
El acercamiento entre Axel Kicillof y Máximo Kirchner no sorprendió al oficialismo, que prepara una campaña de polarización con el kirchnerismo.

La Casa Rosada mira el reencuentro entre Axel Kicillof y Máximo Kirchner como una señal esperable dentro del tablero peronista. La organización del funeral de Carlos “El Indio” Solari volvió a ponerlos en diálogo y dejó una lectura inmediata en La Libertad Avanza. En el oficialismo creen que esa foto anticipa una dinámica mayor para la pelea presidencial de 2027.
La frase que circuló en Balcarce 50 fue directa. “Es lógico. No sorprende para nada”, sostuvo un alfil libertario ante el acercamiento entre el gobernador bonaerense y el titular del PJ provincial. La definición no describe entusiasmo, sino previsión política: el Gobierno asume que el peronismo puede ordenar sus diferencias cuando se acerque la competencia nacional.


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La lectura oficial combina deseo y cálculo. En La Libertad Avanza quisieran que las disputas internas del PJ se estiren hasta el año próximo. A la vez, varias voces del espacio descuentan que esas diferencias no impedirán una estrategia común para las presidenciales.
Otra fuente de la administración libertaria puso esa idea en términos de carrera electoral. “Contamos con que, al final de la carrera, terminan juntos”, señaló. La frase funciona como advertencia interna para quienes imaginan un peronismo fragmentado durante todo el proceso.
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El acercamiento entre Kicillof y Máximo Kirchner llega en un momento de definiciones demoradas. Las decisiones electorales dentro del oficialismo quedaron postergadas para después del Mundial 2026. Ese calendario le permite a La Libertad Avanza mirar el movimiento peronista sin apurar nombres propios.
La estrategia libertaria se inclina hacia una campaña de polarización. El Gobierno busca confrontar con el sector que responde a Cristina Kirchner, aun cuando su conducción recibe cuestionamientos dentro del propio peronismo. En ese diseño, Kicillof aparece como una figura útil para ordenar la disputa en términos de contraste ideológico.
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Una de las tribus violetas expuso esa preferencia con crudeza. “La alternativa debe ser lo más kuka posible”, dijeron en Balcarce 50. La frase revela una apuesta electoral concreta: cuanto más identificable sea el rival con el kirchnerismo, más cómodo se siente el oficialismo para construir la pelea.
El diagnóstico sobre el PJ también incluye una lectura despectiva sobre sus disputas internas. Una voz con acceso al despacho presidencial afirmó: “El grado de internismo que tienen es inversamente proporcional a las chances de éxito”. Esa evaluación convive con la sospecha de que, pese a los choques, el peronismo puede terminar unido.
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Kicillof ocupa un lugar particular en ese razonamiento. Para los libertarios, su perfil sirve como adversario posible en una segunda vuelta. El gobernador bonaerense aparece, entonces, como amenaza eventual y como rival conveniente al mismo tiempo.
Máximo Kirchner también queda dentro de esa lectura. Su rol al frente del PJ bonaerense lo coloca en una posición de incidencia sobre el armado peronista. El contacto con Kicillof por la despedida del Indio Solari mostró una coordinación puntual, pero en la Casa Rosada lo interpretan como parte de una tendencia más amplia.
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La mirada no se agota en una competencia de dos polos. Otra lectura, fuera del armado libertario, ubica la posibilidad de una elección de tercios. En ese esquema aparece Mauricio Macri como opción de centro si decide competir por afuera, algo que todavía no está resuelto.
El oficialismo llega a 2027 con una hipótesis principal y una variante posible. La primera supone una pelea polarizada contra el kirchnerismo, con Kicillof como figura funcional para esa confrontación. La segunda admite un tablero más fragmentado, con espacio para una candidatura de centro capaz de alterar el cálculo inicial de la Casa Rosada.
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El acercamiento entre Kicillof y Máximo Kirchner, entonces, no fue leído como sorpresa sino como confirmación. La Libertad Avanza prepara su campaña bajo la idea de que el peronismo puede ordenar una oferta común. El punto pendiente será si esa unidad alcanza para competir o si solo le entrega al Gobierno el adversario que prefiere mostrar.
Fuente: NA.



















