El calzado argentino perdió producción frente a 67 millones de pares importados

Actualidad20/06/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

La industria local recorta empleo y producción mientras crecen las importaciones, cae el consumo y el sector pide sostener medidas contra China.

Industria argentina del calzado
Industria argentina del calzado

La industria argentina del calzado quedó atrapada entre una demanda interna débil, el crecimiento de las importaciones y una estructura de costos que reduce márgenes. Entre enero de 2025 y mayo de 2026 ingresaron al país 67 millones de pares importados, una cifra que marca el tamaño de la presión sobre la producción local. El dato no aparece aislado: en el mismo período, fábricas redujeron personal, empresas cerraron y varias marcas reorganizaron su negocio. La discusión sectorial ya no pasa solo por vender menos, sino por sostener empleo, financiamiento y reglas de competencia frente al producto que llega desde el exterior.

El salto importador tuvo dos tramos bien definidos. En 2025, las compras externas alcanzaron 51 millones de pares, por un monto de USD 721 millones, con una suba del 38% en cantidades y del 20% en valores frente al año anterior. En los primeros cinco meses de 2026, las importaciones sumaron otros 16 millones de pares, según los datos disponibles de la Cámara de la Industria del Calzado. La cuenta final deja al sector frente a un flujo de 67 millones de pares en 17 meses. Para las pymes industriales, ese volumen llega en un momento de consumo flojo y rentabilidad comprimida.


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La producción local acusa el impacto con números fuertes. De acuerdo con el Indec, el rubro registró en el primer cuatrimestre una caída del 24% frente al mismo período de 2025 y del 22,1% en comparación con 2024. La Cámara de la Industria del Calzado detalló que durante 2025 se fabricaron 80,4 millones de pares, un 14,5% menos que en 2024 y un 25,6% por debajo de 2023. La caída también se trasladó al empleo y a la cantidad de establecimientos. Entre noviembre de 2023 y diciembre de 2025 se perdieron 6.014 puestos de trabajo y cerraron 165 unidades productivas.

Las empresas ya muestran decisiones defensivas frente a ese cuadro. John Foos dejó de fabricar zapatillas en su planta de Beccar para importar desde Asia, mientras que en Córdoba cerró Gomas Gaspar, dedicada durante más de tres décadas a producir suelas y bases. El Grupo Dass, fabricante para marcas internacionales como Nike, Adidas, Umbro, Fila y Asics, atraviesa un proceso de ajuste y desvinculó a 43 empleados. Viamo ingresó en concurso preventivo de acreedores después de realizar despidos y cerrar locales. Cada caso tiene su propia historia, pero todos muestran una misma tensión entre costos internos, caída de ventas y competencia externa.


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El testimonio de Emanuel Fernández, dueño de Zapatillas Kioshi, expone la magnitud del ajuste dentro de una empresa concreta. “La situación del sector está bastante mal. Nosotros tuvimos que reducir personal, pasando de 120 a 15 empleados; y achicamos mucho la gama de productos, nos estamos enfocando en un nicho deportivo”, señaló. También explicó que la firma combina producción e importación, además de tercerizar algunos procesos. Su diagnóstico sobre el mercado fue igual de duro: “La venta está costando, principalmente por el cierre de comercios que no pueden afrontar los alquileres. Ni lo importado se está vendiendo”. Esa frase resume un problema doble: entra más mercadería, pero el consumo tampoco absorbe todo.

La preocupación empresaria mira ahora a diciembre, cuando vencen las medidas antidumping contra China. Fernández advirtió que no renovarlas tendría consecuencias graves para la actividad local. “Sería un golpe letal para el sector si no se renuevan”, sostuvo. La demanda no se limita a frenar importaciones, sino a evitar una competencia considerada despareja por costos, tributación, controles y escala productiva. Para la industria nacional, el punto sensible está en que una apertura sin herramientas de defensa puede acelerar cierres. En ese marco, las medidas contra China aparecen como una barrera que el sector considera necesaria para ganar tiempo y sostener capacidad productiva.


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El comercio minorista tampoco ofrece alivio suficiente. Según la Confederación Argentina de la Mediana Empresa, en mayo las ventas de calzado y marroquinería cayeron 0,2% interanual y acumularon una baja de 0,9% en los primeros cinco meses del año. Hubo una mejora mensual de 3,1%, empujada por el frío y por la reposición de calzado de invierno, pero el cuadro general sigue ajustado. CAME describió que el volumen se sostuvo con descuentos, financiación y acciones promocionales. También advirtió que la rentabilidad sufrió por costos fijos, informalidad y liquidación anticipada de inventario para asegurar rotación.

Fabián Castillo, presidente de la Cámara de Comercio del Calzado, marcó otro cambio de fondo: los hábitos de compra se movieron con fuerza entre los consumidores menores de 40 años. Ese público prioriza moda, compra por redes y obliga a los comercios a adaptarse de forma constante. El repunte reciente estuvo asociado a las bajas temperaturas, con mayor salida de botas tipo australianas, valoradas por su precio cercano a los $50.000 y por su abrigo. Castillo también señaló que las importaciones pueden traer problemas de talles y cambios por fallas, además de productos de baja calidad. En esa diferencia, la industria nacional intenta sostener una ventaja de fabricación y respuesta.


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La Cámara de la Industria del Calzado identifica problemas estructurales que exceden la coyuntura. Entre ellos aparecen la asimetría regulatoria, la carga tributaria, los costos logísticos, financieros y laborales, la falsificación marcaria, el contrabando y la informalidad en la cadena de valor. También menciona la dificultad de las pymes para acceder a crédito, un punto que limita inversión, tecnología y ampliación de capacidad. El ingreso de productos por pasos críticos como Jama, Sico, Aguas Blancas y Bernardo de Irigoyen suma otra presión sobre empresas registradas. La competencia desleal golpea precios, calidad, empleo formal y trazabilidad del producto.

El sector pide medidas concretas para atravesar el momento sin seguir perdiendo fábricas. Entre las propuestas figuran crédito para pymes manufactureras con tasas subsidiadas, tarifas eléctricas diferenciadas, reducción progresiva de Ingresos Brutos, controles aduaneros más firmes y valores criterio para prevenir subfacturación. También reclama regular plataformas internacionales de comercio electrónico y limitar embargos automáticos sobre cuentas bancarias de pymes con deudas fiscales. El límite pendiente está en si el Estado decide acompañar una reconversión industrial o deja que el mercado ordene el sector con menos empresas, menos empleo y mayor peso importador. Para el calzado argentino, la pelea inmediata no es solo vender más pares, sino conservar la posibilidad de producirlos.

Fuente: Infobae.

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