
La deuda bate récord y crece el riesgo por vencimientos cada vez más cercanos
Actualidad01/05/2026
Sergio BustosLa dinámica de la deuda pública volvió a encender señales de alerta por dos factores que se combinan: el volumen total y la velocidad de los vencimientos. A marzo de 2026, el endeudamiento del Estado superó los 483.830 millones de dólares y alcanzó su nivel más alto histórico.

El dato no solo marca un récord nominal. También refleja un incremento cercano al 30 por ciento desde diciembre de 2023, en un período en el que el discurso oficial insiste en que no hubo un crecimiento significativo del endeudamiento.
El punto más sensible aparece en la estructura de esa deuda. En poco más de dos años, los compromisos de corto plazo pasaron del 3,5 por ciento al 14 por ciento del total, lo que implica una mayor concentración de vencimientos en el corto plazo y un aumento del riesgo financiero.


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Este cambio modifica el escenario macroeconómico. Cuanto mayor es la proporción de deuda a corto plazo, más dependencia existe de la refinanciación constante y más expuesto queda el país a cambios en las condiciones del mercado.
En paralelo, los datos del Banco Central muestran un flujo significativo de ingreso de divisas por financiamiento externo. Desde diciembre de 2023 entraron unos 47.000 millones de dólares en concepto de deuda, incluyendo organismos internacionales y préstamos financieros.
Sin embargo, ese ingreso no se tradujo en una mejora equivalente en las reservas. Una parte importante de esos dólares tuvo como destino la salida de capitales, en un esquema que vuelve a mostrar tensiones conocidas en la economía argentina.
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El economista Martín Burgos planteó esa dinámica con claridad. “El Gobierno afirma que no tomó deuda, pero los datos muestran que sí hubo ingreso de financiamiento externo, que se utilizó principalmente para cubrir compromisos financieros y fuga de capitales”, señaló.
Los números acompañan ese diagnóstico. La formación de activos externos alcanzó los 36.000 millones de dólares, un proceso que se intensificó tras la flexibilización del cepo cambiario en abril de 2025 y que refleja una fuerte dolarización de carteras.
A ese flujo se suman otros factores que presionan sobre las divisas. Entre ellos, el pago de intereses de la deuda y la remisión de utilidades al exterior, que consolidan un circuito en el que los dólares que ingresan tienden a salir rápidamente del sistema.
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El impacto se observa en las reservas internacionales. A pesar de un buen desempeño exportador, las reservas muestran una evolución limitada y las netas no logran despegar, lo que mantiene la vulnerabilidad externa.
Otro indicador que refleja esa fragilidad es la relación entre depósitos en dólares y reservas. La brecha se mantiene por debajo de los 8.000 millones de dólares, un nivel similar al de 2023, lo que evidencia dificultades estructurales para acumular divisas.
El sistema financiero también muestra señales mixtas. El blanqueo de capitales impulsó un fuerte crecimiento de los depósitos en 2024, pero parte de esos fondos se retiró hacia fines de ese mismo año, marcando la volatilidad del escenario.
Desde 2025, los depósitos volvieron a crecer y rondan los 38.000 millones de dólares. Sin embargo, ese aumento resulta menor frente a los montos que salieron del sistema, lo que refuerza la idea de un equilibrio frágil.
En este contexto, la combinación entre mayor deuda, vencimientos más concentrados y salida de divisas configura un escenario de tensión. La economía se apoya en un esquema donde el financiamiento externo no logra consolidarse como base para fortalecer las reservas.















