Menos nieve, más lluvia y un riesgo silencioso: preocupa el agua en EE.UU.

Actualidad09/05/2026Sergio BustosSergio Bustos

El último invierno en el oeste de Estados Unidos dejó algo más que temperaturas atípicas: encendió una señal de alerta directa sobre el abastecimiento de agua. Los cambios en la forma en que cae y circula el recurso empiezan a comprometer la disponibilidad futura para consumo humano, producción agrícola y ecosistemas.

deshielo eeuu
Preocupa el deshielo en EEUU.

Investigadores de la Universidad Estatal de Oregón vienen siguiendo este fenómeno desde hace años, pero ahora encontraron evidencias concretas en el terreno. La temporada mostró menos nieve acumulada, deshielos más tempranos y una mayor proporción de lluvias, un patrón que modifica de manera profunda la dinámica hídrica.

El punto central del problema no es solo cuánto llueve o nieva, sino cómo se comporta ese agua una vez que llega al suelo. Según el estudio, el recurso se desplaza más rápido hacia ríos y embalses, lo que reduce su capacidad de almacenamiento natural y genera preocupación creciente por el abastecimiento en los meses más secos.


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Uno de los conceptos clave es la llamada “sequía de nieve”. Se trata de inviernos más cálidos en los que las precipitaciones caen como lluvia en lugar de nieve. Ese cambio impacta directamente en la “reserva” que históricamente funcionaba como una especie de batería natural para garantizar agua durante el verano.

Los datos son contundentes: cerca del 53 % de la escorrentía en la región proviene del deshielo. Cuando esa nieve disminuye o se derrite antes de tiempo, el agua se adelanta en el calendario y deja menos reservas para los períodos de mayor demanda, lo que pone en riesgo el abastecimiento para ciudades y actividades productivas.

El estudio se concentró en la cuenca del río Naches, en el estado de Washington, una zona especialmente sensible a los cambios de temperatura. Allí, los investigadores aplicaron modelos hidrológicos avanzados y técnicas con trazadores isotópicos para medir cómo se mueve el agua en el sistema.


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Uno de los resultados más relevantes es que los “tiempos de tránsito del agua” se están acortando. Las proyecciones indican que hacia finales de siglo el agua circulará en promedio un 18 % más rápido desde el paisaje hacia los cauces, lo que altera tanto la disponibilidad como la calidad del recurso.

Esa aceleración tiene consecuencias adicionales. Al moverse más rápido, el agua arrastra contaminantes con menos tiempo para que se filtren o degraden en el suelo. Esto aumenta el riesgo de afectar la calidad del agua en ríos y embalses, agravando aún más la preocupación por su uso seguro.

El impacto no se limita a una cuenca puntual. Los científicos advierten que este patrón puede replicarse en gran parte del oeste estadounidense, afectando a comunidades urbanas, zonas rurales y sectores productivos que dependen de un suministro estable.


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Además, el problema tiene una dimensión global. Se estima que una sexta parte de la población mundial depende del agua proveniente del deshielo, lo que convierte a este tipo de cambios en un desafío que excede a una región específica.

Frente a este escenario, los especialistas proponen un cambio en la forma de gestionar el recurso. Ya no alcanza con medir cuánto llueve o cuándo se derrite la nieve. Ahora es necesario entender cómo circula el agua dentro de los sistemas naturales para anticipar posibles crisis de abastecimiento.

La última temporada invernal, con sus anomalías, no hizo más que confirmar lo que la ciencia venía anticipando: el agua sigue estando, pero su comportamiento cambia. Y en ese cambio, cada vez más acelerado, aparece una preocupación concreta por garantizar el suministro en el futuro.

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