Hablamos con los médicos argentinos que viajan a Mozambique en misiones de salud

Enfoques21/04/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

La misión Mangundze Salud ya concretó unas 1.300 cirugías en el sur de Mozambique, donde la falta de médicos, agua y equipos condiciona toda la vida.

Mangundze Salud
Mangundze Salud

Una ecografía puede ser un recurso excepcional cuando alrededor no hay casi nada. En una parte del sur de Mozambique, un equipo de diagnóstico llegó a convertirse en el primero disponible en 300 o 400 kilómetros a la redonda, una medida que alcanza para dimensionar hasta qué punto el acceso a la salud todavía depende de gestos extraordinarios y no de una estructura estable. Sobre ese terreno trabaja Mangundze Salud, una misión médico-solidaria que reúne profesionales de distintos países y que interviene en zonas donde, como describió Jorge Arias, hay comunidades donde “en toda su vida nunca había pisado un médico”.

La tarea se despliega en una región donde los partos complicados dejan secuelas severas y permanentes en muchas mujeres. Arias explicó que una de las patologías que fueron a tratar desde el inicio son las fístulas obstétricas, lesiones producidas después del parto que arrastran dolor físico, exclusión social y una carga cotidiana difícil de dimensionar desde la experiencia argentina. Allí, dijo, esas mujeres “sufren mucho, discriminación incluso”, una síntesis brutal de un problema sanitario que también es social.


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El recorrido de la misión muestra que la respuesta médica fue creciendo a medida que apareció una red de voluntarios dispuestos a viajar, trabajar y sostener la experiencia con recursos propios. Arias contó que comenzó con viajes a Madagascar, sumó 18 misiones en Mozambique y una en Kenia, y que el equipo se fue ampliando con anestesistas, pediatras, enfermeras y otros profesionales de la salud. Ese proceso permitió llegar a una cifra que marca la dimensión del trabajo: unas 1.300 cirugías, varios miles de ecografías y atención clínica en lugares donde la consulta médica nunca formó parte de la vida cotidiana.

La escena sanitaria no se recorta sólo dentro de un quirófano ni en la mesa de consulta. En la comunidad de Mangundze , donde trabaja el padre Juan Gabriel, también pesan la falta de agua, la precariedad de la vivienda y la dificultad para garantizar una comida diaria, factores que terminan moldeando la enfermedad antes de que cualquier paciente llegue a ver a un profesional. Por eso la misión fue quedando enlazada con otras respuestas básicas, desde pozos de agua hasta asistencia alimentaria para chicos que reciben el desayuno conocido allí como “matabichos”, un aporte que, según relató Arias, mejoró al mismo tiempo la salud y la asistencia escolar.


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La infraestructura sanitaria también empezó a cambiar, aunque a una escala todavía modesta frente al tamaño de las necesidades. Gracias al apoyo de fundaciones, el grupo pudo construir una pequeña maternidad en la zona de Mangundze y hoy opera en el hospital de Mayacán, en la provincia de Gaza, dentro del sur mozambiqueño. Esa base no resuelve el déficit estructural del sistema, pero sí permitió trabajar con algo más de estabilidad en una región donde durante años faltó casi todo, desde equipamiento elemental hasta personal formado.

El sostén humano del proyecto descansa sobre una lógica de compromiso personal mucho más que sobre una financiación garantizada. Arias señaló que ya participaron cerca de 70 médicos argentinos, además de enfermeras, personal sanitario y profesionales de México, España y Venezuela, todos convocados por una misma red solidaria. La definición que usó sobre ese esfuerzo económico deja poco margen para la épica fácil: “cada uno se paga su gasto, pasaje de avión, gasto de mantención y todo lo demás”.


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La misión también fue abriendo un segundo frente, menos visible que una cirugía, pero decisivo para que el trabajo no dependa siempre de delegaciones extranjeras. Siete jóvenes lograron viajar a Buenos Aires para estudiar en la UCA, una de ellas ya se recibió de enfermera y otra obtuvo el título de licenciada, mientras dos varones cursan medicina en la capital de Mozambique con ayuda de padrinazgos y aportes solidarios. Esa búsqueda aparece como una respuesta concreta a una escasez que Arias resumió con crudeza al comparar la disponibilidad de profesionales: calculó que la relación de médicos y enfermeros respecto de la Argentina puede ser de 30 a 1, y hasta advirtió que tal vez “me estoy quedando corto”.

Los datos que describió sobre salud pública explican por qué cada viaje deja algo más que atención puntual. Arias estimó que la esperanza de vida en la zona ronda los 53 o 54 años, muy por debajo de los 80 que mencionó para Occidente, y agregó que el índice oficial de HIV se ubica cerca del 30%, frente a un porcentaje mucho menor en la Argentina. A esa presión se suman la malaria, las secuelas de décadas de fragilidad estatal después de la guerra civil y una falta histórica de médicos, ingenieros, maquinarias y recursos básicos.


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La articulación con el padre Juan Gabriel también explica por qué la misión dejó de ser una secuencia de viajes aislados para transformarse en una presencia periódica. Arias recordó que se conocieron hace 11 años, que comparten amistades desde mucho antes y que entre ambos construyeron una relación que definió como “hermanos de la vida”, una expresión que ayuda a entender la confianza con la que fueron armando cada nuevo operativo. A partir de ese vínculo, el trabajo médico fue encontrando un anclaje territorial y comunitario que le dio continuidad a lo que, de otro modo, habría quedado reducido a intervenciones esporádicas.

El próximo paso ya tiene fecha y también carga simbólica. La nueva misión partirá el 16 de mayo y llevará de regreso, por primera vez para ejercer durante esas jornadas, a una enfermera formada en Buenos Aires y nacida en el mismo pueblo donde hoy se atiende la comunidad. La escena resume el sentido profundo del proyecto: atender urgencias extremas, aliviar daños que condicionan una vida entera y, al mismo tiempo, sembrar una estructura mínima que permita que la salud deje de depender siempre de una visita excepcional.

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