El consumo diario de somníferos y antialérgicos aumenta un 50% el riesgo de demencia

Actualidad27/04/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Expertos advierten que el uso prolongado de fármacos anticolinérgicos y benzodiacepinas afecta la memoria. Recomiendan buscar alternativas para evitar caídas.

Medicamentos
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El uso prolongado de ciertos antihistamínicos y somníferos que se consiguen sin receta en cualquier farmacia puede elevar el riesgo de padecer demencia hasta en un 50%. Este dato surge de investigaciones que ponen el foco en los fármacos anticolinérgicos, una clase de sustancias que bloquean la acetilcolina, un químico cerebral clave para funciones como la atención y la memoria. Si bien una toma aislada no representa una amenaza irreversible, el peligro real reside en el consumo diario sostenido durante varios años.

La Sociedad Estadounidense de Geriatría emitió recomendaciones específicas para que los adultos mayores eviten este tipo de medicación debido a efectos secundarios inmediatos que van más allá del deterioro cognitivo. Los especialistas advierten que estos compuestos suelen provocar somnolencia excesiva y aumentan considerablemente las probabilidades de sufrir caídas accidentales. Por este motivo, la sugerencia médica actual se inclina por buscar alternativas terapéuticas que no interfieran con la actividad química del cerebro de manera tan agresiva.


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Para quienes padecen alergias estacionales, existen opciones de segunda generación como Claritin o Zyrtec que carecen de esa actividad anticolinérgica perjudicial. En el caso de los trastornos del sueño, la tendencia clínica se aleja de los fármacos de venta libre para priorizar tratamientos como la terapia cognitivo-conductual. Shelly Gray, profesora de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Washington, sostiene que “es poco probable que el uso puntual de Benadryl aumente el riesgo de demencia”, pero insiste en la vigilancia del consumo crónico.

El debate médico se vuelve más complejo cuando se analizan los antipsicóticos y las benzodiacepinas, donde todavía no está claro si el fármaco es la causa o si la enfermedad tratada es un síntoma temprano. La depresión, la psicosis y la ansiedad son condiciones que, por sí mismas, pueden indicar un inicio de deterioro cognitivo antes de que se manifiesten otros signos clínicos. Esta ambigüedad obliga a los científicos a estudiar si la medicación simplemente acompaña un proceso neurodegenerativo que ya estaba en marcha por otras razones.


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Algunos estudios vincularon directamente el uso de antipsicóticos con un declive de las facultades mentales en pacientes de mediana edad. Además, se detectó que las personas que ya padecen demencia y reciben estos fármacos para controlar su comportamiento presentan un índice de mortalidad más elevado. A pesar de esto, especialistas como David Llewellyn, de la Universidad de Exeter, aclaran que en casos de enfermedades graves como la esquizofrenia, la necesidad del tratamiento supera ampliamente cualquier riesgo potencial a largo plazo.

Las benzodiacepinas, recetadas frecuentemente para la ansiedad o el insomnio, también están bajo la lupa de la ciencia por su impacto en la supresión de la actividad cerebral. Sin embargo, un análisis realizado por Geoffrey Joyce, de la Universidad del Sur de California, introdujo una perspectiva distinta al estudiar a personas que tomaban estos fármacos por dolores de espalda. En ese grupo específico de pacientes, que no presentaba trastornos mentales previos, no se encontró una relación directa con diagnósticos posteriores de demencia.


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Los inhibidores de la bomba de protones, conocidos popularmente por tratar el reflujo ácido, muestran evidencias contradictorias en los registros clínicos internacionales. Una de las teorías que manejan los investigadores es que estos medicamentos podrían provocar una deficiencia de vitamina B12, un nutriente esencial cuya ausencia está íntimamente ligada al deterioro de la capacidad cognitiva. Al ser productos que muchas veces se compran sin seguimiento profesional, como ocurre con el Prilosec, su impacto real en la salud pública resulta más difícil de rastrear con precisión.

En medio de las advertencias sobre los riesgos, el botiquín doméstico también guarda aliados importantes para la salud del cerebro a largo plazo. Las estatinas y los medicamentos diseñados para controlar la hipertensión arterial parecen cumplir un rol protector que ayuda a reducir las probabilidades de desarrollar enfermedades neurodegenerativas. Estas sustancias contribuyen a mantener la salud vascular, un factor determinante para que el flujo sanguíneo cerebral sea el adecuado y se preserven las conexiones neuronales durante la vejez.


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La comunidad científica insiste en que correlación no siempre significa causalidad y que los hallazgos actuales deben tomarse como una invitación a la prudencia profesional. El objetivo principal de estas advertencias es reducir la prescripción automática de fármacos para controlar conductas en pacientes que ya tienen compromiso cognitivo. “Hubo un gran impulso para reducir la prescripción de antipsicóticos con el fin de controlar el comportamiento”, destaca Llewellyn al referirse a la necesidad de enfoques más humanos y menos químicos en el cuidado de los mayores.

La revisión periódica de la medicación junto a un médico de cabecera se vuelve fundamental para equilibrar los beneficios inmediatos frente a los riesgos cognitivos futuros. Reevaluar la necesidad de cada comprimido puede marcar la diferencia entre una vejez saludable o una marcada por el deterioro de la memoria.

Fuente: LA NACION.

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