Las señales de alerta no siempre son visibles, pero pueden medirse, estudiarse y anticiparse. En esa lógica, la Municipalidad de Comodoro Rivadavia decidió profundizar su vínculo con la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco para intervenir en uno de los frentes más sensibles: los riesgos geológicos e hídricos que afectan a la ciudad.
Comodoro y una acuerdo entre municipio y universidad
El acuerdo fue rubricado por el intendente Othar Macharashvili junto a autoridades académicas, en una firma que busca traducir años de estudios en herramientas concretas para la gestión. El foco no está solo en investigar, sino en transformar esos datos en decisiones que impacten directamente en la seguridad urbana.
Desde el área de Comodoro Conocimiento, su titular Rubén Zárate explicó que el convenio apunta a modificar la dinámica de trabajo entre ambas instituciones. “El acuerdo permitirá agilizar, de manera continua y permanente, el sistema de cooperación entre el Municipio y la Universidad”, sostuvo, al tiempo que remarcó la necesidad de superar esquemas más burocráticos.
Uno de los ejes centrales es la identificación de zonas de riesgo, una tarea que requiere tanto de conocimiento técnico como de actualización constante. En ese sentido, el convenio habilita la implementación de sistemas de monitoreo y alerta temprana que permitan actuar antes de que ocurran eventos críticos. “Estamos avanzando hacia un sistema que nos permita anticiparnos a los riesgos geológicos, hídricos y ambientales”, agregó Zárate.
El trabajo no parte de cero. Existen antecedentes de peso vinculados al estudio de sectores inestables del territorio urbano, como los cerros Chenque y Hermitte. Esas investigaciones acumulan más de tres décadas de desarrollo científico y hoy funcionan como base para nuevas intervenciones. “Estas investigaciones se sostienen en más de 30 años de trabajo científico”, indicó el funcionario.
En paralelo, desde la universidad remarcaron que el convenio consolida una relación que ya venía activa, pero que ahora busca mayor alcance. La decana Bárbara Rueter destacó que la institución pone a disposición equipos técnicos con trayectoria en el análisis de estas problemáticas. “Reafirma un vínculo muy estrecho con la Municipalidad y pone a disposición el conocimiento generado”, afirmó.
La articulación entre ciencia y gestión aparece como uno de los puntos clave del acuerdo. No se trata solo de producir información, sino de integrarla en políticas públicas que reduzcan riesgos concretos. En ese marco, se busca mejorar la capacidad de respuesta ante fenómenos naturales que históricamente impactaron en distintos sectores de la ciudad.
El caso del cerro Hermitte se mantiene como referencia reciente de esa colaboración. Allí, investigadores universitarios participaron desde las primeras etapas del análisis para evaluar la situación y proponer alternativas. “Nuestros docentes investigadores fueron protagonistas desde el primer momento”, señaló Rueter sobre ese proceso.
El convenio también abre la puerta a nuevas líneas de trabajo, en un contexto donde las variables ambientales presentan cambios constantes. La posibilidad de contar con datos actualizados y metodologías específicas aparece como un recurso estratégico para anticipar escenarios complejos.
Más allá de la firma, el desafío será sostener en el tiempo esta articulación y traducirla en acciones concretas. Tanto desde el municipio como desde la universidad coinciden en que la continuidad del trabajo conjunto será determinante para fortalecer la prevención y reducir la exposición de la población ante estos riesgos.