
Una charla abierta reunirá miradas sobre guanacos, seguridad vial y producción
Chubut25/06/2026
REDACCIÓNLa discusión apunta a sacar el tema del silencio: población creciente, caza ilegal, consumo sin trazabilidad, accidentes en ruta, campos bajo presión.

Una conductora volcó en la Ruta 3 camino a Río Gallegos y un grupo de policías también terminó con una camioneta dada vuelta después de esquivar un guanaco. Los hechos no convierten al animal en responsable de todos los problemas de la Patagonia, pero exponen una convivencia cada vez más difícil entre fauna, rutas, producción rural y seguridad. El punto sensible es que el tema aparece por golpes, accidentes o conflictos aislados, sin una discusión pública sostenida sobre cómo manejar una población que crece sobre territorios ya presionados.
La conversación que se dará mañana viernes a las 18 horas en el Touring Club de Trelew, ubicado sobre Avenida Fontana, buscará ordenar ese intercambio desde una mirada amplia. La convocatoria apunta a productores, técnicos agrarios, trabajadores rurales, veterinarios, ingenieros agrónomos, organismos vinculados a sanidad y personas con experiencia directa en el campo o en las rutas. También se espera la participación de jóvenes ligados a establecimientos rurales, en un intento por abrir un ámbito permanente de consulta, formación y discusión técnica.


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En una entrevista realizada en #LA17, Meirion Griffiths planteó que el primer paso es dejar de esquivar el asunto, porque el problema ya no queda encerrado en los campos. “Lo importante acá es no desconocer el problema y que ocupe de una vez por todas la coyuntura de la discusión pública”, afirmó al describir una situación que, según su mirada, sigue demasiado congelada en Chubut. Su planteo apunta a que el tema no solo afecta al gaucho o al productor que convive todos los días con los animales, sino también a quienes transitan las rutas, consumen alimentos o participan de la economía regional.
La discusión no se presenta como una cruzada contra el guanaco, sino como una advertencia sobre la falta de manejo. Griffiths remarcó que el animal forma parte de la identidad patagónica y que nadie propone su exterminio ni una persecución indiscriminada. En ese sentido, fue categórico al señalar: “El guanaco es parte nuestra y acá nadie quiere exterminar el guanaco”, una frase que busca separar el debate técnico de las acusaciones extremas que suelen trabar cualquier avance.
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El eje más complejo es la cantidad de animales y el impacto que esa presión puede tener sobre recursos escasos. El planteo incluye la competencia por agua, comida y pasturas en zonas donde también se sostienen actividades productivas tradicionales. Por eso Griffiths insistió en que el problema no es la especie en sí, sino la ausencia de una estrategia que permita pensar controles científicos, aprovechamiento responsable y reglas claras para evitar que todo quede librado al conflicto cotidiano.
La carne de guanaco aparece como otro punto incómodo, porque el consumo existe aunque muchas veces se mantenga en una zona gris. La entrevista dejó expuesto que muchas personas conocen casos de venta, consumo o faena informal, sin trazabilidad ni controles sanitarios suficientes. Griffiths advirtió que la prohibición absoluta alimenta circuitos opacos y señaló que mantener el tema en “un manto oscuro, en un gris” no protege ni a los animales, ni a los productores, ni a los consumidores.
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Ese costado sanitario agrega una dimensión que excede la discusión rural. Si hay carne que circula sin control, también aparece el problema de la cadena de frío, la faena, el transporte y el seguimiento alimentario. Griffiths recordó que la carne de guanaco puede ser magra, pero eso no elimina la necesidad de regulación, porque cuando no intervienen los organismos correspondientes queda en juego la salud humana.
La caza ilegal suma un riesgo adicional en establecimientos rurales, sobre todo cuando hay ingreso de personas sin permiso y uso de armas en campos abandonados o en proceso de recuperación. Griffiths contó que en algunos lugares donde le tocó trabajar observó descontrol e intromisiones de cazadores, con el peligro de balaceras cruzadas. La falta de reglas claras, según su mirada, no evita el problema: lo desplaza hacia prácticas clandestinas que después resultan más difíciles de ordenar.
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El encuentro de Trelew intentará reunir miradas distintas para evitar respuestas simplistas. La idea es que pueda hablar quien conoce pasturas, quien entiende de sanidad, quien trabajó en faena, quien administra campos, quien estudió la especie y también quien recorre miles de kilómetros por la ruta. Griffiths incluso sostuvo que sería valioso escuchar a camioneros con décadas de experiencia, porque desde arriba del camión pueden aportar testimonios concretos sobre la presencia de guanacos, pumas y otros animales en los caminos.
La reunión también puede funcionar como primer paso hacia un espacio más estable. Griffiths mencionó la posibilidad de crear un Ateneo para jóvenes, similar a experiencias que existen en otros puntos del país, con utilidad para el debate científico, la formación dirigencial y el acompañamiento entre pares. La presencia o colaboración de especialistas, entre ellos Stuart “Chacho” Blake, aparece como un respaldo para que el tratamiento del tema no quede reducido a opiniones sueltas o a reacciones después de cada accidente.















