
La foto de Luque que esta semana volvio a mostrar los días previos a la muerte de Maradona
Policiales18/04/2026
REDACCIÓNEl neurocirujano exhibió una imagen de Maradona almorzando para negar signos de edema, pero la fiscalía ya la tenía y la cruzó con testimonios previos.

Una foto de Diego Maradona sentado a la mesa, almorzando junto a Maximiliano Pomargo y Jonathan Espósito, quedó ubicada en el centro del juicio como una de las piezas que la defensa de Leopoldo Luque intentó usar para correr el eje de la acusación. La escena fue mostrada por el propio neurocirujano en una tablet durante su declaración ante el TOC N° 7 de San Isidro. Lo que quiso instalar con esa imagen fue una idea simple: que el exfutbolista no presentaba el cuadro físico que describen quienes sostienen que llegó a sus últimos días con signos visibles de deterioro.
La toma corresponde al 20 de noviembre de 2020, cinco días antes de la muerte de Maradona, y para Luque tenía un valor defensivo preciso. En esa mesa aparecen una ensalada de lechuga y tomate, botellas de aceite y jugo de limón, sal sin sodio, pan y otra bebida, una composición doméstica que su defensa buscó convertir en argumento clínico. La apuesta fue presentar esa normalidad aparente como señal de que el paciente no atravesaba un edema agudo de pulmón en la etapa previa al desenlace.


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Luque reforzó esa lectura con una frase que buscó apoyarse en la reacción del entorno más cercano. “Está la foto de él comiendo el 20. La subieron al grupo (que tenían con la familia). ¿Saben lo que dijeron todos?, ‘qué bueno, salió de la habitación festejando’, nadie dijo ‘está hinchado’”, sostuvo ante los jueces. A ese planteo le sumó estudios, papers y referencias médicas con los que intentó discutir la autopsia y el informe de la Junta Médica realizada en 2021 por veinte profesionales.
En esa línea, el neurocirujano discutió la manera en que se interpretaron varios de los hallazgos posteriores a la muerte. Habló de insuficiencia cardíaca aguda, del peso del corazón, de la cirrosis, de la taquicardia, de la agonía y de la internación domiciliaria, siempre con el objetivo de desarmar el recorrido que construyó la acusación. Entre esas afirmaciones, dejó dos definiciones centrales: “La insuficiencia es un diagnóstico clínico, no se puede hacer en una autopsia, se puede presumir, pero no hacer” y “Al paciente lo reanimaron una hora. Paran y por pedido de la familia vuelven a reanimar. Reanimaron un cadáver. El edema agudo en el RCP puede ser ocasionado en minutos, no necesita horas, días, semanas; no necesita justo del 11 al 25”.
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La ofensiva defensiva, sin embargo, encontró una respuesta inmediata y dura en la fiscalía. Patricio Ferrari, uno de los fiscales generales adjuntos de San Isidro, sostuvo que Luque seguía cuestionando puntos que para la acusación ya quedaron sólidamente asentados en el expediente y en el debate oral. Su réplica no dejó margen para medias tintas: “Parece mentira que a esta altura del partido siga cuestionando que Maradona haya agonizado y que él (y no otro) era el indiscutible médico de cabecera del paciente”.
Ferrari además amplió el cuestionamiento sobre otro tramo de la declaración, el referido a los audios que circularon entre Luque y Pomargo sobre la necesidad de convencer a los hijos de Maradona para internarlo en un domicilio. Para el fiscal, ese segmento agravó el cuadro en lugar de aclararlo. La crítica quedó condensada en otra frase fuerte: “El segundo segmento de su declaración fue aún más confuso sobre todo cuando quiso explicar lo inexplicable, esto es, una avalancha de audios telefónicos que lo tuvieron como protagonista afirmando precisamente lo contrario a lo que pretendía demostrar en su declaración inicial”.
El punto más delicado para la defensa apareció cuando la fiscalía corrió a esa fotografía del lugar de novedad que Luque quiso darle en la audiencia. Ferrari dijo que la imagen ya formaba parte de la prueba reunida por el Ministerio Público porque había sido obtenida “cuando le secuestro el teléfono a Luque a las 72 horas de la muerte de Maradona”. Después fue más allá y planteó una lectura opuesta a la del neurocirujano: “Si se la observa con detenimiento tenía el rostro notoriamente más hinchado que cuando estaba en la Clínica Olivos en días anteriores. De hecho, así lo afirman todos los testigos que lo vieron en la casa de Tigre”.
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Esa observación no quedó aislada dentro del expediente. Entre los testimonios que ya apuntaban en la misma dirección aparece el del masajista Nicolás Taffarel, quien el 18 de noviembre, una semana antes de la muerte, le escribió a Luque para advertirle que Maradona tenía “los ojos hinchados como una teta”. Más tarde, durante la instrucción, amplió lo que había visto con un relato minucioso: “Yo entre a su habitación y cuando me acerqué, lo saludé, le di un beso y ahí lo vi. Tenía los ojos muy hinchados y los pómulos también, estaba como chino, era muy raro, eso nunca lo había visto por eso lo informé. La cara estaba muy hinchado, el torso no lo vi porque estaba tapado. Ahí llevaba ya como dos días sin levantarse. Esto se lo dije a Verónica Ojeda que estaba ahí con el nene, también estaban Maxi y Jony. Después le avisé a Luque y me dijo que podía ser porque hace mucho no se levantaba”.















