Caputo volvió con un aval del FMI, pero la prueba fuerte empieza en mayo

Política18/04/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

El ministro cerró su gira con elogios de Kristalina Georgieva y US$1.000 millones pendientes, aunque la pulseada real pasa por reservas, inflación y disciplina fiscal.

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Luis Caputo salió de Washington con algo más valioso que una foto de cierre: un respaldo político y técnico que el Gobierno necesita convertir rápido en oxígeno financiero. La reunión con Kristalina Georgieva llegó al final de la Asamblea del FMI, en un tramo donde la administración de Javier Milei buscó exhibir que el programa sigue en pie, que el vínculo con el Fondo atraviesa un momento aceitado y que el frente externo todavía le reconoce consistencia al plan económico. El mensaje que intentó instalar el ministro quedó resumido en una frase precisa: "Fue una reunión agradable porque hay una relación de confianza".

Ese respaldo no resuelve por sí solo la etapa que se abre, pero le da al oficialismo una herramienta para sostener el relato de orden en un momento delicado. Caputo afirmó que Georgieva está "súper impresionada con los logros" del Gobierno y la directora gerente del Fondo habló de un "excelente diálogo", además de ratificar que el organismo espera seguir acompañando las reformas argentinas para consolidar la estabilidad y empujar el crecimiento. Detrás de esa cordialidad aparece una idea más concreta: el Gobierno necesita que esa confianza se traduzca en decisiones del directorio y en una señal que fortalezca reservas, financiamiento y expectativas.


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La escala inmediata de esa apuesta tiene fecha tentativa y cifra definida. Si el directorio ejecutivo le da luz verde al acuerdo técnico entre principios y mediados de mayo, Argentina accederá a un desembolso de alrededor de US$1.000 millones, una suma que el oficialismo mira como parte del andamiaje financiero con el que piensa atravesar las próximas semanas. En el propio FMI señalaron que el staff considera el entendimiento como un resultado positivo para el país y para el organismo, y que el paso siguiente depende de cerrar detalles técnicos y llevar la documentación al Board.

La discusión de fondo, de todos modos, no se agota en ese giro puntual, porque el programa volvió a acomodar el capítulo más sensible: la acumulación de reservas. La fuente señala que la meta quedó flexibilizada y ahora apunta a US$8.000 millones hacia fin de año, un objetivo que el Gobierno defendió con la idea de comprar divisas cuando el mercado ofrezca profundidad y no en medio de una corrida. Desde el Fondo, además, remarcaron que la estrategia oficial combina financiamiento externo, compras del Banco Central y ejecución del programa, y precisaron que la autoridad monetaria ya había adquirido US$6.000 millones en lo que va del año.


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Sobre ese punto, Caputo volvió a insistir con una explicación que busca justificar la secuencia elegida por el Gobierno. Sostuvo que salir a comprar dólares cuando "nadie vende" dentro de un esquema de bandas solo empujaría al tipo de cambio hacia el techo y terminaría alimentando un problema mayor. Esa defensa coincide con la lectura del staff del FMI, que destacó el momento de "positive policy momentum" de la Argentina, el trabajo reciente del Banco Central en sus operaciones monetarias y una acumulación de reservas que el organismo considera consistente con el marco acordado.

El telón de fondo de esa conversación sigue siendo la inflación, que volvió a meter ruido dentro del esquema oficial. El 3,4% de marzo apareció como un dato incómodo para el Gobierno, aunque Caputo procuró desplazar parte de la preocupación hacia el frente internacional y dijo que Georgieva mira sobre todo el shock externo derivado de la guerra entre Estados Unidos e Irán y del cierre del estrecho de Ormuz. Desde el FMI, en paralelo, atribuyeron ese salto inflacionario a una combinación de mayores precios de energía, factores estacionales, educación y ajustes en valores regulados, aunque sostuvieron que esperan una desaceleración en los meses siguientes.

Ese cruce entre apoyo y advertencia expone el verdadero tono de la reunión. Caputo contó que la preocupación central de Georgieva pasa por evitar cualquier relajación fiscal en un contexto global más áspero, porque un aumento del gasto y de la deuda podría volver insostenible el cuadro financiero y multiplicar el impacto del shock externo. El FMI transmitió algo en la misma línea cuando defendió la necesidad de políticas prudentes, un ancla fiscal fuerte y mejoras en el marco monetario para sostener la remonetización sin perder control sobre el proceso de desinflación.


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La gira dejó, además, otra pieza que el Gobierno intenta incorporar a su relato de normalización. Según la fuente, Caputo consiguió US$2.000 millones de garantías del Banco Mundial y otros US$550 millones del BID para préstamos con bancos privados, una ingeniería que se integra con la estrategia más amplia de conseguir divisas, bajar spreads y reconstruir acceso al crédito. En la conferencia del Fondo también se describió ese esquema como una estrategia de varios frentes, con financiamiento en dólares desde el mercado local, repos del Banco Central, privatizaciones y créditos comerciales respaldados por organismos multilaterales. 

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