
Los barcos extranjeros sacan 3 millones de toneladas de pescado en aguas argentinas y amenazan la fauna local
Actualidad05/06/2026
REDACCIÓNCientíficos y fundaciones advierten que la captura descontrolada de ejemplares jóvenes al borde de la milla 201 pone al ecosistema al borde del colapso total.

El calamar Illex argentinus funciona como el motor biológico invisible que sostiene la supervivencia de las principales especies comerciales y mamíferos marinos de la plataforma continental. Su alarmante escasez por sobrepesca altera de forma directa las tasas de reproducción de la merluza, las colonias de aves costeras y las poblaciones de lobos marinos del Atlántico Sur. Los biólogos advierten que la ruptura de esta cadena alimentaria básica traslada el desequilibrio hacia todo el ecosistema marino regional.
La altísima vulnerabilidad de este molusco responde a un ciclo de vida extremadamente corto que lo vuelve propenso a sufrir desmadres biológicos definitivos ante cambios climáticos y presiones extractivas masivas. Las estimaciones de la organización Environmental Justice Foundation describen un panorama de extrema fragilidad para la biodiversidad regional. La entidad internacional dejó asentado en sus informes técnicos que la presión actual “podría provocar un colapso poblacional en apenas un año”.
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La captura prematura de ejemplares jóvenes impide que los cardúmenes completen sus procesos de desove indispensables para garantizar la reposición natural del recurso de cara a las próximas temporadas. El presidente de la Fundación Latinoamericana de Sostenibilidad Pesquera (FULASP), Raúl Cereseto, equiparó esta preocupante depredación biológica con una lógica de explotación agropecuaria tradicional para evidenciar el daño a largo plazo. El directivo analizó la crisis al señalar que “Si empieza a matar terneros, vacas jóvenes y hembras antes de que puedan reproducirse, tarde o temprano ese rodeo desaparece”.
Las consecuencias de esta modalidad extractiva desbordan por completo el simple perjuicio contable que sufren las empresas exportadoras radicadas en la Patagonia. Los biólogos de la región centran su preocupación en la interrupción biológica de las cadenas migratorias compartidas que se mueven sin reconocer las fronteras marítimas legales. Raúl Cereseto ratificó esta mirada al concluir que “el verdadero problema no es solamente que se lleven más volumen que la pesca argentina. El daño más grave es biológico: muchas especies están siendo capturadas antes de completar su ciclo natural”.
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Los niveles de extracción en el Atlántico Sudoccidental experimentaron un incremento sostenido del 65% durante el quinquenio comprendido entre los años 2019 y 2024. Este crecimiento del esfuerzo pesquero global estuvo motorizado por la flota de bandera china, que aumentó sus horas de navegación y operaciones en un 85% dentro del mismo sector geográfico. Las flotas internacionales despliegan artes de pesca altamente eficientes que succionan los recursos migratorios en el borde exterior de la Zona Económica Exclusiva.
Las operaciones pesqueras ilegales reguladas bajo licencias coloniales otorgadas por el Reino Unido en las Islas Malvinas añaden un frente de presión biológica insostenible para el Mar Argentino. Las capturas británicas en el área usurpada treparon hasta las 261.903 toneladas anuales, vulnerando las pautas de conservación biológica de la plataforma. Los estudios científicos de microquímica de otolitos demostraron que la merluza común y el calamar forman parte de un stock compartido que migra constantemente entre la soberanía nacional y las áreas explotadas por las potencias extranjeras.
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La extracción específica de merluza común dentro del esquema de licencias británicas alcanzó las 54.714,5 toneladas durante el último período anual reportado por las agencias internacionales. Este volumen representa la cuarta cifra más alta registrada en la zona de exclusión desde el año 1989, evidenciando un recrudecimiento de la actividad extractiva en el Atlántico Sur. La falta de ordenamiento conjunto en alta mar impide coordinar cuotas de captura que respeten los tiempos de maduración biológica de los peces.
La flota local desembarca un promedio anual de entre 750.000 y 900.000 toneladas sumando la totalidad de sus puertos operativos. Esta producción nacional palidece frente a la descomunal capacidad extractiva de las flotas extranjeras, que succionan entre 1,5 y 3 millones de toneladas de recursos marinos cada año en la periferia de la zona económica. La diferencia de escala evidencia que las potencias asiáticas y europeas multiplican hasta por cuatro el volumen de captura que procesa la industria argentina en sus plantas costeras.
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El sector geográfico conocido popularmente como la milla 201 congrega anualmente una aglomeración flotante integrada por un piso de 400 a 600 buques extranjeros en operaciones simultáneas. Las luces de las embarcaciones procedentes de China, Corea del Sur y Taiwán configuran una verdadera ciudad flotante visible desde los satélites meteorológicos que vigilan el Atlántico Sur. Las autoridades enfrentan el desafío de contener una presión extractiva descontrolada que pone en riesgo la supervivencia de los empleos portuarios y la biodiversidad de todo el continente americano.
Fuente: NA.
















