
Hallan en Río Negro un cocodrilo terrestre de más de 100 millones de años
Actualidad19/06/2026
REDACCIÓNLa especie Antusuchus rionegrinus fue identificada en La Buitrera y revela cómo vivían antiguos depredadores en los desiertos patagónicos.

Un cocodrilo terrestre del tamaño aproximado de un perro mediano habitó el norte de la Patagonia hace más de 100 millones de años. La nueva especie fue identificada a partir de fósiles encontrados en el Área Paleontológica La Buitrera, en Río Negro. El hallazgo permite reconstruir parte de un ecosistema árido donde antiguos depredadores convivían con dinosaurios durante el período Cretácico.
La especie fue bautizada como Antusuchus rionegrinus y pertenece al grupo de los peirosáuridos, cocodrilos terrestres depredadores que se distribuyeron por los continentes australes en la era de los dinosaurios. Su identificación fue publicada en la revista científica Historical Biology. El descubrimiento suma nueva información sobre una línea evolutiva muy distinta a la de los cocodrilos actuales.


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A diferencia de las especies modernas, asociadas principalmente a ambientes acuáticos, Antusuchus rionegrinus estaba adaptado a la vida en tierra firme. Los investigadores estiman que ocupaba un rol de depredador dentro de un ambiente dominado por dunas, calor y sequedad. Esa característica lo convierte en una pieza relevante para comprender cómo funcionaban las cadenas alimentarias en los antiguos desiertos patagónicos.
El paisaje donde vivió este animal era muy distinto al actual. Hace unos 100 millones de años, en la región que hoy ocupan Río Negro y Neuquén, se extendía el Desierto de Kokorkom, un sistema de dunas móviles con condiciones cálidas y secas. En ese ambiente también convivían algunos de los dinosaurios más grandes que habitaron la Tierra.
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Los restos fueron hallados en cercanías de La Piedra Sola y corresponden a dos ejemplares. Para analizarlos, los especialistas utilizaron preparación mecánica, tomografías computadas de alta resolución y microscopía electrónica. Esas herramientas permitieron estudiar estructuras internas sin dañar el material fósil, un punto central cuando se trabaja con piezas únicas.
La investigación fue liderada por la doctora María Lucila Fernández Dumont, de la Fundación Azara. El estudio se apoya en más de dos décadas de trabajos científicos realizados en La Buitrera por el equipo encabezado por el paleontólogo Sebastián Apesteguía. Esa continuidad convirtió al yacimiento en una referencia para conocer la vida prehistórica de la Patagonia.
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Las características anatómicas de los fósiles permitieron determinar que se trataba de una especie desconocida hasta ahora para la ciencia. Los datos obtenidos aportan información sobre la evolución de los peirosáuridos y sobre la diversidad de depredadores terrestres del Cretácico. También ayudan a entender cómo esos animales se adaptaron a ambientes exigentes, lejos del modo de vida acuático que hoy suele asociarse con los cocodrilos.
Desde la Secretaría de Cultura de Río Negro destacaron la importancia científica del hallazgo y el trabajo de preservación que se realiza en los yacimientos paleontológicos provinciales. La Buitrera continúa revelando especies desconocidas y sostiene su lugar entre los sitios más relevantes del país para la paleontología. Su proyección nacional e internacional se fortalece con cada nuevo registro recuperado en el área.
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El descubrimiento también muestra el valor de las técnicas modernas aplicadas a materiales fósiles recolectados en zonas de alto interés científico. Las tomografías y los estudios de precisión permiten observar detalles que antes podían pasar inadvertidos. Esa información resulta clave para comparar especies, reconocer parentescos y ubicar a cada animal dentro de la historia evolutiva del grupo.
Más de 25 años después del inicio de las investigaciones sistemáticas en el área, Antusuchus rionegrinus vuelve a colocar a Río Negro en el mapa paleontológico. El hallazgo no solo incorpora una nueva especie, sino que también amplía la imagen de una Patagonia antigua atravesada por dunas, grandes dinosaurios y depredadores terrestres especializados. El desafío pendiente será seguir recuperando evidencias que permitan completar cómo era la vida en esos desiertos del Cretácico.
Fuente: Diario Río Negro
















