De Fate a Whirlpool: las empresas que dejaron de fabricar en Argentina y ahora importan

Actualidad09/05/2026Sergio BustosSergio Bustos

El avance de las importaciones durante el gobierno de Javier Milei ya empezó a mostrar un impacto directo sobre la industria argentina. En distintos sectores productivos, empresas históricas redujeron personal, cerraron fábricas o directamente abandonaron la producción local para pasar a importar productos terminados desde el exterior.

Cierre de Fate. Foto Confirmado Necochea
Cierre de Fate. Foto Confirmado Necochea.

La transformación atraviesa rubros muy diferentes: calzado, electrodomésticos, neumáticos, alimentos, herramientas, electrónica y muebles, entre otros. Detrás del fenómeno aparecen cierres de plantas, suspensiones, eliminación de turnos y miles de puestos de trabajo afectados en distintas provincias.

Los números muestran la magnitud del cambio. Según datos citados por la consultora Equilibra, el crecimiento de las importaciones durante 2025 fue casi seis veces superior al crecimiento del Producto Bruto Interno. Al mismo tiempo, aumentó con fuerza el peso de los bienes terminados dentro de la canasta importadora.


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Mientras en 2023 los productos finales representaban el 14% de las importaciones, para 2025 ese porcentaje ya trepaba al 23,8%. En paralelo, cayó la participación de bienes intermedios e insumos vinculados a la producción nacional.

Uno de los sectores más golpeados fue el de indumentaria y calzado. El Grupo Dass cerró en enero de 2025 su planta de Coronel Suárez, donde producía para Adidas, dejando sin trabajo a 360 empleados. A la vez, la marca deportiva incrementó más de 300% sus importaciones entre 2023 y 2025.

También Puma avanzó con despidos en La Rioja mientras aumentaban sus compras externas. Otro caso resonante fue el de John Foos, que cerró su fábrica en Beccar para pasar a importar zapatillas asiáticas.


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En la industria automotriz aparecieron señales similares. La autopartista SKF cerró su planta en Tortuguitas y trasladó líneas de producción hacia Brasil y México. Peugeot, por su parte, duplicó sus importaciones de vehículos y avanzó con retiros voluntarios y reducción de turnos en el país.

Uno de los golpes más simbólicos fue el cierre definitivo de Fate. La histórica fabricante de neumáticos terminó de desactivar su operación industrial después de un largo conflicto laboral. La empresa argumentó pérdida de competitividad frente a productos importados, especialmente provenientes de China.

El impacto también alcanzó con fuerza al sector de electrodomésticos. Whirlpool cerró su planta en Pilar, inaugurada apenas en 2022, y pasó a incrementar la importación de lavarropas y heladeras. La decisión implicó unos 300 puestos de trabajo menos.


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La reconversión se repitió en empresas como Pilisar, Peabody y Frimetal, donde se redujo o abandonó parte de la producción local para reemplazarla con importaciones o ensamblado de productos extranjeros. En algunos casos, las plantillas de trabajadores se redujeron drásticamente en pocos años.

En Tierra del Fuego, la apertura de importaciones de celulares también empezó a generar consecuencias. Newsan avanzó con despidos y suspensiones después de la eliminación de aranceles para teléfonos importados, mientras aumentaban las compras externas de equipos terminados.

La tendencia llegó incluso a sectores tradicionales como alimentos y artículos para el hogar. Lumilagro comenzó a importar termos desde China después de años sin compras externas, mientras reducía personal. Essen también incrementó la importación de ollas y sartenes asiáticas.


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En alimentos, Mondelez suspendió a 2.300 trabajadores en medio de un fuerte crecimiento de importaciones. Quilmes recortó personal en su planta de Zárate y Quickfood pasó a convertirse en una de las principales importadoras de carne del país.

El fenómeno alcanza además a químicos, herramientas, muebles, vidrio y baterías. Empresas como Kenvue, Bahco, Rigolleau y Moura redujeron producción local, cerraron líneas industriales o comenzaron a abastecerse desde Brasil, Colombia o China.

Mientras el Gobierno sostiene que la apertura comercial mejora precios y competitividad, distintos sectores industriales advierten que el nuevo escenario acelera una reconversión donde fabricar en Argentina resulta cada vez menos rentable frente al avance de productos importados.

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