La diferencia en las técnicas que define el camino de la fertilización asistida

Actualidad19/06/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Ambas técnicas buscan la fecundación fuera del cuerpo, pero se diferencian en el modo de unir óvulo y espermatozoide en laboratorio.

Fertilización asistida. Foto Magnific
Fertilización asistida. Foto Magnific

La elección entre FIV e ICSI suele aparecer cuando una pareja o una persona ya inició consultas, estudios y decisiones vinculadas con fertilización asistida. Las dos técnicas tienen el mismo objetivo médico: lograr que el óvulo y el espermatozoide se encuentren fuera del cuerpo. La diferencia central no está en el deseo de embarazo, sino en el grado de intervención del laboratorio para que esa fecundación ocurra.

La fertilización in vitro, conocida como FIV, representa una de las técnicas más tradicionales dentro de los tratamientos de alta complejidad. En ese procedimiento, los óvulos y los espermatozoides se colocan en un mismo medio de cultivo, bajo condiciones controladas. El laboratorio acompaña el proceso, pero la fecundación se produce de manera espontánea dentro de ese entorno preparado.


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La ICSI, en cambio, suma una intervención directa del embriólogo en el momento más sensible del procedimiento. En esta técnica, el especialista selecciona un espermatozoide y lo introduce dentro del óvulo mediante micromanipulación. La diferencia práctica es concreta: en la FIV se espera que el encuentro ocurra dentro del medio de cultivo, mientras que en la ICSI se facilita de forma manual.

El médico Gastón Rey Valzacchi, director de Procrearte, explicó esa distancia entre ambas técnicas con una definición precisa. “La diferencia no radica en el objetivo, sino en la forma en que se facilita la fecundación”, señaló. Luego completó: “En la FIV dejamos que el proceso ocurra de manera más cercana a lo natural; en la ICSI intervenimos de forma directa para asegurar que ese encuentro se produzca”.


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El punto que muchas veces se pierde en la conversación pública es que ninguna técnica resulta superior en todos los casos. Rey Valzacchi remarcó que, desde el punto de vista clínico, la elección depende de la historia médica, los estudios previos y las características particulares de cada paciente. “La elección depende de la historia médica, los estudios previos y las características de cada caso”, precisó el especialista.

Las dos técnicas forman parte de un proceso más amplio que no empieza ni termina en la fecundación. Antes aparecen la estimulación ovárica, la punción para obtener los óvulos y la evaluación de los gametos. Después continúa el cultivo embrionario, una etapa común para ambos métodos, donde el laboratorio sigue la evolución de los embriones antes de definir los pasos posteriores.


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La FIV suele indicarse cuando existen situaciones como obstrucción de trompas, endometriosis, fallas en tratamientos de menor complejidad o infertilidad de origen desconocido. Esa elección requiere que la calidad espermática sea adecuada para permitir la fecundación en el medio de cultivo. En esos cuadros, el equipo médico puede optar por una estrategia menos intervenida en el momento de unión entre óvulo y espermatozoide.

La ICSI se utiliza con mayor frecuencia cuando aparecen factores masculinos severos, como baja concentración o movilidad espermática. También puede indicarse cuando ya existieron fallas previas de fecundación con FIV convencional. En esos casos, la intervención directa del embriólogo busca reducir el riesgo de que el encuentro entre gametos no ocurra pese al trabajo previo del tratamiento.


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La directora de la red de medicina reproductiva, Liliana Blanco, explicó que la estrategia puede ajustarse incluso el mismo día del procedimiento. “Cada tratamiento se define de manera personalizada. Incluso el mismo día del procedimiento, el equipo puede ajustar la estrategia según la calidad de los gametos”, señaló. Esa flexibilidad muestra que la indicación no depende solo del diagnóstico inicial, sino también de lo que el laboratorio observa durante el ciclo.

Blanco también indicó que algunos tratamientos pueden combinar ambas técnicas dentro de un mismo ciclo. “En algunos casos, ambos métodos pueden combinarse en un mismo ciclo para maximizar las probabilidades de éxito y obtener más información diagnóstica”, añadió. Esa posibilidad permite comparar respuestas, aprovechar mejor los gametos disponibles y reunir datos útiles para decisiones futuras.


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Los resultados clínicos no dependen únicamente de elegir FIV o ICSI. La calidad embrionaria, la receptividad endometrial y las condiciones generales de salud de la paciente tienen un peso determinante. Por eso, los especialistas insisten en que la técnica de fecundación es una parte del tratamiento, pero no el único factor que explica las posibilidades de embarazo.

La evidencia internacional muestra tasas comparables cuando cada técnica se indica de manera correcta. La ICSI creció con fuerza en las últimas décadas, sobre todo en casos de factor masculino, aunque también se expandió hacia situaciones donde no siempre resulta estrictamente necesaria. En la experiencia citada de la red de medicina reproductiva, ciclos realizados en Buenos Aires alcanzaron 85% de fecundación tanto en FIV como en ICSI, con embarazo cercano al 35% e implantación del 22%.


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La decisión final exige una lectura médica individual y no una elección guiada por siglas. Para quienes inician un tratamiento, la pregunta más importante no es cuál técnica parece más moderna, sino cuál corresponde a su historia clínica, sus estudios y la calidad de los gametos disponibles. El camino pendiente, en cada caso, será ordenar expectativas y definir una estrategia con información clara antes de avanzar.

Fuente: NA.

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