Una nadadora en hielo y una directora del norte: la historia que cruzó el país

Turismo23/04/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

El origen de Inmersa no está en el sur ni en el mar helado, sino en una inquietud que empezó lejos de ese paisaje. La realizadora Camila Pignocchi escuchó por primera vez sobre personas que se sumergen en agua fría durante el invierno y decidió investigar si esa práctica también existía en Argentina. La respuesta no solo apareció, sino que tomó forma de historia.

Inmersa
Inmersa

Ese punto de partida derivó en un cortometraje que sigue la experiencia de Ailén Lascano Micaz, una deportista que compite en condiciones extremas. La disciplina implica nadar en temperaturas que van desde los cinco grados hacia abajo, incluso bajo cero, sin traje térmico. “Nadar en estas temperaturas tiene que ver con justamente nadar durante todo el año en el lugar que estés”, explicó la directora al reconstruir lo aprendido durante el proceso.


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El corto, que fue presentado hace un tiempo en Puerto Madryn se rodó en Ushuaia, un escenario que terminó influyendo más allá de lo cinematográfico. La propia Pignocchi, nacida en Formosa, se instaló en la ciudad después del rodaje. “Después del trabajo me enamoré y me mudé”, contó sobre un cambio personal que acompañó al proyecto.

El trabajo demandó varios meses de preparación, entrevistas y registro. A diferencia de una cobertura tradicional, el equipo buscó construir un relato íntimo sobre el vínculo entre el cuerpo humano y el entorno natural. “Es un cortometraje que narra el vínculo de una persona con la naturaleza, con el océano”, definió la directora al sintetizar el enfoque.


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En ese proceso apareció también un aspecto que excede lo deportivo. La protagonista del film advirtió variaciones en la temperatura del agua a lo largo de los años en competencias internacionales. Ese dato, que surge de la experiencia directa, abrió una línea narrativa vinculada al ambiente. “Le asombraba que quizás un año estaba en menos cinco y al año siguiente en menos cuatro, menos tres”, relató Pignocchi sobre esa preocupación.

El cortometraje incorpora esa mirada sin volverse técnico, pero sí con una intención clara de visibilizar un fenómeno. El aumento de la temperatura del océano, aunque sea mínimo, puede generar cambios profundos en los ecosistemas. En ese punto, la historia individual se conecta con una problemática más amplia que atraviesa a distintas regiones.


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Durante el rodaje también se registró algo inesperado: la existencia de una comunidad activa de nadadores en agua fría. No se trata solo de atletas de elite, sino de grupos que se organizan de manera cotidiana. “La mayoría de la gente es adulta, nadie empezó quizás desde chico”, señaló la directora sobre una práctica que crece de forma silenciosa.

La experiencia impactó incluso en el equipo de filmación. En uno de los últimos días, los realizadores decidieron meterse al agua junto a la protagonista. “Mi cuerpo explotó de felicidad”, recordó Pignocchi sobre ese momento, que terminó funcionando como cierre simbólico del proceso.


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Tras su finalización, Inmersa inició un recorrido por festivales internacionales. La primera proyección fue en Chile y luego continuó en distintos espacios, incluidos eventos en Europa. El corto aún no está disponible de forma abierta, ya que algunos festivales exigen exclusividad para su exhibición.

Mientras tanto, el proyecto sigue generando reacciones diversas. Desde curiosidad por la disciplina hasta preguntas sobre el cuidado del ambiente, el film logró instalar un tema poco habitual en la agenda cotidiana. “¿Qué puedo hacer yo desde mi lugar?”, es una de las consultas que más se repite entre quienes lo ven. El próximo paso será su llegada al público local, con presentaciones previstas en distintas ciudades del país. La intención del equipo es acompañar las proyecciones con charlas que amplíen el debate y acerquen la experiencia a nuevas audiencias.

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