
El corazón también juega: qué recomiendan los médicos antes del debut argentino
Enfoques15/06/2026
REDACCIÓNEspecialistas señalan que los partidos de alta tensión pueden disparar estrés, presión arterial y consultas cardíacas en personas con factores de riesgo.

Cuando juega la Selección argentina, muchos hinchas sienten que también entran a la cancha. La tensión del partido, la expectativa por el resultado y la identificación emocional con el equipo pueden generar una respuesta física real. En personas sanas suele quedar en nervios, pero en quienes tienen enfermedad cardiovascular o factores de riesgo puede transformarse en un problema de salud.
En la previa del debut argentino en el Mundial 2026, especialistas advierten que los partidos de alta carga emocional pueden aumentar las consultas cardíacas. Desde el Hospital Universitario Austral señalaron que, después de encuentros decisivos, las guardias suelen registrar un incremento cercano al 20% en atenciones vinculadas con dolor de pecho, arritmias o cuadros coronarios. El fenómeno no implica mirar el fútbol con miedo, sino entender qué pasa en el cuerpo y cuándo conviene pedir ayuda.


El cardiólogo José Bonorino, jefe de la Unidad Coronaria del Hospital Universitario Austral, describió una escena frecuente durante estos eventos. “Durante los partidos decisivos solemos ver un fenómeno curioso: las guardias se tranquilizan mientras dura el encuentro, pero después aparece un aumento de consultas”, explicó. Según el especialista, el crecimiento se observa especialmente en instancias definitorias, partidos ante rivales fuertes, clásicos o encuentros que llegan a penales.
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La explicación está en la respuesta del organismo frente al estrés. Un partido cargado de emoción puede activar el sistema nervioso simpático, liberar adrenalina, noradrenalina y cortisol, y elevar de manera transitoria la frecuencia cardíaca y la presión arterial. Bonorino definió este proceso como una “prueba de esfuerzo emocional”, porque el corazón trabaja más aunque la persona esté sentada frente al televisor.
El cardiólogo Mario Boskis, integrante de la Sociedad Argentina de Cardiología, explicó que durante un partido intenso es habitual que aumente el pulso. “Durante el partido es normal que aumente la frecuencia cardíaca y puede llegar hasta 120 o 130”, señaló. En la mayoría de las personas esa reacción baja cuando termina la tensión, pero en pacientes vulnerables puede actuar como gatillo de infartos, arritmias o crisis hipertensivas.
La evidencia internacional muestra que el fenómeno no es solo una percepción. Investigaciones realizadas durante mundiales anteriores registraron incrementos transitorios de emergencias cardiovasculares en jornadas con partidos de alta carga emocional. El dato no significa que el fútbol enferme por sí solo, sino que puede funcionar como disparador cuando ya existe un terreno previo de riesgo.
Los especialistas remarcan que la emoción importa más que el resultado. Una derrota frustrante y una victoria agónica pueden provocar respuestas fisiológicas parecidas, porque el cuerpo reacciona a la intensidad del momento. Incluso una alegría extrema puede generar una descarga suficiente como para descompensar a una persona con antecedentes cardíacos o con una enfermedad no diagnosticada.
El riesgo aumenta cuando al estrés del partido se suman hábitos típicos de los días de Mundial. El consumo excesivo de alcohol, las comidas pesadas, los snacks con mucha sal, el tabaco, la falta de sueño y muchas horas sentado pueden amplificar la carga sobre el sistema cardiovascular. También preocupa el abandono de la medicación habitual, especialmente en personas con hipertensión, diabetes, colesterol alto o antecedentes coronarios.
La recomendación central es no suspender tratamientos ni modificar dosis sin indicación médica. Quienes ya tienen diagnóstico cardiovascular deberían mantener sus controles, tomar la medicación en horario y consultar al médico de cabecera si sienten que los partidos les generan demasiada ansiedad o síntomas físicos. También puede ser útil mirar los encuentros acompañados, sobre todo en personas mayores o con antecedentes de arritmias, infartos o presión arterial elevada.
Las señales de alarma no deben minimizarse como simples nervios. Dolor o presión en el pecho, falta de aire, sudoración intensa, palpitaciones sostenidas, mareos, desmayos, náuseas o molestias que se extienden hacia brazos, espalda, cuello o mandíbula requieren atención. También deben tomarse en serio síntomas neurológicos como dificultad para hablar, pérdida de fuerza o asimetría en la cara.
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Bonorino fue claro al advertir que muchas personas demoran la consulta para no perderse el final del partido. Esa espera puede ser riesgosa cuando el cuadro es cardíaco o neurológico. Si un síntoma no desaparece en pocos minutos, lo indicado es interrumpir el partido y pedir asistencia médica.
La salud mental también ocupa un lugar importante en estas situaciones. La ansiedad puede empezar antes del pitazo inicial, con pronósticos, recuerdos, discusiones en redes sociales y escenarios imaginados. Esa anticipación puede generar insomnio, tensión muscular, irritabilidad, palpitaciones o molestias gastrointestinales, sobre todo en personas que viven el fútbol con una carga emocional muy alta.
Ver el Mundial con el corazón protegido no significa renunciar a la pasión. Significa comer más liviano, moderar el alcohol, hidratarse, moverse durante los entretiempos, evitar el tabaco y respetar los tratamientos médicos. La Selección puede despertar alegría, ansiedad y emoción, pero el partido más importante para quienes tienen factores de riesgo es cuidar la salud antes, durante y después de los 90 minutos.














