
Entre Medicina e Inteligencia Artificial, qué estudian los jóvenes y qué lugar gana la Patagonia
Enfoques28/04/2026
REDACCIÓNLas carreras clásicas siguen mandando en las inscripciones, pero tecnología, datos y energías renovables empujan un cambio fuerte que también reordena la Patagonia.

Elegir una carrera en la Argentina ya no se mueve en una sola dirección. Por un lado, las opciones tradicionales siguen concentrando prestigio, matrícula y peso simbólico; por el otro, la presión del mercado laboral y de la economía del conocimiento empuja cada vez más a mirar programación, datos, energías renovables y negocios digitales. Esa tensión entre estabilidad y empleabilidad rápida es la que hoy ordena buena parte de las decisiones de miles de estudiantes.
En la UBA, el mapa todavía muestra el dominio de las carreras clásicas. Según datos difundidos sobre la cohorte 2024 del CBC, Medicina encabezó las preferencias con 8.005 inscriptos, seguida por Psicología con 5.943 y Abogacía con 3.596; detrás apareció Arquitectura, también entre las más elegidas. Esa foto deja en claro que, aun con cambios de época, la idea de una profesión larga, reconocida y asociada a ascenso social sigue teniendo mucho peso.


La UNLP confirma algo parecido, aunque con matices propios. Su último cuadro estadístico consolidado muestra que Ciencias Médicas sumó 7.830 nuevos inscriptos, Psicología 2.975, Humanidades 2.533, Periodismo y Comunicación Social 2.429, Informática 2.068, Ciencias Jurídicas y Sociales 1.885 e Ingeniería 1.590. Ahí se ve que las carreras tradicionales siguen arriba, pero también que los perfiles ligados a lo digital y a la informática ya dejaron de ser periféricos en una universidad grande del país.
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La otra mitad del fenómeno aparece cuando se mira qué pide hoy el mercado. En su informe sobre carreras con mejor salida laboral para 2026, Randstad ubicó entre las áreas con mayor proyección a Ingeniería, Programación, Data Science y Analítica de Datos, Ciencias de la Computación, Energías Renovables, Negocios Digitales, Biotecnología, Marketing Digital y Ecología y Ciencias Ambientales. El dato relevante no es solo qué perfiles suben, sino que muchas de esas opciones no eran hace pocos años parte del núcleo principal de elección para los ingresantes.
Eso no significa que Medicina, Derecho o Arquitectura hayan perdido centralidad de un día para otro. Lo que cambia es el criterio con el que muchos jóvenes comparan opciones. Antes pesaban casi de manera excluyente el prestigio y la estabilidad; ahora también entran fuerte variables como tiempo de cursada, títulos intermedios, posibilidad de trabajar antes de recibirse y cercanía con sectores que ya están contratando. En ese cruce, las carreras tecnológicas no siempre desplazan a las clásicas, pero sí las obligan a convivir con otro tipo de expectativa social.
En la Patagonia, esa discusión toma una forma propia porque la oferta universitaria se enlaza mucho más directamente con la matriz productiva regional. La Universidad Nacional del Comahue informó que en 2024 llegó a 33.934 estudiantes, con 9.982 nuevos inscriptos, y que las preferencias estuvieron encabezadas por Psicología, Licenciatura en Enfermería y Técnico Superior en Higiene y Seguridad en el Trabajo. Después aparecieron Medicina, Abogacía, Técnico Universitario en Desarrollo Web, Ingeniería en Petróleo y Contador Público. El dato es potente porque mezcla salud y carreras históricas con perfiles directamente conectados al mundo digital y energético.
Ese cruce entre territorio y formación también se ve en otras universidades del sur. La UNPSJB sostiene en Comodoro Rivadavia la carrera de Ingeniería en Petróleo, una de las formaciones más directamente vinculadas con la actividad hidrocarburífera de la región. La UNPA, por su parte, ofrece en sus distintas sedes opciones como Licenciatura en Administración, Licenciatura en Sistemas, Turismo y otras carreras asociadas a recursos naturales, organización, servicios y economía regional. Más que copiar la oferta de los grandes centros urbanos, la Patagonia viene armando una propuesta que dialoga con lo que produce.
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Ahí aparece una ventaja concreta para quienes estudian en el sur: no necesitan migrar necesariamente a Buenos Aires o La Plata para acceder a una formación conectada con industrias dinámicas. En Neuquén y Río Negro, por ejemplo, la expansión de hidrocarburos, servicios técnicos, software y cadenas logísticas empuja una demanda que vuelve más visibles carreras antes consideradas demasiado específicas. En Chubut y Santa Cruz, además, el peso de la energía, el ambiente, el turismo y los sistemas también ayuda a revalorizar perfiles que combinan conocimiento técnico con inserción territorial.
Por eso, la discusión universitaria de 2026 no se resume en una pelea entre lo viejo y lo nuevo. Lo que se está reordenando es otra cosa: la manera en que cada carrera justifica su promesa de futuro. Las clásicas siguen ganando en matrícula y simbolismo; las emergentes crecen porque prometen una llegada más rápida al mercado; y en la Patagonia esa tensión se resuelve con una tercera vía, donde la formación empieza a atarse cada vez más al mapa real de oportunidades que ofrece la región.
El punto de fondo es que los jóvenes ya no eligen solo una profesión: eligen también una velocidad de inserción, un tipo de ciudad y una forma de imaginar su vida adulta. En ese escenario, Medicina, Abogacía y Arquitectura siguen firmes, pero Inteligencia Artificial, ciencia de datos, programación y energías renovables dejaron de ser apuestas de nicho. Y mientras esa doble tendencia se consolida, la Patagonia empieza a jugar su propio partido, con universidades que mezclan tradición, demanda local y nuevas profesiones.














