Ya son más de 450 mil los jubilados que siguen trabajando: qué cambia después del retiro

Actualidad16/06/2026Sergio BustosSergio Bustos

La imagen tradicional de la jubilación como el final definitivo de la vida laboral pierde fuerza año tras año en Argentina. Cada vez más personas continúan trabajando después de acceder al beneficio previsional, impulsadas por la necesidad de complementar ingresos, pero también por una mayor expectativa de vida y mejores condiciones de salud.

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Jubilados siguen trabajando.

Los números reflejan con claridad esa tendencia. Según registros de la Seguridad Social, a fines de 2025 había 453.186 jubilados que mantenían alguna actividad laboral formal mientras percibían su haber previsional. La cifra representa un crecimiento sostenido que se profundizó durante la última década.

El fenómeno abarca distintas modalidades de trabajo. La mayor parte corresponde a monotributistas, con más de 229.000 casos registrados. También aparecen trabajadores en relación de dependencia, autónomos y empleados de casas particulares que continúan desempeñando tareas pese a encontrarse en edad jubilatoria.


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Sin embargo, seguir trabajando después de jubilarse implica condiciones diferentes a las que regían durante la etapa activa. La legislación argentina permite compatibilizar el cobro de la jubilación con una actividad laboral, pero establece que la relación de trabajo original se extingue cuando se obtiene el beneficio previsional.

En la práctica, si una persona continúa trabajando para la misma empresa donde se desempeñaba antes de jubilarse, comienza un vínculo laboral completamente nuevo. Esa situación tiene consecuencias importantes sobre la antigüedad, ya que los años acumulados previamente dejan de computarse para una futura indemnización.

Los especialistas explican que el trabajador pasa a tener una nueva fecha de ingreso desde el momento en que accede a la jubilación. Por ese motivo, si posteriormente finaliza el contrato laboral, cualquier indemnización se calculará únicamente sobre el período trabajado después del retiro formal.


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La continuidad tampoco es automática. Una vez obtenida la jubilación, el empleador no tiene obligación legal de conservar al trabajador en su puesto. La posibilidad de seguir desempeñándose depende de un acuerdo entre ambas partes y puede interrumpirse si la empresa decide no mantener el vínculo.

Otro aspecto que suele generar dudas tiene que ver con los aportes. Los jubilados que continúan trabajando en relación de dependencia siguen realizando descuentos sobre su salario. Actualmente se aporta el 11% del sueldo, aunque esos fondos no generan mejoras futuras en el haber jubilatorio.

Según la normativa vigente, esos recursos se destinan al Fondo Nacional de Empleo. Esto significa que el trabajador percibe simultáneamente su salario y la jubilación, pero los nuevos aportes no incrementan el monto de la prestación previsional que ya recibe.


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También cambia la cobertura médica. Al jubilarse, la asistencia de salud deja de estar vinculada al régimen de trabajador activo y generalmente pasa al sistema correspondiente a jubilados, principalmente a través del PAMI. Las empresas pueden ofrecer coberturas adicionales, aunque ya no tienen las mismas obligaciones que existían durante la etapa laboral previa.

No todos los beneficiarios previsionales pueden retomar una actividad laboral sin consecuencias. Existen restricciones específicas para quienes cobran jubilaciones por invalidez o prestaciones asociadas a regímenes especiales vinculados con tareas riesgosas, penosas o insalubres. En esos casos, volver al trabajo podría afectar la continuidad del beneficio.

El crecimiento de los jubilados activos también expone una realidad económica. Las estimaciones indican que, además de quienes trabajan formalmente, más de 600.000 adultos mayores desarrollan actividades informales. Sumando ambos universos, cerca de un millón de jubilados continúa generando ingresos laborales en el país.

La evolución de los últimos años muestra la magnitud del fenómeno. En 2010 se registraban poco más de 176.000 jubilados activos. Quince años después, la cifra supera las 453.000 personas. El aumento alcanza el 65% en la última década y confirma que el trabajo después del retiro ya dejó de ser una excepción para convertirse en una realidad cada vez más frecuente.

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