Preocupa un “súper niño”: que se espera para Argentina

Actualidad09/06/2026Sergio BustosSergio Bustos

La posibilidad de un nuevo episodio de El Niño volvió a instalarse entre meteorólogos y organismos internacionales. Aunque todavía persisten dudas sobre la intensidad que alcanzará, las proyecciones más recientes coinciden en un punto: aumentan las probabilidades de lluvias abundantes y temperaturas superiores a lo habitual en amplias regiones del país durante los próximos meses.

super niño
Se viene el Super El Niño.

La preocupación no pasa solamente por los cambios en el tiempo cotidiano. Los especialistas advierten que un evento intenso podría incrementar el riesgo de inundaciones, olas de calor y problemas sanitarios asociados a las altas temperaturas, en un contexto climático que además muestra señales de transformación por el calentamiento global.

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) informó que la aparición de El Niño es prácticamente un hecho. Según las estimaciones difundidas por el organismo, existe un 80% de probabilidad de que las condiciones se consoliden entre junio y agosto y un 90% de que se mantengan a partir de entonces. Lo que todavía permanece bajo análisis es hasta dónde llegará su intensidad.


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Para la Argentina, la noticia tiene una doble lectura. Por un lado, disminuye significativamente la posibilidad de atravesar una nueva sequía generalizada como las que afectaron a distintas regiones durante los últimos años. Por otro, crece el riesgo de fenómenos asociados al exceso de agua y al calor extremo.

Pedro Di Nezio, uno de los principales especialistas argentinos en el fenómeno, explicó que incluso un "Súper El Niño" continúa dentro de los escenarios posibles, aunque no sea hoy el más probable. “Hoy podemos descartar tanto condiciones neutrales como un episodio de La Niña. Esto es una buena noticia para la Argentina porque reduce significativamente el riesgo de una nueva sequía generalizada. La discusión ya no pasa por si ocurrirá, sino por qué tan intenso será”, señaló.

Los antecedentes explican buena parte de la atención que genera el fenómeno. La última vez que se registró una versión extrema en el país fue en 1997. Aquel año quedaron imágenes de lluvias extraordinarias, extensas inundaciones en campos santafesinos y barrios enteros de la Ciudad de Buenos Aires cubiertos por el agua después de precipitaciones que superaron en pocos días los valores normales de todo un mes.


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El impacto potencial también alcanza a la salud pública. Los expertos señalan que temperaturas más elevadas y mayor humedad favorecen la propagación de enfermedades como el dengue y aumentan los riesgos de deshidratación y golpes de calor. A eso se suman posibles daños materiales provocados por tormentas intensas y crecidas de ríos y arroyos.

La secretaria general de la OMM, Celeste Saulo, pidió prestar especial atención al proceso que se está desarrollando en el Pacífico. “El Niño es un factor determinante de los patrones climáticos. Un océano más caliente aporta humedad y calor al sistema climático, lo que puede agravar fenómenos extremos como olas de calor y tormentas”, afirmó.

Los efectos no serían iguales en todo el territorio nacional. Según los especialistas, el Litoral, la Cuenca del Plata y gran parte de la región central tienen mayores probabilidades de recibir lluvias por encima de los valores normales. En cambio, en Cuyo podría representar cierto alivio para una sequía que se prolonga desde hace más de una década, aunque eso dependerá de la evolución que tenga durante el invierno.


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Mientras varios países de América Latina ya activaron mecanismos de prevención, en la Argentina todavía no aparecen anuncios específicos a nivel nacional vinculados a la llegada del fenómeno. Perú declaró el estado de alerta y Brasil reforzó sus sistemas de vigilancia ambiental y combate de incendios ante los posibles efectos de un nuevo ciclo climático.

Frente a ese escenario, los especialistas insisten en la necesidad de actuar antes de que aparezcan los problemas. Di Nezio planteó que “lo fundamental es implementar acciones que no lamentemos si el fenómeno no resulta extremo. Un ejemplo es adelantar el mantenimiento de desagües, canales y sistemas de drenaje. Si llegan lluvias intensas estaremos mejor preparados; y si no, igualmente habremos fortalecido la infraestructura”.

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