Cinco señales para dejar de minimizar el dolor de cabeza

Enfoques19/04/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

La repetición de episodios, las náuseas, la sensibilidad a la luz y el freno de la rutina diaria pueden indicar migraña y justificar consulta.

Migraña
Migraña

El dolor de cabeza entra muchas veces en la categoría de lo habitual y, justamente por eso, suele recibir menos atención de la que merece. Esa costumbre de convivir con el síntoma, tomar un analgésico y seguir como si nada termina tapando en muchos casos un cuadro de migraña, una enfermedad neurológica que afecta a millones de personas y que todavía aparece con frecuencia subdiagnosticada. El problema no queda sólo en el malestar pasajero, porque cuando los episodios se repiten y alteran la vida cotidiana ya no se trata de una molestia menor, sino de un cuadro que necesita evaluación específica.

La neuróloga Natalia Larripa explicó que el diagnóstico no depende de una sola imagen, de un solo estudio ni de una intuición general, sino de la historia clínica y de rasgos muy concretos del dolor y de los síntomas acompañantes. Por eso remarcó: “El diagnóstico de migraña se basa fundamentalmente en la historia clínica del paciente y en características muy específicas del dolor y de los síntomas que lo acompañan. Por eso existen herramientas que ayudan a sospecharla y orientar la consulta médica”. Esa aclaración ordena el tema desde el comienzo, porque desplaza la idea de un dolor “común” y pone el foco en la repetición, en la forma del episodio y en el modo en que impacta sobre quien lo padece.


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Entre esas herramientas aparece un autotest simple de orientación que no reemplaza el diagnóstico médico, pero sí puede funcionar como primer llamado de atención. Las preguntas apuntan a detectar si hubo al menos cuatro o cinco episodios en los últimos tres meses, si el dolor dura entre cuatro y 72 horas cuando no hay medicación, si tiene carácter pulsátil o afecta un lado de la cabeza, y si durante la crisis aparecen náuseas o molestias con la luz y el ruido. A eso se suma una señal muy concreta y decisiva: que el dolor obligue a cancelar planes, faltar al trabajo o al estudio, acostarse y frenar todo. 

Ese último punto resulta especialmente importante porque corre a la migraña del terreno del simple dolor y la ubica en el de la discapacidad concreta. Larripa lo explicó de forma directa: “El impacto funcional de esta enfermedad en la vida diaria también es un indicador muy importante. Cuando el dolor obliga a frenar todo, cancelar actividades o compromisos, ausentarse al trabajo o estudio, apagar la luz y acostarse, eso ya habla de un nivel de discapacidad que merece ser evaluado”. La frase ayuda a mirar la consulta de otro modo, ya no como reacción exagerada frente a una cefalea, sino como una decisión necesaria cuando el episodio se mete de lleno en la rutina.


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La migraña, además, no se agota en el dolor de cabeza. El cuadro puede incluir náuseas, vómitos, fotofobia, fonofobia, dificultad para tolerar la actividad física y la necesidad de descansar en un ambiente oscuro y silencioso, una combinación que explica por qué tantas personas sienten que durante una crisis todo alrededor se vuelve insoportable. En algunos pacientes también aparece el aura, un conjunto de síntomas neurológicos transitorios con alteraciones visuales, sensoriales o del lenguaje que anteceden al episodio.

Uno de los problemas más repetidos, según los especialistas, es que muchos pacientes naturalizan el cuadro durante años. Se acostumbran al dolor, se automedican y no llegan a una consulta capaz de diferenciar si están ante una cefalea tensional, otro tipo de dolor o una migraña. La propia Larripa advirtió sobre esa costumbre al señalar: “Existe una tendencia a convivir con el dolor o a automedicarse. Sin embargo, cuando los episodios se repiten y afectan la vida cotidiana, es importante investigar qué está pasando y tomar medidas al respecto”.

Ahí aparece el rol del profesional indicado, que en este caso es el neurólogo. La presidenta de la Asociación Migraña y Cefaleas Argentina (AMYCA), Fiorella Martín Bertuzzi, sostuvo que ese especialista es quien puede distinguir entre los distintos tipos de dolor de cabeza, detectar factores desencadenantes e individualizar el tratamiento más adecuado para cada paciente. No se trata sólo de ponerle nombre al problema, sino de ordenar una estrategia de manejo que puede incluir medicación para las crisis, tratamiento preventivo, cambios en la alimentación y rutinas de sueño más equilibradas.


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La diferencia entre seguir años sin diagnóstico y consultar a tiempo puede ser muy concreta en términos de calidad de vida. Martín Bertuzzi lo resumió así: “Muchas personas conviven con migrañas durante años sin saberlo. Un diagnóstico adecuado permite acceder a tratamientos y estrategias que ayudan a reducir la frecuencia de los ataques y mejorar la calidad de vida”. Esa definición baja a tierra lo que muchas veces queda perdido en la teoría médica: un tratamiento correcto no elimina sólo el dolor, también devuelve tiempo, previsibilidad y capacidad de sostener la vida diaria.

El abordaje hoy incluye varias alternativas y ya no se limita a reaccionar cuando el episodio explota. Existen recursos para el manejo agudo de las crisis y también terapias preventivas para cuadros frecuentes o con fuerte impacto funcional, junto con medidas ligadas al descanso y a la alimentación. En paralelo, el sitio aliasmigraña.com ofrece información sobre la enfermedad, un mapa geolocalizado con centros médicos cercanos y materiales descargables para seguir mejor los síntomas y su efecto en la vida cotidiana.

Fuente: NA

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