
La circulación de versiones sobre la venta de carne de burro en la región generó dudas en Puerto Madryn, pero desde el Municipio salieron a aclarar el alcance real de la situación. Según indicaron, no existe ningún plan para que ese producto llegue a las carnicerías locales.

La directora de Seguridad Alimentaria, Leonela Baños, explicó que todo se originó en una experiencia aislada realizada en otra localidad. El episodio consistió en una faena puntual que se llevó adelante bajo condiciones controladas.
“Fue una prueba que se realizó en un matadero de 28 de Julio, donde se faenaron cuatro burros y se hizo una degustación en una carnicería de Trelew”, detalló la funcionaria, al precisar el contexto en el que se desarrolló la actividad.


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El dato que buscó transmitir el área es que no se trata de una práctica instalada ni en expansión. “No es algo que esté planificado que continúe ni que llegue a Madryn”, aseguró Baños, para despejar versiones que circulaban en redes sociales.
La experiencia contó con controles sanitarios específicos. Según se indicó, se realizaron análisis microbiológicos para verificar que el producto cumpliera con condiciones básicas de inocuidad antes de su consumo.
Sin embargo, el principal límite para avanzar en una eventual comercialización es normativo. La carne de burro no está contemplada dentro del Código Alimentario Argentino, lo que impide su desarrollo como producto habilitado en el mercado.
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“No está regulada la faena ni las características de este tipo de carne”, explicó la funcionaria, al señalar que cualquier avance en ese sentido requeriría modificaciones a nivel nacional y un proceso técnico complejo.
Mientras tanto, desde el área municipal pusieron el foco en otra preocupación que sí se mantiene vigente: la venta ilegal de alimentos. En particular, advirtieron sobre la comercialización de carne sin controles a través de redes sociales.
“Es fundamental que los vecinos realicen las denuncias para que podamos intervenir”, indicó Baños, al remarcar que muchas de estas prácticas se desarrollan en domicilios particulares, lo que dificulta los controles.
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El trabajo de fiscalización se sostiene en distintos frentes. Se realizan inspecciones en comercios habilitados, controles en transportes y verificaciones en los accesos a la ciudad para garantizar condiciones adecuadas de los productos.
En esos operativos se revisan aspectos como la documentación, el rotulado, la temperatura y la conservación de los alimentos. El objetivo es evitar riesgos sanitarios y asegurar que lo que se comercializa cumpla con las normas vigentes.
Además del control, el área impulsa acciones de prevención. Una de las líneas de trabajo apunta a la educación alimentaria, con capacitaciones destinadas a estudiantes y la planificación de actividades para docentes y auxiliares.
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“Estamos trabajando mucho con estudiantes y también planificando capacitaciones para docentes y auxiliares. La educación es clave para garantizar la seguridad alimentaria”, sostuvo la funcionaria.
La aclaración oficial busca llevar tranquilidad en un tema que generó repercusión, al tiempo que refuerza la necesidad de informarse a través de canales confiables ante la circulación de versiones sin contexto.

















