
Borenstein puso un techo al consumo y habló de un dólar que “un poco atrasado está”
Actualidad23/05/2026
REDACCIÓNEl economista proyectó inflación cercana al 30% y describió una recuperación desigual, con crédito frenado y ventas lejos de despegar.

Las ventas no muestran todavía un salto fuerte y el crédito para familias sigue quieto, aun cuando la economía dejó atrás la caída de los primeros meses del año. Sobre ese punto se apoyó el economista Andrés Borenstein, que trazó un escenario de crecimiento moderado para la Argentina y advirtió que algunos sectores continuarán prácticamente inmóviles durante buena parte de 2026.
El especialista sostuvo que el repunte del EMAE de marzo sorprendió incluso dentro de las previsiones privadas. El indicador marcó un crecimiento mensual del 3,5% y modificó parte del clima que se había instalado después de febrero, cuando aparecieron dudas sobre la continuidad de la recuperación. “Va a crecer 3,8%. No había que cambiar la perspectiva después de lo que pasó en febrero. La gente se pensó que se iba todo al demonio”, afirmó.


La lectura de Borenstein no se concentró únicamente en los números agregados. Al describir qué actividades pueden sostener el movimiento económico durante el resto del año, separó sectores con comportamientos muy distintos entre sí. Para la industria anticipó un escenario prácticamente detenido, con una mejora mínima, mientras que la construcción y el comercio recién podrían mostrar otra dinámica durante el segundo semestre.
El economista evitó presentar una recuperación homogénea y puso el foco en la fragilidad del consumo. “Va a levantar un poco pero no vas a ver ventas espectaculares”, explicó al referirse al comercio, en una señal de que el mercado interno todavía no consigue consolidar una mejora fuerte en la demanda cotidiana.
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Dentro de ese panorama, ubicó al crédito como uno de los factores más sensibles para medir la velocidad de la recuperación. Según indicó, los préstamos destinados a personas siguen sin reaccionar desde el año pasado y eso limita directamente la capacidad de consumo de los hogares. “Sigue estancado en lo que es el crédito a personas. Para las empresas anda bien”, detalló.
La mirada sobre el financiamiento apareció mezclada con las perspectivas para el comercio y la actividad general. Borenstein planteó que una eventual mejora en los préstamos familiares tendría impacto inmediato sobre las ventas y sobre algunos rubros que todavía muestran números débiles. “Si vuelve a crecer el crédito a familias, vamos a ver un repunte del comercio y se va a vender algo más”, señaló.
El economista también dejó una proyección menos optimista sobre los precios. Calculó que la inflación anual se moverá entre el 29% y el 30%, por encima de la registrada en el mismo período del año anterior. La estimación aparece en un contexto donde el Gobierno sigue defendiendo la estabilidad cambiaria como una herramienta central para sostener la desaceleración inflacionaria.
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Sobre el tipo de cambio, Borenstein eligió una posición intermedia y evitó definiciones absolutas. Reconoció que el peso luce apreciado frente al dólar, aunque consideró complejo modificar esa situación sin abrir otros problemas macroeconómicos. “Es muy difícil dar esa respuesta. Creo que un poco atrasado está, pero tampoco hay mucha alternativa sobre qué hacer”, sostuvo.
El análisis incluyó además una crítica a la manera en que buena parte de la sociedad interpreta los movimientos del mercado cambiario. Para el economista, la discusión pública sigue demasiado concentrada en el precio del dólar y deja afuera otros factores internacionales que también influyen sobre la competitividad argentina. “Cuando la gente mira solo el dólar es un error”, expresó.
Borenstein agregó que el tipo de cambio actual tampoco refleja únicamente variables locales porque la moneda estadounidense perdió fuerza a nivel global. Aun así, remarcó que el Banco Central mantiene intervención sobre el mercado y deslizó que el precio podría ubicarse todavía más abajo si la autoridad monetaria dejara de comprar divisas. La combinación entre inflación todavía elevada, consumo débil y crédito frenado deja abierta una recuperación mucho más lenta que la esperada meses atrás.














