
Santa Fe entró en un pozo con caída del 15% en las industrias de autos, metalurgia, soja y campo
Actualidad18/04/2026
REDACCIÓNLa industria santafesina tocó en febrero uno de sus pisos más duros en diez años y el derrumbe ya pega sobre sectores que empujan empleo y producción.

Febrero dejó a la industria de Santa Fe en un lugar excepcionalmente bajo dentro de su propia historia reciente. La producción manufacturera cayó 14,9% interanual y también retrocedió 2% frente a enero, hasta quedar en el segundo nivel más bajo de toda la serie iniciada en 2016, apenas por encima del derrumbe de abril de 2020, en plena pandemia. El golpe no quedó concentrado en unas pocas ramas, porque el 76% de las actividades industriales mostró menor nivel de actividad, el porcentaje más alto de los últimos doce meses.
Ese dato adquiere todavía más peso cuando se lo mira en secuencia y no como una foto aislada. El mismo texto fuente marca que enero ya había cerrado con una retracción de 9,8% y diciembre de 2025 con otra de 9,9%, lo que dibuja una pendiente que se profundizó durante los últimos cinco meses. El resultado no describe apenas una mala salida del verano, sino una recesión industrial que se fue metiendo cada vez más hondo en el entramado productivo santafesino.


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La Federación Industrial de Santa Fe no atribuyó esta caída a una sola causa, sino a una combinación que golpea por varios frentes al mismo tiempo. En su informe sostuvo que “la producción manufacturera enfrenta condiciones desfavorables -y de manera simultánea- generadas por una menor demanda interna, mayores costos financieros y de producción, apreciación cambiaria y apertura de importaciones sin política industrial”. Esa formulación condensa una presión que llega desde el consumo, desde el crédito, desde el tipo de cambio y desde la competencia con bienes importados.
El deterioro pega con especial dureza en ramas que suelen funcionar como termómetro del pulso económico más amplio. Los números de febrero mostraron caídas en vehículos automotores (-39,1%), maquinaria agropecuaria (-37,7%), molienda de oleaginosas (-30,3%), autopartes (-22,1%), maquinaria de uso general (-17,5%) y prendas de vestir (-14,2%), entre otras actividades. La amplitud de ese retroceso revela que el problema no se limita a una cadena aislada, sino que alcanza tanto a la industria pesada como a sectores ligados al mercado interno y a la inversión productiva.
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El complejo sojero aparece entre los focos más castigados de este cuadro. El procesamiento de porotos de soja cayó 30,3% interanual en febrero y la molienda apenas alcanzó 1,6 millones de toneladas, mientras que la producción de aceite bajó 34% y quedó en 301 mil toneladas. Cuando además se observa que en once plantas del complejo oleaginoso la demanda eléctrica se desplomó 52,8% frente al mismo mes del año pasado, el freno deja de ser una sensación y pasa a verse también en un indicador duro de uso real de capacidad.
La crisis también corre por la metalurgia, un sector que suele anticipar problemas más profundos cuando empieza a perder volumen. En febrero, la industria metalúrgica cayó 25,2% interanual y tocó para un mes de febrero el nivel más bajo de toda la serie histórica. Incluso dentro de los pocos rubros que mostraron alguna mejora, como la siderurgia con un alza de 8,2% en la producción de acero, la propia fuente aclara que se trata de una recuperación parcial y apoyada sobre una base de comparación muy baja, mientras los productos laminados siguieron en terreno negativo con una baja de 5,6%.
En la cadena automotriz, el golpe no se mide solo en porcentajes, sino también en el tamaño del entramado comprometido. La actividad autopartista santafesina reúne a más de 150 empresas, representa el 14% del total nacional y emplea a 5.800 trabajadores asalariados registrados en forma directa. Sobre esa estructura, la fuente señala una caída acumulada de 22,5% en el primer bimestre a nivel nacional y añade otro dato que agrava el cuadro: en el primer trimestre de 2026, el patentamiento de autos nacionales se hundió 42,4% respecto de 2025.
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La energía consumida por los grandes usuarios industriales ofrece otra forma de leer el tamaño del freno. En febrero, ese indicador bajó 14,5% interanual en un conjunto importante de plantas santafesinas, lo que sugiere menor actividad efectiva más allá de los despachos, las expectativas o los discursos sectoriales. Cuando una provincia con fuerte peso fabril consume menos electricidad industrial al mismo tiempo que caen la molienda, la metalurgia, las autopartes y los vehículos, lo que aparece es una contracción extendida del aparato productivo.
Las excepciones existen, pero no alcanzan para cambiar el sentido general del mes. Solo algunas ramas lograron crecer, como industria siderúrgica (+8,2%), productos lácteos (+7,9%), molienda de cereales (+1,5%) y productos metálicos para uso estructural (+0,8%), aunque quedaron claramente en minoría frente a la magnitud del retroceso general. El problema de fondo, en este punto, no es encontrar un rubro que resista un poco mejor, sino entender que la industria santafesina volvió a caer a un nivel que solo encuentra un antecedente peor en el momento más severo de la pandemia.
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Lo que deja febrero, entonces, es una señal mucho más pesada que una baja mensual fuerte o una estadística preocupante. Santa Fe quedó parada sobre un piso fabril muy deteriorado, con retrocesos intensos en sectores que arrastran empleo, exportaciones, consumo interno y actividad de proveedores. Si esa dinámica sigue profundizándose en los próximos meses, el daño no quedará encerrado en las plantas industriales, porque empezará a sentirse con más fuerza en toda la economía que vive alrededor de ellas.
















