
El exjugador criticó al DT luego del 0-0 ante Curazao, reclamó un cambio urgente y propuso a Aguinaga o Valencia antes del cruce con Alemania.

Ecuador quedó parado frente a Alemania con un punto, sin goles convertidos y una discusión interna que ya no se limita al resultado contra Curazao. El empate sin tantos por la segunda fecha del Grupo E del Mundial 2026 dejó al equipo de Sebastián Beccacece con una obligación deportiva pesada para la última jornada. La Tri necesitaba ganar ante una selección debutante que venía de recibir siete goles en su estreno, pero apenas sumó una unidad y profundizó el malestar alrededor del entrenador argentino. En ese clima, Jefferson Montero salió públicamente a pedir su salida y puso nombres propios para tomar el mando antes del partido más difícil de la zona.
El mensaje del exfutbolista fue directo y expuso una ruptura pública con el ciclo de Beccacece. Montero no habló desde una crítica liviana ni desde una frase aislada de redes sociales, sino desde una lectura severa sobre el daño que, según él, sufrió una camada llamada a competir mejor. “¡Deja de vender humo y renuncia a la Tri! Ten un poco de dignidad. Le has hecho mucho daño a nuestro fútbol con una generación que estaba llamada a ser la mejor de la historia”, escribió. La frase golpeó con fuerza porque llegó después de dos partidos mundialistas sin victorias y en la previa de una definición contra el rival más poderoso del grupo.


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La comparación entre el potencial del plantel y la producción del equipo aparece como el centro de la crítica. Ecuador empezó el Mundial con una derrota ante Costa de Marfil y luego desperdició una oportunidad muy favorable ante Curazao, una selección que disputa su primera Copa del Mundo. El equipo ecuatoriano necesitaba acomodarse en la tabla, pero terminó atrapado en un empate que dejó una sensación de ocasión perdida. Esa combinación de resultado, rival y momento instaló una presión distinta sobre el cuerpo técnico, porque la exigencia ya no pasa sólo por competir, sino por recuperar respuestas antes del cierre del grupo.
Curazao llegó al partido golpeado por el 7-0 sufrido ante Alemania, pero resistió a Ecuador y consiguió su primer punto mundialista. Ese dato explica buena parte del enojo que se instaló alrededor de la Tri, porque el empate no se leyó como un resultado menor dentro de una zona equilibrada. El rival llegaba con antecedentes inmediatos muy duros, y aun así Ecuador no pudo romper el cero. La frustración creció porque el equipo de Beccacece no convirtió en las dos primeras fechas, un síntoma que agrava cualquier análisis antes de jugarse la continuidad frente a Alemania.
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Montero también sostuvo que su crítica no nació después del empate, sino que respondía a una advertencia previa sobre la conducción técnica. “Hace mucho tiempo advertí que esto podía pasar teniendo a este entrenador al frente. Tenemos a referentes como Álex Aguinaga y Antonio Valencia, que se han ganado la oportunidad de dirigir a la selección. Denles una oportunidad”, expresó. La propuesta no se queda en el pedido de salida, porque incorpora dos nombres con peso histórico dentro del fútbol ecuatoriano. En su mirada, el recambio debe apoyarse en figuras que conozcan la camiseta y tengan legitimidad ante el plantel.
La mención a Álex Aguinaga y Antonio Valencia agrega una dimensión simbólica fuerte al reclamo. Montero no propone un técnico neutral ni una salida administrativa, sino una conducción asociada a referentes de la selección. Esa idea toca una fibra sensible en un momento de urgencia deportiva, porque Ecuador llega a la tercera fecha con escaso margen y una fuerte necesidad de identificación. El planteo del exjugador sugiere que el problema no se reduce al sistema táctico o al resultado ante Curazao, sino a la relación entre el equipo, su conducción y la historia reciente del fútbol ecuatoriano.
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El pedido fue todavía más lejos cuando Montero reclamó que esos referentes tomen el equipo antes del cierre del grupo. “Que ellos preparen y dirijan nuestro próximo partido contra Alemania. La Tri necesita un cambio urgente y gente que realmente sienta estos colores”, añadió. La frase concentra el nivel de apuro que atraviesa el debate: no plantea una evaluación para después del Mundial, sino una modificación inmediata. En términos deportivos, la propuesta resulta extrema porque pretende mover al cuerpo técnico antes de un partido decisivo, pero también muestra el grado de deterioro que rodea al ciclo de Beccacece.
La situación de Ecuador quedó comprometida por la tabla y por el funcionamiento. Con un punto en dos fechas, la Tri llega a la última jornada sin depender sólo de una mejora estética o de una reacción parcial. Necesita una respuesta concreta frente a Alemania, que aparece como el rival más fuerte del grupo y uno de los equipos que mejor arrancó la Copa del Mundo. La falta de goles agranda el problema porque limita cualquier margen de especulación. Ecuador ya no puede sostenerse en promesas de crecimiento: el partido siguiente pide eficacia, orden y un golpe futbolístico de alto impacto.
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El empate ante Curazao también cambió el valor político de la palabra de Montero. Su mensaje no cayó en un clima de calma, sino en una selección que ya venía golpeada por el debut perdido ante Costa de Marfil. La crítica de un exjugador mundialista se amplificó porque expresó el malestar de una parte del ambiente ecuatoriano y puso en duda la continuidad del entrenador en plena competencia. Beccacece quedó en el centro de una discusión que mezcla resultados, autoridad, identidad y la sensación de que una generación con grandes expectativas se quedó sin reacción en el momento más visible.
Alemania aparece ahora como el límite deportivo del ciclo dentro del Mundial. El partido ya no será sólo una tercera fecha de grupo, porque Ecuador llega condicionado por la tabla, por el cero en el arco rival y por un reclamo público que pidió cambiar al entrenador antes del encuentro. Beccacece deberá preparar el duelo bajo presión máxima, con una clasificación comprometida y con referentes históricos mencionados como alternativa. El margen quedó reducido a un partido que puede definir no sólo el futuro mundialista de la Tri, sino también la autoridad del cuerpo técnico frente a una crisis abierta.
Fuente: NA.

















