El avión de hidrógeno que quiere cruzar el mundo sin escalas ni emisiones

Enfoques23/06/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

El proyecto Climate Impulse busca demostrar que el hidrógeno verde puede servir para vuelos de largo alcance sin liberar dióxido de carbono.

Avión de hidrógeno
Avión de hidrógeno

La aviación sostenible tendrá una de sus pruebas más ambiciosas con un avión impulsado por hidrógeno verde que buscará dar la vuelta al mundo sin escalas y sin emisiones contaminantes durante el vuelo. El proyecto se llama Climate Impulse y es liderado por el explorador suizo Bertrand Piccard, una figura reconocida por sus desafíos extremos vinculados con energías limpias. La iniciativa pretende demostrar que las nuevas tecnologías pueden abrir un camino para reducir el impacto ambiental de uno de los sectores más difíciles de descarbonizar.

El objetivo central es completar una circunnavegación global sin utilizar combustibles fósiles y sin realizar paradas intermedias para recargar energía. Para lograrlo, el avión utilizará hidrógeno líquido y un sistema de propulsión eléctrica alimentado por celdas de combustible. La misión está pensada como una demostración tecnológica de largo alcance, más que como un modelo comercial inmediato para la aviación de pasajeros.

La aeronave será biplaza y tendrá una configuración diseñada para almacenar grandes tanques de hidrógeno líquido, una de las partes más complejas del desarrollo. Ese combustible debe mantenerse a temperaturas extremadamente bajas para conservar su estado líquido, lo que obliga a resolver desafíos de aislamiento, peso, seguridad y eficiencia energética. La estructura también debe ser lo suficientemente liviana para sostener un vuelo prolongado, pero resistente para atravesar distintos climas y condiciones atmosféricas durante varios días.

Piccard no estará solo en el intento, ya que el proyecto también cuenta con el piloto e ingeniero Raphaël Dinelli, especialista en materiales compuestos y navegación. La construcción se desarrolla en Francia, con participación de socios tecnológicos vinculados a la industria aeroespacial, energética y de materiales avanzados. La planificación contempla una etapa de ensayos antes del vuelo definitivo, con el objetivo de validar el rendimiento del sistema y la seguridad de la aeronave.

El desafío no se limita a despegar y mantenerse en el aire. El plan prevé una travesía de alrededor de nueve días, sin reabastecimiento y con una ruta global pensada para aprovechar condiciones meteorológicas favorables. En ese punto, la experiencia de Piccard en vuelos de larga duración vuelve a ser central, porque ya participó en proyectos que combinaron exploración, resistencia física y mensaje ambiental.


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El antecedente más conocido del explorador es Solar Impulse, el avión solar con el que se completó una vuelta al mundo utilizando energía del sol. Aquella misión permitió instalar el debate sobre las tecnologías limpias, aunque no ofrecía una solución directa para el transporte aéreo comercial. Con Climate Impulse, la apuesta es ir un paso más allá y probar una alternativa energética con mayor potencial para vuelos largos.

El hidrógeno aparece como una de las opciones que la industria analiza para reducir emisiones en trayectos de mayor distancia. A diferencia de las baterías, que todavía presentan límites importantes de peso y autonomía para aviones grandes, el hidrógeno ofrece una densidad energética atractiva. Sin embargo, su uso en aviación todavía enfrenta obstáculos técnicos, económicos y de infraestructura que impiden una adopción masiva en el corto plazo.

El proyecto también busca cambiar la forma en que se comunica la transición ambiental. Piccard sostiene desde hace años que las soluciones climáticas no deben presentarse solo como sacrificios o restricciones, sino como oportunidades para innovar, generar eficiencia y crear nuevas actividades económicas. Por eso, la vuelta al mundo funcionará también como una campaña internacional para mostrar que la tecnología limpia puede asociarse con desarrollo y competitividad.


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La iniciativa tendrá además un componente educativo durante el recorrido. El equipo prevé generar instancias de contacto con estudiantes y comunidades para explicar el funcionamiento del avión, el uso del hidrógeno y los desafíos de la transición energética. La idea es que la misión no quede reducida a una hazaña aeronáutica, sino que sirva para acercar la ciencia y la innovación a públicos más amplios.

Aunque el proyecto todavía debe superar pruebas exigentes, su alcance lo convierte en una referencia dentro de la aviación experimental. Si el avión logra completar la vuelta al mundo sin escalas y sin emisiones directas de dióxido de carbono, marcará un hito simbólico para el uso del hidrógeno verde. También dejará una pregunta abierta para la industria: cuánto tiempo falta para que estas soluciones puedan pasar del laboratorio y los prototipos a una aviación comercial más limpia.

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