Chubut pierde su producción: hay medio millón de hectáreas abandonadas por falta de rentabilidad

Enfoques25/04/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

La crisis obligó al cierre de 50 campos en el noreste. El titular de la Rural, Ricardo Irianni, advierte en #LA17 sobre la falta de servicios y reglas claras.

Nublado con viento y ráfagas foto ilustrativa Freepik
Nublado con viento y ráfagas foto ilustrativa Freepik

El paisaje del interior de Chubut exhibe una herida que crece de forma silenciosa ante la falta de respuestas económicas para los productores. En la zona noreste de la provincia, la cifra de tierras productivas sin actividad ya supera las 500.000 hectáreas vacías. Esta situación refleja el colapso de un modelo que históricamente sostuvo el arraigo de las familias en la meseta patagónica. El fenómeno amenaza con transformar el mapa social de la región de manera definitiva si no aparecen incentivos urgentes.

Ricardo Irianni, presidente de la Sociedad Rural del Valle del Chubut, describió con crudeza esta realidad durante su paso por "El Quinto Poder" en #LA17. El dirigente remarcó que el cese de la producción ganadera no representa una elección voluntaria o un cambio de rubro por comodidad. "Nadie cierra un campo o una actividad porque quiere", sentenció Irianni para graficar la angustia que atraviesa el sector agropecuario actual. El cierre de un establecimiento implica el fin de una tradición que muchas veces llevó décadas de construcción familiar.


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El abandono de los puestos y estancias afecta principalmente a familias que llevan tres o cuatro generaciones trabajando la tierra bajo condiciones climáticas hostiles. Estas estructuras enfrentan hoy un techo de rentabilidad que torna inviable la permanencia y el mantenimiento de las instalaciones mínimas. "Esto pasa también, por supuesto, uno lo escucha cotidianamente en los informes que ustedes dan, en los comercios, en las industrias", comparó el representante ruralista. La caída de la actividad en el campo replica el mismo patrón de retroceso que sufren hoy el comercio y las pequeñas fábricas.

Las causas de este éxodo rural combinan factores financieros con una notable falta de inversión estatal en infraestructura básica para el interior. El mal estado crónico de los caminos dificulta el traslado de la lana o los animales y encarece los fletes de manera desproporcionada. Los productores necesitan condiciones mínimas de conectividad y logística para sostener una vida que demanda presencia constante en campos alejados de los centros urbanos. Sin servicios de salud y educación cercanos, las familias jóvenes deciden abandonar la actividad para buscar alternativas en las ciudades costeras.


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La mirada de los ganaderos se cruza con envidia frente a los beneficios y protecciones que reciben otros sectores de la economía nacional. Irianni planteó que el campo requiere de reglas de juego estables y previsibles que no cambien según la urgencia del gobierno de turno. "Los productores agropecuarios necesitan lo mismo", reclamó al referirse a los regímenes de incentivo que hoy protegen a otras industrias extractivas. El sector rural siente que carga con una presión impositiva que no se traduce en mejoras directas para la producción territorial.

El dirigente insistió en la necesidad de aplicar una "letra fina" a las inversiones que llegan a la Argentina para fomentar el desarrollo de las regiones más postergadas. Según sus declaraciones en la radio, falta un análisis profundo sobre cómo otorgar seguridad jurídica a quienes todavía apuestan por trabajar la tierra en Chubut. "Hay que darle reglas claras a la producción agropecuaria, como por ejemplo se le da en el norte a la minería con los RIGI", enfatizó durante la charla. Esta disparidad de criterios genera un malestar profundo entre los pequeños y medianos empresarios del agro.


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La transición desesperada de la oveja al vacuno en la meseta representa un intento final de muchos propietarios por no rematar sus pertenencias. Sin embargo, producir vacas en campos diseñados históricamente para la ganadería ovina presenta desafíos técnicos y de eficiencia que pocos logran superar con éxito. Muchos productores intentaron este cambio tras sufrir pérdidas masivas de ovejas durante los últimos inviernos cruentos que azotaron la zona central de la provincia. La falta de rentabilidad sigue siendo el obstáculo principal que ninguna reconversión técnica logra solucionar de fondo.

El costo de mantener una estructura productiva mínima en la Patagonia es significativamente más alto que en la pampa húmeda por las distancias y la rigurosidad del clima. Cuando un campo cierra, se pierde no solo la producción anual, sino también un saber acumulado por siglos de adaptación a un entorno difícil. "Cierran los campos por esto, falta de rentabilidad", reiteró Irianni para señalar que el fenómeno ya alcanza a más de 50 establecimientos solo en su zona de influencia directa. El vaciamiento de la meseta deja grandes extensiones de tierra sin vigilancia ni cuidado ambiental.


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La ausencia de medidas de promoción efectivas para las economías regionales agrava el cuadro de desolación en gran parte del territorio provincial. El riesgo de que este proceso de abandono se vuelva irreversible aumenta con cada temporada donde los balances económicos arrojan resultados negativos. Sin una intervención que priorice el largo plazo sobre la recaudación inmediata, el interior de Chubut continuará perdiendo su población rural. La desaparición de los productores locales implica un golpe mortal para la identidad y la soberanía alimentaria de la región sur.

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