Sudamérica perdió 41 millones de hectáreas de bosque en una década

Actualidad14/05/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Un informe de Naciones Unidas ubicó a la región como la más afectada del planeta, con bosques primarios en retroceso y presión agrícola sostenida.

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La desaparición de bosques en Sudamérica alcanzó una escala superior a la de cualquier otra región del mundo entre 2015 y 2025. En ese período, el territorio sudamericano perdió unos 41 millones de hectáreas, con un promedio de 4,10 millones de hectáreas por año. La cifra coloca a la región en el punto más crítico de un problema global que afecta al clima, la biodiversidad y las comunidades que dependen de los ecosistemas forestales.

El dato surge de un nuevo informe de Naciones Unidas, que advierte sobre la distancia entre los compromisos internacionales y la situación concreta de los bosques. Los gobiernos asumieron la meta de detener y revertir la deforestación para 2030, pero el balance muestra que ese objetivo permanece lejos de cumplirse. La superficie forestal mundial tampoco avanza hacia el aumento del 3% previsto para 2030 en el Plan Estratégico de las Naciones Unidas para los Bosques.


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La pérdida sudamericana no solo implica menos árboles en el mapa. También incluye más de 10 millones de hectáreas de bosques primarios, ecosistemas antiguos que concentran una parte decisiva de la biodiversidad y del almacenamiento de carbono. Estos ambientes tardan siglos en formarse, por lo que su destrucción no puede compensarse de manera rápida con plantaciones o restauraciones recientes.

Un bosque primario funciona como un sistema complejo, no como una simple acumulación de vegetación madura. Allí conviven especies, suelos, humedad, ciclos de agua y reservas de carbono que sostienen procesos difíciles de reconstruir. Por eso, aunque una zona reforestada pueda mejorar una estadística forestal, no reproduce en el corto plazo la riqueza biológica ni la capacidad climática de un bosque antiguo.


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El informe también marca una diferencia central para interpretar los números globales. La pérdida neta de bosques en el mundo resulta menor que la registrada en los años noventa, pero el ritmo volvió a crecer durante la última década. Entre 2015 y 2025, el planeta perdió más de 40 millones de hectáreas de bosque, mientras los bosques primarios desaparecieron a razón de 1,61 millones de hectáreas por año.

La presión agrícola aparece como el motor principal de la deforestación a escala mundial. La demanda de alimentos, ganado, cultivos comerciales y leña empuja la frontera forestal en regiones de África, Sudamérica y Asia. En Bolivia, el informe identifica la expansión de la agricultura mecanizada como una de las causas centrales de la pérdida de bosques.


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El problema excede a las políticas forestales tradicionales. La protección de estos ecosistemas también depende de decisiones sobre agricultura, energía, transporte e infraestructura, porque esos sectores definen el uso real del territorio. El crecimiento urbano y el aumento de la población agregan más presión sobre zonas donde los bosques compiten con actividades económicas de expansión rápida.

A esa presión humana se suma el deterioro climático. Incendios forestales, sequías, olas de calor, plagas y enfermedades afectan cada vez más a los ecosistemas, incluso en países donde la deforestación muestra señales de estabilización. El informe advierte que los riesgos climáticos crecen más rápido que la capacidad de respuesta de muchos Estados.

La función de los bosques como sumideros de carbono también muestra señales de fragilidad. En 2023, el sumidero global de carbono terrestre cayó a su nivel más bajo en dos décadas, un dato que expone el desgaste de algunos ecosistemas naturales. Si esa capacidad se reduce, los bosques absorberán menos emisiones y el calentamiento global sumará una presión adicional sobre regiones ya afectadas.


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El financiamiento aparece como otro límite concreto. La gestión forestal sostenible recibió 84.000 millones de dólares en 2023, una cifra muy inferior a los 300.000 millones anuales que se estiman necesarios para 2030. La brecha golpea con más fuerza a países de ingresos bajos y medios, donde los bosques enfrentan presiones económicas fuertes y los recursos de protección resultan más escasos.

El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, remarcó en el prólogo del informe que “Los bosques se encuentran entre los recursos naturales más vitales de nuestro planeta”. También advirtió que enfrentan amenazas crecientes derivadas de “la deforestación, el aumento de las temperaturas, la incertidumbre económica y las divisiones geopolíticas”. Sus palabras ubican el problema forestal en una dimensión ambiental, social y económica al mismo tiempo.


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El documento no desconoce avances. A nivel mundial, existen más áreas protegidas, mejores sistemas de monitoreo, programas de restauración y países con políticas forestales fortalecidas. En América Latina, el informe menciona progresos en restauración, monitoreo y gestión de datos en Brasil, Chile, Colombia y Costa Rica, además de reformas vinculadas con la participación y el reconocimiento de Pueblos indígenas y comunidades locales en México, Bolivia y Guatemala.

La mejora, sin embargo, no alcanza para cambiar el balance general. De las 26 metas forestales evaluadas, solo siete aparecen ampliamente encaminadas. Las metas vinculadas con revertir la pérdida de bosques y erradicar la pobreza extrema entre poblaciones que dependen de ellos continúan fuera de rumbo, con Sudamérica en el centro de una pérdida que condiciona la respuesta climática de toda la región.

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