
El Movimiento Colibríes de la Escuela 741 ganó un premio del Centro Ana Frank Latinoamérica entre 72 iniciativas de 14 países por sus proyectos comunitarios.

Un grupo de estudiantes de Puerto Madryn viajará a Ámsterdam en agosto para representar a la ciudad, a Chubut y a Latinoamérica con proyectos nacidos dentro de la Escuela N° 741 Cabo Bombero Voluntario Juan Manuel Passerini. La delegación integra el Movimiento Colibríes, una propuesta escolar que trabaja sobre voluntariado, participación juvenil, memoria, accesibilidad y convivencia. El reconocimiento llegó a través del Centro Ana Frank Latinoamérica, que distinguió al proyecto en la categoría Jóvenes por Jóvenes.
El premio no apareció como una meta aislada, sino como consecuencia de un proceso sostenido dentro de la escuela. Las estudiantes contaron que trabajaron durante meses en distintas iniciativas, muchas veces sin pensar en un reconocimiento externo. Una de ellas resumió el impacto de la noticia con una frase directa: “Realmente es un sueño cumplido”.


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El relato fue compartido durante una entrevista realizada en #LA17, donde participaron estudiantes del equipo y la docente Agustina Quintero Espinazco. Allí explicaron que el viaje educativo se concretará en agosto, luego de haber atravesado una instancia de selección entre 72 proyectos presentados por instituciones de 14 países. La distinción reconoce iniciativas impulsadas por jóvenes que promueven inclusión, convivencia, participación ciudadana y transformación social en sus comunidades.
El Movimiento Colibríes se apoya en una idea sencilla, pero potente: cada estudiante puede hacer una parte frente a problemas que parecen demasiado grandes. Las chicas vincularon esa mirada con la fábula del colibrí, donde el aporte individual se suma al esfuerzo colectivo. Desde esa perspectiva, sostuvieron que el trabajo no busca imponer respuestas, sino visibilizar realidades cercanas y actuar desde la escuela hacia la comunidad.
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Una de las estudiantes marcó que el voluntariado no se vive solo como una tarea escolar. Lo definió como una forma de comprender lo que ocurre alrededor y de trabajar con otros desde una mirada juvenil. En ese sentido, afirmó que el reconocimiento internacional “invita al resto a unirse y a ver cómo venimos trabajando”.
La entrevista también dejó una respuesta frente a los prejuicios sobre las adolescencias. Las estudiantes cuestionaron la idea de que los jóvenes están desconectados de la realidad o solo usan el celular para distraerse. “Nadie sabe qué estamos haciendo con el celular”, planteó una de ellas, al explicar que las redes también sirven para difundir proyectos, activar campañas y convocar a otros estudiantes.
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La docente Agustina Quintero Espinazco ubicó el proceso dentro de una continuidad más amplia de la escuela. Recordó que la institución lleva el nombre de Juan Manuel Passerini, uno de los bomberos vinculados a la tragedia de Puerto Madryn y exestudiante de la escuela. También destacó que parte del trabajo del movimiento consistió en resignificar esa identidad institucional y llevar adelante acciones vinculadas con memoria, derechos y participación.
Entre los proyectos mencionados aparece Tu insulto no me alienta, una iniciativa que nació a partir de la experiencia de un estudiante frente a la violencia verbal en ámbitos deportivos. La propuesta trabaja sobre el uso del insulto como forma de supuesto aliento en la cancha y busca reemplazar esa práctica por mensajes de apoyo positivo. Según explicaron, el proyecto ya recorrió escuelas primarias, secundarias y otros espacios donde muchos jóvenes reconocieron haber vivido situaciones similares.
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Otro eje de trabajo es Colibríes de la accesibilidad por escuelas donde entremos todos, orientado a proteger el derecho a la educación de personas con discapacidad motriz o movilidad reducida. Las estudiantes realizan un relevamiento sobre la existencia y el estado de rampas en instituciones educativas de Puerto Madryn, desde jardines hasta universidades. Ese mapeo se construye junto al municipio y se difunde en redes para sumar información de la comunidad.
El tercer proyecto destacado fue ADN que supieron conseguir, centrado en el derecho a la identidad, la memoria y el conocimiento sobre el Banco Nacional de Datos Genéticos. La iniciativa surgió ante la desinformación sobre la dictadura cívico-militar, el índice de abuelidad y el trabajo de referentes como Estela de Carlotto, Anelia Navajas y Mary-Claire King. Las estudiantes elaboraron pictocuentos y cuentos de fácil lectura para acercar estos temas a las infancias.
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Mía, una de las integrantes del movimiento, vinculó el reconocimiento con la necesidad de enfrentar discursos de odio y fortalecer la comunidad. “Yo disfruto haciendo esto, disfruto transformar realidades, posicionarme en los pies de otras personas y ver que no todos somos iguales”, expresó al explicar qué la impulsa a participar. Su testimonio resumió el tono del grupo: emoción por el viaje, responsabilidad por representar a otros y conciencia sobre el trabajo que todavía queda por hacer.
El itinerario internacional todavía tiene detalles por confirmar, pero la docente adelantó parte del recorrido educativo. La delegación viajará a Ámsterdam, pasará por Berlín, visitará campos de concentración, tendrá diálogo con sobrevivientes del Holocausto, expondrá en La Haya y recorrerá la Casa de Ana Frank. El viaje de agosto marcará una nueva etapa para un movimiento escolar que nació en Puerto Madryn y ahora llevará sus proyectos a una instancia internacional.


















