
El salario mínimo cayó por debajo de los niveles de 2001 y pulverizó el poder de compra
Actualidad30/05/2026
REDACCIÓNUn informe de la UBA revela que el ingreso básico arrastra una quita del 39,3% desde finales de 2023. Hoy equivale apenas a un tercio de su récord histórico.

El poder adquisitivo del ingreso legal básico en la Argentina retrocedió a marcas inferiores a las registradas durante el estallido social del fin de la convertibilidad. Las mediciones de abril de 2026 certifican que la remuneración de referencia padece un proceso de degradación estructural que licúa los presupuestos familiares más desprotegidos. Este desplome de la canasta de compra convierte al haber mínimo en una variable de indigencia que deprime el piso de remuneraciones de toda la economía nacional.
Los registros procesados por el centro de investigación EDIL-IIEP confirman que la contracción del poder adquisitivo acumula una baja neta del 39,3% si se la confronta de manera directa con los valores vigentes en noviembre de 2023. Esta amputación de los ingresos reales deterioró las condiciones de vida de la masa de trabajadores informales y de aquellos asalariados que perciben las escalas iniciales de los convenios colectivos. La magnitud de esta devaluación interna supera con creces los movimientos ordinarios de las variables del mercado de trabajo.
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La etapa más destructiva de este ciclo de licuación salarial se concentró estrictamente durante las primeras semanas del reordenamiento de los precios relativos. Los ingresos de las familias experimentaron una poda real inmediata del 15% durante diciembre de 2023, una tendencia que se espiralizó al mes siguiente con una caída complementaria del 17% en enero de 2024. Ese bimestre de shock inflacionario fijó un piso de ingresos deprimido que nunca logró ser compensado por las discusiones paritarias.
Las recomposiciones nominales decretadas de manera discrecional por las autoridades políticas durante los períodos subsiguientes sirvieron únicamente como paliativos transitorios en meses de inflación moderada. Ninguna de las actualizaciones posteriores consiguió reconstruir el poder de compra perdido frente al salto inicial de la canasta básica alimentaria. El comportamiento de las pizarras de los supermercados esterilizó de forma inmediata cada incremento porcentual otorgado a las clases trabajadoras.
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La comparación contra el punto más alto de la serie estadística contemporánea expone un desierto de consumo que ilustra la profundidad de la crisis de los ingresos populares. El sueldo mínimo de la actualidad representa apenas un tercio del máximo histórico alcanzado en septiembre de 2011, consolidando una contracción estructural de largo plazo. Esta merma de las remuneraciones corrientes equivale a una erosión neta del 66% respecto de aquel techo de bienestar, un dato macroeconómico que excede las urgencias de la coyuntura inmediata.
El hundimiento de la remuneración básica convive con un achicamiento severo de la estructura del empleo registrado que afecta a cerca de 10 millones de asalariados formales. Las planillas del Sistema Integrado Previsional Argentino exponen que la masa de trabajadores protegidos se redujo en 290 mil puestos netos desde noviembre de 2023. Las corporaciones privadas de servicios consolidan salarios deprimidos en un mercado laboral cuya capacidad de contratación se asemeja a la vigencia del mes de junio de 2022.
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La fragilidad de los ingresos se distribuye de manera sumamente dispar entre los ocupados según el tamaño de las firmas donde prestan servicios de forma diaria. Las corporaciones de gran tamaño sostienen o incrementan sus plantillas de personal bajo pautas de remuneración deprimidas, aprovechando la alta oferta de mano de obra desocupada. Por el contrario, las pequeñas unidades productivas y comercios minoristas directamente recortan puestos ante la imposibilidad material de afrontar los costos mínimos de contratación.
El diagnóstico elaborado por el instituto de la Universidad de Buenos Aires desmitifica las lecturas optimistas del oficialismo sobre una supuesta recuperación vigorosa del consumo en el llano. Los coordinadores del monitoreo sistemático, Roxana Maurizio y Luis Beccaria, detallaron que las tímidas mejoras marginales en los índices de empleo no alcanzan para disimular la licuación de los haberes. El reporte académico resalta que la devaluación real del sueldo mínimo de los trabajadores condiciona de forma directa las expectativas de reactivación de las pymes locales.
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La estabilización estadística que exhiben las planillas del sector privado corre el riesgo de transformarse en una meseta de consumo deprimido para los próximos meses del calendario. La supervivencia del actual programa económico dependerá estrictamente de la capacidad del mercado interno para absorber la producción fabril con haberes que se encuentran congelados en la indigencia. El interrogante de fondo pasa por determinar si el salario mínimo podrá quebrar este piso histórico o si la devaluación salarial se consolidará como la variable de ajuste permanente del sistema.
Fuente: NA.
















