El petróleo cayó casi 10% pero la nafta no tiene baja asegurada

Actualidad20/06/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

La caída del WTI reactivó la pregunta por los surtidores, pero impuestos, márgenes y conflicto externo frenan una rebaja automática en el país.

Precio del combustible
Precio del combustible

La baja internacional del petróleo volvió a poner a los precios de los combustibles argentinos frente a una pregunta concreta: cuánto de esa caída puede llegar al surtidor. El WTI pasó de USD 84,88 a USD 76,54 por barril a mediados de la semana, una reducción cercana al 9,8%. Ese movimiento podría sugerir una rebaja inmediata de la nafta, pero el mercado local no se mueve con una relación lineal entre crudo y surtidor. La composición del precio incluye impuestos, márgenes comerciales, costos internos y decisiones empresarias. Por eso, el descenso externo puede transformarse en una baja parcial, en una pausa de aumentos o en ninguna modificación visible para el consumidor.

El análisis del ingeniero Roberto Carnicer, director del Instituto de Energía de la Universidad Austral, marca el punto de partida para medir esa distancia. Entre febrero y marzo, el WTI subió 41,7%, mientras la nafta súper de YPF en la Ciudad de Buenos Aires aumentó 24,2%. En términos simples, el surtidor trasladó alrededor del 58% del aumento porcentual del crudo. Esa relación sirve como referencia, aunque no como regla automática. Si se aplicara la misma elasticidad ahora, habría un margen teórico para reducir el precio, pero el cálculo no alcanza para anticipar una decisión comercial inmediata.


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Carnicer estimó que, con esa elasticidad observada en marzo, la nafta súper tendría un margen de reducción de aproximadamente $117 por litro, hasta ubicarse cerca de $1926. Un traslado pleno de la baja del crudo llevaría el litro a alrededor de $1842, algo más de $200 por debajo del precio vigente. El propio análisis, sin embargo, advierte que esa cifra funciona solo como referencia teórica. La razón aparece en una frase central: “ese escenario debe leerse solo como referencia teórica, porque el precio final de la nafta no está compuesto únicamente por crudo”. El dato ordena la discusión, porque evita convertir una baja internacional en una promesa automática para los consumidores.

La dinámica local de los últimos meses también limita la expectativa de una rebaja completa. Después del aumento inicial de marzo, el precio de la nafta quedó casi congelado en la Argentina pese a que el WTI seguía en niveles elevados. Carnicer observó que en abril y mayo el crudo continuó alto, pero los surtidores no repitieron nuevos saltos. En su informe señaló que “el mercado local amortiguó el shock, ya sea por política comercial, márgenes, impuestos, o decisiones de estabilización”. Esa amortiguación funcionó como contención cuando el petróleo subía, pero ahora puede ser el argumento para no trasladar toda la caída.


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El punto de tensión está en la simetría que espera el consumidor cuando el precio internacional se mueve en sentido contrario. Si el surtidor sube cuando el crudo aumenta, la baja del WTI instala la expectativa de algún alivio. Carnicer lo plantea con una definición precisa: “si el surtidor se ajusta cuando sube el petróleo, el consumidor tiene derecho a esperar algún grado de simetría cuando el petróleo baja”. El informe aclara que esa simetría no tiene por qué ser perfecta ni inmediata. Pero también remarca que debería poder explicarse con claridad, porque la nafta incide en costos logísticos, expectativas de inflación y percepción pública.

La discusión no se limita a una decisión de petroleras o estaciones de servicio. Los combustibles forman parte de una cadena de costos que llega al transporte, a la distribución de alimentos, a la actividad comercial y al bolsillo de los hogares. En una economía sensible a cualquier movimiento de precios, una reducción parcial podría tener impacto sobre expectativas, aunque no resuelva por sí sola el problema inflacionario. El análisis indica que la caída reciente del WTI deja espacio para revisar precios o, como mínimo, evitar nuevos aumentos si el crudo se estabiliza en niveles menores. Esa alternativa aparece hoy como una salida más probable que una rebaja plena e inmediata.


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El frente impositivo agrega otro componente a la discusión. Un proyecto ingresado al Senado por el legislador santacruceño José María Carambia propone reducir el peso de los impuestos nacionales sobre los combustibles. La iniciativa contempla mantener y fortalecer el tratamiento diferencial para determinadas zonas del sur argentino, además de reducir a la mitad la alícuota del impuesto a los combustibles líquidos en el resto del país. Esa propuesta apunta a otro tramo del precio final, no al crudo internacional. Si prosperara, podría modificar el valor de surtidor por una vía fiscal, aunque su tratamiento legislativo todavía queda pendiente.

El contexto externo mantiene un grado alto de incertidumbre. El acuerdo anunciado entre Estados Unidos e Irán había impulsado la baja del petróleo por la expectativa de normalizar el flujo energético en el Golfo Pérsico. Pero el régimen iraní anunció un nuevo cierre del Estrecho de Ormuz, por donde circula más del 20% del comercio internacional de petróleo, en respuesta a ataques israelíes contra Hezbollah en el Líbano. Ese dato vuelve frágil cualquier proyección de precios. Una baja del WTI puede revertirse si el conflicto altera la oferta global o eleva nuevamente el riesgo geopolítico.


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La nafta argentina quedó, entonces, atrapada entre tres variables que no se resuelven al mismo tiempo: el precio internacional del crudo, la estructura local de costos e impuestos y la volatilidad del conflicto externo. El descenso del WTI ofrece margen para aliviar o frenar ajustes, pero no obliga por sí solo a una rebaja inmediata. El consumidor mira el surtidor con una expectativa lógica, después de meses de aumentos y costos acumulados. Las petroleras y el Gobierno, en cambio, observan márgenes, impuestos, reservas de estabilidad y riesgo internacional. El límite pendiente está en saber si la caída del petróleo se transformará en un alivio real o solo en una pausa antes de la próxima decisión de precios.

Fuente: Infobae.

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