
Derribaron postes y se llevaron 750 metros de cobre en un yacimiento del Golfo San Jorge
Policiales06/05/2026
REDACCIÓNEl robo en Campamento Central expone una logística profesional detrás del mercado negro de metales. El kilo de cobre cotiza arriba de los 17 mil pesos.

El kilo de cobre ya supera los $17 mil en los circuitos ilegales de comercialización y esa cifra explica la saña con la que operan las bandas en los yacimientos. Este valor de reventa funciona como el combustible principal para que grupos organizados pongan el ojo en las instalaciones petroleras de la región. El perjuicio económico no se agota en el metal, sino que desata una crisis en la continuidad del suministro eléctrico para la operación de los pozos.
La infraestructura eléctrica en el sector de Campamento Central sufrió una destrucción que va mucho más allá de un simple corte de cables. Los delincuentes tiraron abajo varios postes del tendido de media tensión para poder trabajar con mayor comodidad a nivel del suelo durante la noche del lunes. Esta maniobra demuestra que los atacantes contaban con herramientas pesadas y conocimiento sobre cómo desplomar las estructuras sin generar incidentes que delataran su presencia.
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Un tramo de casi 750 metros de cable de cobre de 50 mm² desapareció por completo de una línea de 10,4 kV que abastece a áreas sensibles. El volumen del material robado evidencia “un accionar planificado y con logística previa” que no coincide con el perfil de un ladrón improvisado o solitario. Los investigadores calculan que para mover semejante peso se necesitó, al menos, un vehículo de carga con capacidad para entrar y salir rápido del yacimiento.
Este tipo de golpes afecta de manera directa a la Subestación de Producción, un componente vital para que la extracción de crudo no se detenga. El tendido eléctrico funciona como el sistema nervioso del yacimiento y cualquier interrupción deliberada obliga a reparaciones de emergencia que suelen ser sumamente costosas. Las empresas operadoras se ven forzadas a rediseñar patrullajes permanentes sobre áreas que, por su extensión, son imposibles de vigilar en cada metro.
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Los peritos de Criminalística y el personal de la Comisaría de Laprida estuvieron trabajando hasta el amanecer para recolectar rastros en la zona afectada. El objetivo de las pericias es identificar huellas de neumáticos o cualquier indicio que permita reconstruir la ruta de escape de los sospechosos. La preservación del sitio es fundamental para entender si los responsables utilizaron técnicas de corte profesionales para manipular la línea de media tensión.
La Cuenca del Golfo San Jorge es una región estratégica para la producción hidrocarburífera de la Patagonia y estos ataques golpean su corazón operativo. Al estar ubicada entre Chubut y Santa Cruz, la zona requiere una estabilidad energética que hoy se ve amenazada por el negocio del cobre. Cada vez que se derriba un poste, se pone en riesgo la seguridad eléctrica de todo el entramado que sostiene la producción convencional de petróleo.
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Parte del botín quedó abandonado en el terreno, lo que indica que algo interrumpió la carga o que el peso superó la capacidad del transporte utilizado. Los efectivos encontraron un rollo de cable que los delincuentes ya tenían preparado para llevarse, pero que finalmente dejaron tirado entre los postes caídos. Este elemento es hoy una pieza de estudio para determinar el tiempo exacto que los ladrones pasaron dentro de la propiedad antes de huir.
La Subestación de Producción y las líneas asociadas ahora deben pasar por una revisión estructural completa para asegurar que no existan fallas latentes tras el sabotaje. Reponer 750 metros de cableado de esas características técnicas demanda una inversión inmediata en materiales que no siempre están disponibles de manera instantánea. El riesgo operativo se mantiene latente mientras las cuadrillas intentan normalizar la tensión en el área de Campamento Central.
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Determinar la ruta de salida del material es el mayor desafío que enfrenta la justicia para desbaratar estas redes de contrabando. Las autoridades sospechan que el cobre ya se procesa y se vende de forma aceitada en canales que permiten colocar el material “sin algún nivel de visibilidad dentro de los circuitos informales o incluso formales” para evitar rastreos. Mientras el precio del metal siga en alza, la infraestructura dispersa de la Patagonia seguirá siendo el blanco principal de estas organizaciones.
















