
Macri salió a blindar a Milei pero avisó que callarse también puede hundirlo
Política18/04/2026
REDACCIÓNEn Chaco, el jefe del PRO mezcló respaldo al rumbo libertario con una presión explícita: acompañar al Gobierno sin tragarse errores ni internas.

Mauricio Macri eligió Chaco para abrir una gira nacional y dejó planteado un equilibrio incómodo que atraviesa hoy a buena parte del PRO: acompañar a Javier Milei sin asumir un silencio disciplinado frente a todo lo que ocurra en el Gobierno. El exmandatario ratificó que su partido no jugará como oposición y hasta dijo que el rumbo oficialista es el suyo, pero al mismo tiempo reclamó voz propia, marcación de faltantes y protagonismo político. Ese movimiento, más que una postal de unidad, mostró el intento de sostener cercanía con la Casa Rosada sin resignar margen de intervención.
La escena tuvo además un destinatario muy concreto: la militancia amarilla, en especial los jóvenes, a quienes Macri buscó volver a poner en modo activo. El lanzamiento de “Próximo paso” funcionó como plataforma para ese mensaje, con el expresidente parado ante una platea partidaria a la que le pidió dejar atrás la pasividad y recuperar iniciativa. No presentó una ruptura con el oficialismo ni tampoco una rendición completa al liderazgo libertario, sino una ubicación intermedia desde la cual pretende influir sin quedar absorbido.


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Ese tono apareció desde una formulación que mezcló balance histórico y advertencia presente. Macri sostuvo que “el PRO plantó la semilla de la libertad y el cambio en la Argentina”, cuestionó el ciclo abierto en 2019 y ubicó a 2023 como un regreso de ese proyecto, aunque enseguida remarcó que “el cambio no está blindado”. La frase no quedó como consigna de acto: fue el núcleo de una intervención pensada para instalar que el oficialismo todavía no tiene asegurada la solidez política que necesita.
A partir de ahí, el expresidente buscó fijar una idea de lealtad distinta de la obediencia cerrada. Frente a un Gobierno golpeado por el escándalo que involucra a Manuel Adorni, Macri no eligió correrse ni romper, pero sí trazó una vara exigente para medir el acompañamiento. “La lealtad es al cambio que se prometió”, dijo, y enseguida completó que eso obliga a “reconocer lo que está bien y señalar lo que está mal, en este proyecto que compartimos”.
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En ese punto se ubicó la señal más fuerte de todo el discurso. Macri aclaró que el PRO “jamás” va a cuestionar el rumbo del Gobierno, porque considera que ese camino forma parte de sus propias banderas, y reiteró que no será opositor ni dará excusas para un regreso del populismo. Pero cuando parecía cerrar una defensa sin matices, introdujo la advertencia que ordenó toda su intervención: “Aquellos que dicen que el silencio ayuda al cambio están equivocados; lo traiciona”.
La tensión política que intentó construir es clara. De un lado, prometió colaboración y ratificó que no le hará el juego al kirchnerismo; del otro, dejó en pie el derecho a marcar errores, carencias y desvíos dentro del espacio que dice compartir con Milei. Esa posición busca evitar dos riesgos al mismo tiempo: quedar pegado a cada costo del oficialismo y, a la vez, aparecer como un obstáculo para un proceso que el PRO ayudó a empujar desde el Congreso y en el debate público.
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El discurso también tuvo un capítulo hacia adentro del partido. Macri habló de tiempos en los que el PRO debe “volver a ser protagonistas” y usó ese llamado para golpear sobre una debilidad que arrastra hace tiempo: las peleas internas. La exhortación a dejar de lado mezquindades, elevarse y pensar en grande no apareció como cierre épico, sino como una admisión de que la identidad partidaria todavía necesita reordenarse si quiere influir de verdad en el mapa que abrió Milei.
Ese intento de reposicionamiento no nació en Chaco. El expresidente ya había hecho un relanzamiento del PRO en Parque Norte a mediados de marzo y volvió a insinuar la misma línea durante la cena de la Fundación Pensar, donde cuestionó la improvisación como uno de los males persistentes de la política argentina. Lo de ahora sumó una novedad: el tono dejó de ser sólo doctrinario y pasó a incluir una presión más visible sobre el oficialismo, justo cuando el Gobierno enfrenta ruido interno y costos de gestión.
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También resulta significativo que la respuesta más reciente desde el universo libertario haya llegado por boca de Patricia Bullrich, quien recordó que Macri fue su presidente, dijo que lo va a respetar siempre y describió al PRO como una fuerza que ayuda mucho en el Congreso y en las elecciones. Esa valoración reconoce utilidad, pero también delimita un lugar: apoyo legislativo y acompañamiento general, con diferencias expresadas “ley por ley”. Sobre ese borde se movió Macri en Chaco, tratando de evitar que el PRO quede reducido a una tropa de refuerzo sin voz.
















