Perforaron más de tres kilómetros de hielo y encontraron una gigantesca estructura oculta bajo la Antártida

Actualidad22/06/2026Sergio BustosSergio Bustos

Debajo de una de las regiones más inhóspitas del planeta permanecía escondida una estructura de dimensiones colosales que nadie había logrado identificar por completo. Ahora, una investigación internacional reveló que bajo el hielo de la Antártida Oriental existe una enorme formación geológica con forma de abanico que se extiende por miles de kilómetros y conserva huellas de un mundo desaparecido hace más de 180 millones de años.

perforan antartida
Una perforación para investigar.

El hallazgo surgió tras analizar información obtenida a más de 3.000 metros de profundidad bajo la superficie helada. Los investigadores descubrieron que decenas de cuencas subglaciales, que hasta ahora se estudiaban como sistemas independientes, en realidad forman parte de una única estructura tectónica de escala continental.

El estudio, publicado en la revista Nature Geoscience, identificó más de 30 cuencas interconectadas distribuidas a lo largo de la Antártida Oriental. Entre ellas aparecen algunas de las formaciones más conocidas del continente, como las cuencas de Wilkes y Aurora, además del lago Vostok, uno de los mayores lagos ocultos bajo el hielo del planeta.


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Lo que sorprendió a los científicos fue la forma que adopta el conjunto cuando se reconstruye digitalmente. Las depresiones convergen hacia una misma zona cercana al Polo Sur y generan una figura similar a un abanico abierto, con extensos brazos que se proyectan desde la costa hacia el interior antártico.

Las dimensiones son extraordinarias. Algunas de estas cuencas se extienden más de 1.500 kilómetros y permanecieron ocultas durante millones de años bajo una gruesa capa de hielo. Según los especialistas, no se trata de estructuras aisladas, sino de un sistema geológico organizado que comparte un origen común.

La explicación se remonta a la época en que la Antártida formaba parte de Gondwana, el supercontinente que reunía a gran parte de las masas continentales actuales. Durante el proceso de fragmentación, la corteza terrestre comenzó a estirarse y fracturarse alrededor de un punto central, generando una disposición radial que aún puede observarse en el subsuelo antártico.


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Los investigadores comparan el fenómeno con una mano que se abre. Desde una zona fija, distintas regiones comenzaron a separarse en diferentes direcciones, formando cuencas alineadas que conservan la huella de aquel movimiento tectónico. Ese proceso terminó contribuyendo a la separación de la Antártida y Australia y modificó profundamente la geografía del continente.

El descubrimiento también ayuda a comprender mejor algunas de las montañas y estructuras geológicas más importantes de la región. Los científicos sostienen que la deformación de la corteza participó en la formación de las Montañas Gamburtsev, alteró sectores de las Montañas Transantárticas y dejó una marca duradera sobre la configuración del continente.

Para llegar a estas conclusiones fue necesario combinar múltiples técnicas de investigación. El equipo utilizó perforaciones profundas, registros sísmicos, mediciones gravitacionales y modelos geológicos capaces de reconstruir la forma del relieve oculto bajo kilómetros de hielo.


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Uno de los elementos más llamativos fue la detección de grandes fallas geológicas organizadas en anillos alrededor del sistema principal. Estas estructuras siguen influyendo en la actualidad sobre la dinámica interna del continente y condicionan el movimiento del hielo.

De hecho, algunos de los mayores glaciares antárticos continúan desplazándose a través de estas antiguas depresiones. Glaciares como Lambert, Totten y Denman utilizan esos corredores naturales para avanzar hacia la costa, demostrando que una estructura formada hace cientos de millones de años todavía ejerce influencia sobre la geografía actual.

Los investigadores consideran que el hallazgo no solo aporta información sobre el pasado geológico de la Tierra. También ofrece nuevas herramientas para comprender cómo interactúan el relieve oculto, las capas de hielo y los procesos climáticos que afectan a la Antártida, una de las regiones más sensibles frente a los cambios ambientales globales.

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