
El tiburón gatopardo empezó a ser marcado en Chubut y piden ayuda a pescadores para seguirle el rastro
Otros Temas14/04/2026
REDACCIÓNUn proyecto que trabaja en Patagonia Azul busca reconstruir movimientos, migraciones y uso costero de la especie. Cómo identificarla y qué hacer si aparece con marca.

El tiburón gatopardo empezó a ser seguido de una manera más precisa en la costa de Chubut a través de un trabajo de marcaje que busca responder preguntas todavía abiertas sobre una de las especies más emblemáticas del mar patagónico. El operativo se desarrolla dentro del Parque Provincial Patagonia Azul y apunta a reconstruir cómo se mueve este escualo, en qué momentos usa determinados sectores del litoral y qué recorrido hace en el Atlántico sur occidental. Para que esa información no quede limitada al trabajo científico, los especialistas sumaron además un pedido directo al sector pesquero.
El proyecto parte de una dificultad concreta: todavía hay grandes vacíos de información sobre la estacionalidad y las migraciones del gatopardo en esta parte del océano. Esa falta de datos vuelve más difícil diseñar estrategias finas de conservación y entender qué zonas resultan más sensibles para la especie. Por eso, el marcaje aparece como una herramienta central para transformar capturas aisladas y reencuentros fortuitos en información útil para la protección.


Cada vez que los investigadores logran capturar un ejemplar, activan un protocolo que busca reunir la mayor cantidad posible de datos antes de devolverlo al agua. El animal es retirado del mar, medido, pesado y sexado, y luego recibe una marca plástica conocida como “espagueti”. Esa identificación lleva un número de cinco dígitos y un teléfono de contacto, de modo que cualquier pescador que vuelva a encontrarlo pueda aportar información valiosa sobre el recorrido que hizo desde la primera captura.
Ahí es donde el trabajo científico pasa a depender también de la colaboración de quienes están habitualmente en el agua o en la costa. Si un pescador captura un gatopardo con una de estas marcas, el pedido es que anote el número identificatorio, la fecha, la hora y la playa exacta donde fue pescado. También se considera de gran utilidad sumar una foto y registrar la mayor cantidad posible de características del animal antes de devolverlo al mar y comunicarse con el contacto indicado.
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Ese protocolo no apunta solamente a recolectar información, sino también a reducir el daño sobre la especie. Los especialistas remarcan que, cuando un gatopardo queda prendido de manera incidental, el anzuelo debe retirarse con cuidado para evitar lesiones innecesarias. En esa línea, explican que el uso de anzuelos circulares facilita la maniobra y disminuye el impacto sobre el ejemplar capturado.
El proyecto también intenta resolver otro problema frecuente: que muchas personas no saben con certeza cuándo están frente a un tiburón gatopardo. Para reconocerlo, los expertos señalan una marca anatómica que no se repite en otros tiburones costeros de la zona. Nacho Gutiérrez, del área de conservación del Proyecto Patagonia Azul, explicó que se trata del único tiburón de toda la costa local que tiene siete branquias, una característica decisiva para diferenciarlo.
A ese rasgo se suman otros elementos visuales que ayudan a identificarlo con más facilidad. El gatopardo presenta una coloración grisácea con manchas oscuras, además de una contextura robusta y una cabeza con la boca bien redondeada. Esa combinación de señales físicas resulta clave para pescadores deportivos y ocasionales, sobre todo en una provincia donde la especie quedó bajo un estatus especial de protección.
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Ese resguardo tomó forma legal el año pasado, cuando Chubut declaró al tiburón gatopardo Monumento Naturalmediante una norma que prohíbe su faenamiento y obliga a devolverlo al mar con vida. La decisión provincial lo ubicó en un lugar prioritario dentro de la agenda ambiental y reforzó la necesidad de mejorar tanto el conocimiento científico como la concientización pública en torno a su cuidado.
Los primeros efectos de esa nueva mirada ya empezaron a aparecer en ámbitos donde antes no existían reglas tan claras. Durante la última edición de la Fiesta del Salmón, por ejemplo, se estableció por primera vez la obligación de devolver al mar todos los tiburones pescados en competencia. La medida fue leída como un antecedente importante dentro del universo de la pesca deportiva, porque llevó una regla de conservación a un espacio de alta visibilidad.
Lo que se intenta construir ahora en la costa chubutense combina esas dos dimensiones: más información para entender a la especie y más participación social para protegerla mejor. El marcaje del gatopardo no se agota en ponerle una identificación a un animal, sino que busca convertir cada reencuentro en una pieza de conocimiento sobre cómo vive, se desplaza y usa el litoral patagónico. En ese esquema, la colaboración de los pescadores deja de ser un gesto secundario y pasa a ser parte central de una estrategia de conservación que recién empieza a mostrar resultados.














