La Armada se quedó sin submarinos y exige presupuesto para patrullar el Mar Argentino

Actualidad18/05/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

El almirante Romay confrontó a los ministros de Defensa y Relaciones Exteriores por el recorte de fondos que paraliza los buques de guerra.

Submarinos de la Armada Argentina
Submarinos de la Armada Argentina. Foto Argentina.gob.ar

Las bases navales de todo el país albergan naves de guerra imposibilitadas de zarpar debido al estrangulamiento financiero crónico que sufre el sector militar. El presupuesto operativo quedó congelado por las últimas directivas de ajuste fiscal emitidas desde la Casa Rosada, inmovilizando los patrullajes de control rutinarios. Este parate forzoso de la flota destruye la capacidad de disuasión en el litoral marítimo frente a la pesca ilegal y las incursiones de banderas extranjeras.

La parálisis de los sistemas de armas convencionales expone el grado de vulnerabilidad tecnológica que sufren las fuerzas armadas nacionales en el siglo actual. Las tripulaciones carecen de repuestos básicos para los radares y cañones pesados por la pérdida de disponibilidad derivada de la falta de inversión en los talleres de mantenimiento. El atraso logístico obliga a la comandancia a demandar de apuro la incorporación de drones y ciberseguridad para maquillar la escasez de buques operativos con sensores remotos de vigilancia digital.


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El almirante Juan Carlos Romay aprovechó la celebración por los 212 años de la Marina de Guerra Argentina para romper el protocolo diplomático habitual y reclamar insumos frente a las autoridades políticas del país. La máxima autoridad naval pronunció su discurso en un atril montado directamente ante el ministro de Defensa, Carlos Presti, y el canciller Pablo Quirno. La presión pública de los uniformados busca que el equipo económico de la gestión presidencial libere partidas presupuestarias retenidas que ahogan el funcionamiento logístico ordinario.

El arma submarina representa el punto más crítico de esta desinversión estructural, dejando al país sin capacidad de patrullaje en las profundidades del Atlántico Sur. La fuerza necesita reincorporar unidades sumergibles de manera urgente si pretende ejercer un control soberano real frente a las potencias globales que operan en la periferia de la plataforma continental. El jefe militar justificó la presión sobre las arcas estatales al sentenciar que “aspiramos a recuperar capacidades navales y submarinas, que contribuyan a optimizar esa misión en la inmensidad de nuestros mares. Hoy la Armada Argentina procura estar preparada para hacer frente a los desafíos del siglo XXI”.


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La inmensidad territorial que la marina debe proteger contrasta con la escasez de unidades operativas aptas para adentrarse en aguas internacionales profundas. Los mandos navales rechazan las declamaciones abstractas sobre soberanía territorial si estas no vienen acompañadas por barcos navegando de forma permanente. La comandancia intentó sacudir la apatía de los funcionarios del Ejecutivo mediante una máxima cruda que resonó en todo el recinto militar: “El mar se controla estando en el mar”.

La dependencia de proveedores logísticos internacionales ata de manos a los astilleros locales que solían reparar la docena de barcos que posee la flota nacional. El almirantazgo advirtió que la soberanía tecnológica constituye el único camino viable para garantizar la autonomía estratégica del país frente a bloqueos o restricciones externas inesperadas. La parálisis de la industria naval autóctona condena a los mecánicos de la fuerza a canibalizar piezas de buques en desuso para mantener a flote los escasos cascos utilizables.


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El mapa de operaciones de la fuerza militar abarca desde los ríos estratégicos de la cuenca interior hasta los gélidos archipiélagos de las áreas australes de la Patagonia. La protección de estas rutas fluviales y marítimas comerciales representa la misión primordial de un cuerpo que ve recortadas sus capacidades operativas año tras año. Las patrulleras actuales apenas logran cubrir una fracción del Mar Argentino, dejando extensas zonas exclusivas a merced de flotas pesqueras extranjeras que depredan el recurso marítimo sin sanción alguna.

La proyección hacia el continente blanco corre peligro si el Estado nacional mantiene el actual esquema de desinterés por el patrullaje de los mares del sur. El almirante Romay remarcó la urgencia de que la conducción política de la Nación vuelva a “mirar al mar” con un fuerte foco estratégico fijado sobre la zona antártica. La presencia científica y logística en los reclamos territoriales polares exige el soporte constante de buques polares y rompehielos que hoy sufren los efectos del ajuste fiscal generalizado.


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El horizonte operativo de la marina de guerra ingresa en una etapa de degradación material irreversible que condiciona el futuro de la seguridad nacional. Las promesas de modernización externa chocan de frente contra una ventanilla de Hacienda que rechaza la compra de insumos básicos para la defensa nacional. La brecha insalvable entre el mandato constitucional de cuidar las fronteras fluviales y la disponibilidad real de medios operativos expone la indefensión total del territorio argentino.

Fuente: NA.

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