
UNICEF estima 3,9 millones de niños en zonas golpeadas por sismos en Venezuela
Actualidad26/06/2026
REDACCIÓNEl organismo advirtió que los terremotos afectaron áreas donde viven millones de niños y pidió priorizar salud, agua segura y protección.

La emergencia en Venezuela ya tiene una cifra que ordena la preocupación humanitaria: 3,9 millones de niños, niñas y adolescentes viven en las zonas afectadas. La estimación fue difundida por UNICEF después de los terremotos de magnitud 7,5 y 7,2 registrados el 24 de junio. El organismo ubicó a la infancia en el centro de la respuesta, ante daños que comprometen viviendas, servicios esenciales, infraestructura pública y espacios de cuidado.
Los sismos afectaron comunidades de Caracas y de los estados Aragua, Carabobo, Falcón, La Guaira y Miranda, además de zonas aledañas. En las áreas más dañadas se registró el colapso de decenas de edificios y existen reportes de niños y niñas entre las víctimas. La evaluación de daños continúa en marcha, pero los primeros informes ya muestran una emergencia extendida sobre hogares, escuelas, centros de salud y sistemas básicos.


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UNICEF remarcó que las comunidades siguen expuestas ante posibles réplicas, una amenaza que prolonga el riesgo más allá del primer impacto. Las familias afectadas atraviesan una situación de inestabilidad, con viviendas dañadas, servicios interrumpidos y necesidades urgentes de asistencia. Para los niños, ese contexto puede traducirse rápidamente en lesiones, separación familiar, desplazamiento, angustia y pérdida de protección cotidiana.
La directora ejecutiva de UNICEF, Catherine Russell, describió el cuadro con una advertencia centrada en las consecuencias humanas. “Las imágenes que estamos viendo desde Venezuela y los testimonios que escuchamos de nuestros colegas sobre el terreno son desgarradores”, afirmó. La declaración reflejó el impacto inicial de una catástrofe cuyo alcance todavía se mide en terreno y cuya respuesta dependerá de información actualizada.
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Russell también expresó acompañamiento a las familias que sufrieron pérdidas y a quienes vieron alterada su vida cotidiana por los terremotos. “Nuestros pensamientos están con los niños, niñas y familias que han perdido a sus seres queridos, así como con quienes han visto sus vidas trastocadas”, señaló. La funcionaria agregó que “a medida que se comprenda mejor la magnitud de los daños, la seguridad, protección y bienestar de los niños y niñas deben mantenerse en el centro de la respuesta”.
La vulnerabilidad infantil aparece vinculada a varios frentes al mismo tiempo. Salud, agua segura, educación y sistemas de protección pueden quedar interrumpidos cuando se dañan viviendas, escuelas, centros sanitarios y redes de servicios. UNICEF advirtió que miles de familias requerirán asistencia urgente a medida que avancen las evaluaciones y se identifiquen las necesidades más severas.
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El organismo también puso el acento en el impacto emocional de la emergencia. Los niños afectados pueden atravesar miedo, pérdidas familiares, cambios abruptos de residencia y rupturas de sus rutinas escolares o comunitarias. El apoyo psicosocial será una parte central de la respuesta, porque la protección infantil no se limita a la atención médica ni al acceso a insumos básicos.
La asistencia que coordina UNICEF con autoridades nacionales y socios humanitarios apunta a cubrir necesidades inmediatas. El objetivo declarado es que niños, niñas y familias accedan a atención médica, servicios de protección, apoyo psicosocial, agua segura y espacios seguros. Esa combinación de respuestas busca reducir riesgos en las primeras etapas posteriores al desastre, cuando la desorganización comunitaria puede dejar más expuestos a los sectores vulnerables.
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El daño sobre infraestructura crítica suma presión a la vida diaria de las comunidades afectadas. Viviendas, escuelas, centros de salud y sistemas de agua pueden haber sufrido impactos que dificulten la recuperación de rutinas básicas. Cada servicio interrumpido agrava la situación de niños y cuidadores, porque obliga a resolver alimentación, higiene, atención médica, resguardo y contención en condiciones de emergencia.
UNICEF indicó que se mantiene presente en el terreno y que seguirá apoyando los esfuerzos nacionales para atender a niños, niñas, adolescentes y familias. La prioridad estará puesta especialmente en los sectores más vulnerables, que ya enfrentaban mayores dificultades antes de los terremotos. La respuesta deberá llegar con rapidez, pero también sostenerse en el tiempo, porque la recuperación de servicios y entornos seguros puede demandar más que una intervención inicial.
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El financiamiento disponible aparece como un límite concreto para la respuesta humanitaria. Antes de los terremotos, el llamamiento de Acción Humanitaria para la Infancia 2026 de UNICEF para Venezuela ascendía a 137,6 millones de dólares, con apenas 35% de financiación cubierta. Esa brecha condiciona la capacidad de respuesta justo cuando el desastre incorpora nuevas necesidades vinculadas con salud, protección, agua segura y acompañamiento familiar.
La situación deja una prioridad inmediata para los próximos días: identificar a los niños más expuestos y asegurar servicios básicos en las zonas afectadas. Las familias necesitarán atención médica, espacios seguros, apoyo emocional y mecanismos de protección frente a pérdidas, desplazamientos o separación. El riesgo pendiente está en que la emergencia física derive en una crisis más profunda para la infancia si la asistencia no logra sostenerse.

















