
La ciudad combinó realidad virtual, fauna, charlas y promoción turística en Buenos Aires para mostrar que su perfil ambiental también se construye con experiencia.

Una ballena en realidad virtual, un juego para seguir su migración y una agenda de conservación compartida con ReFaunar le dieron a Puerto Madryn una presencia distinta en Bioferia 2026. La ciudad no fue a Buenos Aires sólo a repartir información turística ni a mostrar paisajes conocidos. Fue a poner en circulación una idea más amplia: que su atractivo natural también puede traducirse en una experiencia concreta de conciencia ambiental.
La participación se dio durante el último fin de semana en el festival de sustentabilidad realizado en el Hipódromo de Palermo, un espacio que reúne a público, empresas y organizaciones vinculadas con hábitos de consumo y desarrollo sostenible. En ese escenario, Puerto Madryn apostó a sostener su lugar dentro del turismo de naturaleza, pero también a hablarle a un visitante que no busca sólo destino, sino sentido. Esa diferencia fue la que ordenó toda la propuesta del stand.


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El armado del espacio mostró con bastante claridad esa decisión. Allí se difundieron sus principales atractivos, con especial peso para el avistaje costero de ballenas en El Doradillo, y también aparecieron otras actividades como snorkeling con lobos marinos, turismo aventura, mountain bike y trekking. La promoción, de todos modos, no quedó apoyada sólo en una lista de excursiones, sino en el modo en que esas experiencias se conectan con el respeto por el entorno natural que la ciudad viene usando como marca.
La tecnología fue una de las herramientas más visibles de ese mensaje. El stand incluyó lentes de realidad virtual y auriculares para que los visitantes pudieran observar imágenes de cetáceos y escuchar sus sonidos, una decisión que buscó llevar la experiencia del avistaje a una feria urbana y masiva. Ese recurso no operó como simple entretenimiento: funcionó como una forma de anticipar viaje y, al mismo tiempo, de volver tangible el valor de la fauna en la construcción del destino.
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La otra pata fuerte del desembarco madrynense estuvo en la conservación. La presencia de Víctor Fratto, referente de ReFaunar, le dio al stand una densidad distinta a la de una promoción convencional, porque incorporó el trabajo de rescate, rehabilitación y convivencia con fauna silvestre dentro del mismo espacio donde se hablaba de turismo. Ahí apareció una de las apuestas más interesantes de la ciudad: mostrar que el discurso ambiental no está decorando la oferta, sino atravesándola de punta a punta.
Ese cruce quedó todavía más claro con la charla “Fauna silvestre en territorios humanos: el desafío de aprender a convivir”. La propuesta puso sobre la mesa un tema que se vuelve cada vez más presente a medida que crecen las ciudades, la infraestructura y las actividades humanas sobre ambientes naturales. En lugar de presentar esa tensión como una disputa cerrada entre conservación y progreso, la exposición la llevó hacia otra discusión: cómo hacer para que el desarrollo incorpore responsabilidad ambiental y respeto por los ecosistemas.
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Durante las jornadas también pasaron por el stand periodistas e influencers especializados en sustentabilidad, un detalle que no es menor para entender la estrategia de fondo. Puerto Madryn no fue sólo a exhibirse ante el público que caminaba la feria, sino también a activar multiplicadores con llegada a nichos muy específicos. En un mercado turístico cada vez más fragmentado, esa circulación de contenido vale casi tanto como la presencia física en el evento.
La ciudad además se movió dentro de una lógica de articulación pública poco frecuente en este tipo de participaciones. La propuesta se construyó entre el Ente Mixto de Promoción Turística, la Secretaría de Turismo Municipal, ReFaunar y la Secretaría de Ecología y Protección Ambiental, una suma de actores que dejó ver que el posicionamiento buscado no se apoya en un área aislada. Ese trabajo conjunto explica por qué la ciudad eligió mostrarse no sólo como un lugar al que se viaja, sino como un territorio que intenta ordenar turismo, conservación y política ambiental bajo un mismo relato.
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La presencia en Bioferia también sirvió para empujar una discusión más amplia sobre el lugar que quiere ocupar Puerto Madryn dentro del turismo argentino. La ciudad aparece desde hace tiempo asociada a la ballena, al mar y a la fauna, pero en Buenos Aires buscó agregar otra capa a esa identidad: la de un destino que intenta alinearse con los Objetivos de Desarrollo Sostenible y con un visitante cada vez más atento a cómo se relaciona un lugar con su ambiente. No fue sólo una acción de promoción; fue, sobre todo, una manera de decir qué tipo de destino quiere ser.
Por eso, lo más interesante de su paso por Bioferia 2026 no estuvo únicamente en la convocatoria o en el impacto visual del stand. Estuvo en haber llevado a una feria de alto tránsito una propuesta donde la naturaleza no apareció como decorado y la sustentabilidad no quedó reducida a una consigna amable. Puerto Madryn eligió mostrarse como una ciudad que busca convertir la conservación en parte central de su valor turístico, y esa decisión fue la que terminó dándole espesor a su presencia en Palermo.

















