El titular de la Obra Social de las Fuerzas Armadas renunció a un mes de asumir entre reclamos

Política05/05/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Sergio Maldonado dejó la conducción de la obra social militar creada por decreto. La salida ocurre luego del suicidio de un suboficial retirado.

IOSFA
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La conducción de la nueva obra social militar quedó expuesta a una crisis temprana, apenas un mes después de su puesta en marcha. El general de brigada retirado Sergio Maldonado presentó su renuncia a la presidencia del directorio de la Obra Social de las Fuerzas Armadas (OSFA), la estructura creada para reemplazar parte del esquema anterior de asistencia sanitaria. La salida fue informada por Ámbito, en una nota firmada por Edgardo Aguilera, y se produce en medio de cuestionamientos por la cobertura médica a afiliados militares.

La dimisión todavía aguardaba la confirmación formal del ministro de Defensa, el teniente general Carlos Presti, a quien Maldonado ya le había anticipado su intención de dejar el organismo. La decisión obliga a buscar rápidamente un reemplazo para una función sensible, porque la conducción de la obra social requiere conocimiento del sistema sanitario y vínculos con prestadores médicos. Durante la transición, la conducción quedará en manos del vicepresidente de la entidad, el general de brigada retirado Omar Domínguez.


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El directorio de OSFA continúa integrado por tres vocales titulares. Además de Domínguez, forman parte de la conducción el capitán de navío retirado Gustavo Rivas y el comodoro retirado Juan Carlos Ruíz Pringles. La renuncia de Maldonado deja al organismo con una conducción provisoria en un momento en el que la estructura todavía debe consolidar su funcionamiento operativo.

La salida del titular de OSFA coincide con el caso del suboficial mayor retirado Carlos Héctor Velázquez, quien murió el 1 de mayo en San Juan. Según publicó Ámbito, Velázquez había denunciado el abandono de la anterior IOSFA, obra social a la que aportó durante 61 años. El caso instaló nuevamente la discusión sobre la capacidad del sistema de salud militar para responder ante situaciones graves y prolongadas.


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El suboficial retirado ya había atravesado un episodio crítico el 4 de marzo, cuando dejó una carta manuscrita en la que relataba problemas severos de salud. En ese escrito mencionó una infección grave, complicaciones asociadas a un cáncer y la falta de cobertura médica como parte central de su desesperación. Por criterios de cuidado informativo, no se detallan aquí aspectos operativos del hecho, ya que la relevancia pública está puesta en las denuncias de falta de asistencia y en la respuesta institucional.

La nota de Ámbito señaló que el caso no puede leerse solamente como un acto individual aislado. El texto lo vinculó con un contexto más amplio de crisis financiera y de gestión dentro del sistema que debía garantizar prestaciones a los afiliados. Esa lectura ubica la muerte de Velázquez como un episodio que presiona sobre la conducción política y administrativa de la salud castrense.


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La situación también alcanza al presidente Javier Milei en su rol de comandante en jefe de las Fuerzas Armadas. Según el artículo, esa responsabilidad incluye garantizar el bienestar psicofísico del personal militar, con acceso a la asistencia médica correspondiente. El caso Velázquez, ocurrido después de reclamos por cobertura, quedó así vinculado con la eficacia real de la reestructuración impulsada por el Gobierno.

La reorganización del sistema fue dispuesta mediante el DNU 88/2026, firmado el 5 de febrero. Esa norma creó la Obra Social de las Fuerzas Armadas (OSFA) y ordenó la liquidación del anterior Instituto de Obra Social de las Fuerzas Armadas (IOSFA). El decreto buscó dividir la estructura previa en dos entidades: una destinada a las Fuerzas Armadas y otra orientada a las fuerzas de seguridad.


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El cambio también modificó la gobernanza del sistema. De acuerdo con la publicación, el Gobierno eliminó la gestión exclusiva atribuida a la clase política por el DNU 637/13, dictado durante la presidencia de Cristina Kirchner, y devolvió la conducción del nuevo esquema a militares retirados. La decisión fue presentada como una corrección estructural para ordenar una obra social con dificultades acumuladas.

El propio decreto citado por Ámbito sostuvo que la nueva organización debía “permitir establecer eficientemente sostenibilidad financiera, asegurar la continuidad, regularidad y calidad de las prestaciones médico-asistenciales y evitar una afectación actual o inminente del derecho a la salud de los afiliados”. Esa formulación muestra el objetivo formal de la reforma, pero la renuncia de Maldonado introduce una señal de fragilidad en la etapa inicial. El organismo queda ahora frente al doble reto de ordenar su conducción y responder a reclamos sensibles por prestaciones de salud.

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