
Cómo fueron las últimas horas de vida de Ángel: la declaración del principal sospechoso de la muerte del nene
Policiales15/04/2026
REDACCIÓNEl acusado declaró, rechazó los golpes, sostuvo que nunca se escondió y relató el miedo, el paso por el hospital y el traslado a otro lugar.

Maicol Kevin González decidió hablar en la audiencia y usó su derecho de defensa para fijar una versión opuesta a la acusación que lo señala como el principal sospechoso por la muerte de Ángel Nicolás López, de 4 años. Durante algunos minutos dejó su lugar, se paró frente al tribunal y buscó ordenar un relato centrado en un punto preciso: negar los maltratos, negar una fuga y explicar qué hizo junto a Mariela Altamirano desde que el nene se descompensó. Su declaración no se apoyó solo en lo que dijo que ocurrió en la casa, sino también en el miedo que, según sostuvo, vino después.
El eje más fuerte de su exposición apareció cuando intentó desmontar la hipótesis de violencia previa sobre el chico. González afirmó “Al nene se lo corregía como a cualquier nene: sacándole un juguete o el celular, nada más. No hubo maltrato como dicen”, en una frase que condensó la línea central de su defensa. Desde ahí buscó correrse de la acusación de golpes y darle a su vínculo cotidiano con Ángel un tono doméstico y habitual.


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En el mismo tramo de su declaración, el imputado mezcló reclamos personales con descripciones sobre la vida en la vivienda. Dijo “tampoco nos dieron la posibilidad de ir al entierro”, sostuvo que se enteraron por las noticias cuando lo estaban llevando y cuestionó también una versión que circuló sobre la casa al remarcar que “dicen que tenemos dos habitaciones, pero no es así”. En esa misma secuencia agregó que el nene tenía algo de asma, que le enseñaban a usar el inhalador y que además presentaba un problema en el habla.
González también buscó despegar otros conflictos de la causa principal y, al hacerlo, intentó acotar la mirada sobre su vida familiar. Señaló: “Yo tengo problemas con mi expareja, pero son problemas normales, no de violencia hacia mi hijo”, con la intención de cerrar cualquier conexión entre esas disputas y el expediente por la muerte de Ángel. Esa aclaración formó parte de una estrategia más amplia, orientada a discutir tanto el perfil que se trazó sobre él como la idea de un entorno atravesado por agresiones permanentes.
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Cuando pasó a contar el momento crítico de esa jornada, describió una mañana doméstica que, según su versión, se quebró de golpe. Relató que estaban durmiendo, que el nene se despertó, tomó leche y después agua, y que más tarde, mientras escuchaban música y tomaban mate, notaron que se ahogaba. “Nos llamó la atención porque estaba muy dormido y no reaccionaba”, dijo, antes de agregar que la madre llamó a la ambulancia, que él pedía que llegaran rápido y que incluso salieron a la esquina para facilitar el encuentro con el móvil.
Ese fragmento del relato incluyó además una intervención vecinal previa al arribo del personal médico. González sostuvo que una mujer intentó asistir al chico, pero que no logró reanimarlo, y ubicó ahí el inicio de una secuencia desesperada que luego continuó en el Hospital Regional. Sobre ese punto, insistió en negar una acusación que circuló desde el primer momento: “En todo momento estuvimos presentes”, dijo al reconstruir los movimientos entre el hospital, su domicilio del barrio América y la búsqueda de su beba de seis meses, a quien habían dejado con una vecina.
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La parte más extensa de su declaración se concentró en lo que, según contó, pasó durante las horas posteriores dentro y fuera del hospital. Aseguró que una doctora les pidió que no se acercaran por la presencia de gente y por posibles situaciones de tensión, y que por eso permanecieron en la calle durante varias horas. “Nos quedamos en la calle unas cuatro o cinco horas”, dijo, y agregó que más tarde regresaron a su casa porque ya no tenían dónde quedarse, hasta que a las cinco de la mañana pudieron volver a verlo.
En ese mismo bloque, González introdujo el miedo como explicación de varias de las decisiones que tomó con Altamirano. Afirmó que durante todo ese tiempo circularon mensajes en redes sociales con amenazas contra ellos y contra la vivienda, y sostuvo que incluso acudieron a la Policía para pedir ayuda sin obtener resguardo hasta el momento de la detención. Según su versión, esa presión también alcanzó a vecinos y a personas de la iglesia que los acompañaban, quienes evitaban responder mensajes por temor a quedar involucrados.
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La situación de la beba apareció entonces como otro factor de esa huida defensiva que intentó describir. González dijo que les costaba conseguir a alguien que la cuidara, que por miedo a que le ocurriera algo tuvieron que mandarla a buscar con otra persona y que por esa misma razón terminaron en un departamento de calle San Martín. “Nosotros en ningún momento nos fuimos ni nos escondimos. Siempre estuvimos a disposición de la Justicia y queremos saber qué pasó”, afirmó para rechazar la idea de una evasión.
Su declaración dejó así una línea defensiva construida sobre tres pilares: la negación del maltrato, la presencia continua en el hospital y el miedo que dice haber sufrido después de la internación del nene. Ese relato convivirá ahora con una acusación mucho más grave, que lo ubica como principal sospechoso de dar muerte a Ángel en complicidad con la madre biológica. Entre esas dos versiones seguirá moviéndose una causa atravesada por un dato central que ya forma parte del expediente: los golpes en la cabeza que, según el procurador general Jorge Miquelarena, fueron “no menos de 15”.
















