentes viales, sino también una posible carga económica muy fuerte para quien manejaba.
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El caso también vuelve a poner en primer plano la lógica con la que se vienen realizando estos controles en la provincia. La ANSV cuenta con bases de fiscalización en Mendoza capital, Tunuyán y Santa Rosa, desde donde despliega operativos diarios en puntos considerados estratégicos. La intención oficial es revisar documentación, condiciones de manejo y detectar conductas de riesgo antes de que deriven en un siniestro vial.
Esa presencia sostenida explica por qué un episodio como el de San Martín no queda reducido a una anécdota insólita por una frase espontánea. Detrás del comentario “¡Es una banda, viejo!” aparece un cuadro mucho más serio: una persona al volante con una graduación de alcohol que excedía ampliamente el piso permitido para una falta grave. El costado viral del momento puede llamar la atención, pero el hecho central sigue estando en el riesgo concreto con el que ese vehículo circulaba.
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La escena terminó con un número imposible de relativizar, una confesión previa sobre el consumo de fernet y dos medidas concretas tomadas en el acto. La licencia ya no quedó en manos del conductor y el vehículo tampoco siguió viaje. Lo que ahora queda abierto es el impacto final de la sanción económica y administrativa sobre un caso que, por la mezcla de imprudencia y reacción espontánea, salió del control vial para instalarse rápidamente en la conversación pública.
Fuente: NA.
















