El SOMU aceptó discutir un nuevo convenio y las empresas ya miran más allá de 2027

Actualidad07/05/2026Sergio BustosSergio Bustos

La temporada de langostino encontró una salida política después de semanas de tensión, amenazas cruzadas y barcos detenidos, pero el entendimiento firmado este martes en el Ministerio de Capital Humano dejó una señal todavía más fuerte para el futuro de la actividad. Detrás de la habilitación inmediata de la flota tangonera, el acuerdo incluyó el compromiso formal de empezar a redactar un nuevo convenio colectivo que reemplace el esquema actual y modifique las bases laborales del sector.

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Raúl Durdos.

El dato apareció en la denominada Cláusula Tercera, un punto que hasta hace pocos días parecía imposible de aceptar para el gremio marítimo. Allí, la conducción nacional del SOMU y las cámaras empresarias CAPIP, CAPeCA y CEPA acordaron iniciar en diciembre las negociaciones para construir un nuevo Convenio Colectivo de Trabajo, con la intención de concluirlo antes de octubre de 2027. La discusión quedó instalada en un escenario donde las empresas aseguran que los costos operativos dejaron de ser sostenibles.

El acuerdo no solamente permitió que los barcos vuelvan al mar. También dejó por escrito que las modificaciones firmadas ahora, vinculadas a las tablas de producción y al valor del dólar, pasarán a integrarse automáticamente como partes accesorias o sustitutivas de los convenios vigentes. Esa decisión les dio estabilidad jurídica a cambios que hasta hace pocos meses se discutían apenas como medidas transitorias para evitar la paralización total de la actividad.


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En el sector empresario interpretaron el movimiento como un reconocimiento implícito del deterioro económico que atraviesa la pesca congeladora. Durante toda la negociación, las cámaras insistieron con que el esquema vigente ya no podía sostenerse en medio de una caída internacional de precios, aumento de costos y presión impositiva. La frase que terminó atravesando las conversaciones fue contundente: “negocio que está roto”.

La aceptación de ese diagnóstico por parte del sindicato modificó el clima de una negociación que venía completamente bloqueada. Hasta hace pocas semanas, las posiciones parecían irreconciliables y la temporada corría riesgo de fracasar antes de comenzar. La posibilidad de mantener la flota paralizada durante meses empezó a preocupar no solamente a las empresas y al gremio, sino también a las ciudades portuarias que dependen del movimiento pesquero.

La futura discusión del convenio promete convertirse en uno de los debates laborales más importantes de la industria pesquera en los próximos años. El objetivo empresario es dejar atrás el mecanismo de renegociaciones permanentes y avanzar hacia reglas más adaptadas a la situación económica actual. Del lado sindical, la prioridad será evitar una pérdida estructural de ingresos y sostener condiciones laborales históricas del sector marítimo.


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El entendimiento firmado en Buenos Aires también dejó un mensaje político hacia el resto de la cadena pesquera. Después de meses de conflicto, ambas partes resolvieron encarar una negociación de largo plazo en vez de sostener acuerdos de emergencia temporada tras temporada. La intención es evitar que la industria vuelva a ingresar en un escenario de parálisis como el que marcó el inicio de esta campaña de pesca.

Las cámaras empresarias consideran que el sistema laboral actual quedó desfasado frente al funcionamiento real de la actividad y presionarán para modificar mecanismos de liquidación, productividad y actualización salarial. El gremio, mientras tanto, intentará mantener el equilibrio interno frente a una discusión que seguramente generará resistencia entre sectores embarcados y tripulaciones.

Aunque el acuerdo permitió destrabar el conflicto inmediato, la verdadera negociación recién comenzará dentro de algunos meses. La discusión por el nuevo convenio colectivo aparece ahora como el núcleo de una transformación mucho más amplia dentro de la pesca argentina, en un contexto donde las empresas advierten que el esquema económico actual ya no garantiza rentabilidad ni previsibilidad para sostener la operatoria.

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