
Una guerra que empezó hace décadas y no se detiene: la historia detrás de los crímenes en Comodoro
Policiales25/04/2026
Sergio BustosEl enfrentamiento entre las familias Vera y Nieves no es nuevo ni circunstancial. Se trata de una disputa que lleva más de tres décadas y que, lejos de apagarse con el paso del tiempo, fue creciendo en intensidad y complejidad, sumando episodios cada vez más violentos en distintos puntos de Comodoro Rivadavia.

Los primeros antecedentes se remontan a la década del 90, cuando comenzaron a registrarse conflictos vinculados a robos, amenazas y disputas territoriales. Con el correr de los años, esos choques iniciales se transformaron en una rivalidad consolidada, con presencia en varios barrios y con un historial que empezó a acumular causas judiciales.
A diferencia de otros conflictos, este no quedó circunscripto a un momento específico. La confrontación se fue transmitiendo entre generaciones, con nuevos integrantes que heredaron una lógica de enfrentamiento directo, donde cada episodio alimenta el siguiente.


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Uno de los puntos de quiebre ocurrió en diciembre de 2016 con el asesinato de Jonathan Vera. El ataque, que incluyó múltiples disparos y terminó con un impacto fatal en la nuca, marcó un salto en el nivel de violencia y dejó al descubierto la dimensión del conflicto.
Ese hecho tuvo consecuencias judiciales, pero también dejó heridas abiertas. Las absoluciones posteriores, derivadas de la falta de pruebas, no lograron cerrar el caso y, por el contrario, reforzaron el clima de tensión entre ambos grupos.
Con el paso de los años, la rivalidad no solo continuó, sino que se profundizó. La acumulación de antecedentes, denuncias y enfrentamientos consolidó un escenario donde la violencia se volvió una constante y donde los episodios ya no sorprenden por su ocurrencia, sino por su magnitud.
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En 2025, el asesinato de Matías Nieves volvió a poner el conflicto en primer plano. Fue atacado a balazos en plena vía pública, en un hecho que los investigadores interpretaron como una represalia directa dentro de la misma disputa.
Ese crimen no quedó aislado. Se sumó a una serie de situaciones que incluyeron ataques armados, amenazas y operativos policiales, todos atravesados por la misma lógica de confrontación entre las familias.
Uno de los episodios más impactantes ocurrió frente a la Oficina Judicial, donde un grupo armado abrió fuego en la vía pública horas antes de una audiencia vinculada a la causa. El ataque evidenció el nivel de exposición y la falta de límites en el accionar de los involucrados.
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A lo largo del tiempo, el conflicto fue adoptando características propias de una estructura organizada. La reiteración de hechos, la participación de múltiples actores y la continuidad de la violencia muestran que no se trata de episodios aislados, sino de una dinámica sostenida.
El último capítulo de esta historia vuelve a mostrar esa lógica. La violencia irrumpe, deja víctimas y se inscribe en una cadena que parece no encontrar un punto final, alimentada por viejas disputas y nuevas represalias.
En ese contexto, el impacto no es solo policial o judicial. También alcanza a los barrios donde se desarrollan estos hechos, donde el miedo y el silencio se convierten en parte del paisaje cotidiano.
La historia del enfrentamiento entre los Vera y los Nieves expone una realidad compleja, donde los conflictos familiares se transforman en disputas prolongadas que atraviesan generaciones y que, hasta ahora, han demostrado una capacidad constante para reinventarse y continuar.















