
La jefa del bloque libertario en el Senado prometió apoyo legislativo al nuevo jefe de Gabinete y apuntó a dejar atrás la discusión por Adorni.

Patricia Bullrich movió rápido después de la designación de Diego Santilli y colocó al Congreso como primer terreno de respaldo político. La presidenta del bloque de La Libertad Avanza en el Senado prometió acompañar al nuevo jefe de Gabinete para empujar las leyes prioritarias del Gobierno, justo después de una etapa marcada por sus choques con Manuel Adorni. La señal no quedó en el saludo protocolar: también buscó ordenar una agenda que el oficialismo necesita sacar del ruido interno.
La publicación de Bullrich tuvo un destinatario directo y un mensaje hacia dentro del oficialismo. “Vamos a acompañarte desde el Congreso para estar a la altura del cambio que eligieron los argentinos”, escribió en X, al sumarse al posteo de Javier Milei que confirmó a Santilli como reemplazante de Adorni. La frase ubicó a la bancada libertaria del Senado como sostén legislativo de la nueva etapa del Gabinete.


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El respaldo a Santilli también funcionó como cierre político de una discusión previa. Bullrich mantuvo diferencias públicas con Adorni durante los últimos meses, especialmente por la exigencia de que presentara su declaración jurada y por las investigaciones judiciales que pesaban sobre el exjefe de Gabinete. La llegada de Santilli le permite a la senadora marcar un nuevo punto de partida sin quedar atrapada en la defensa del funcionario saliente.
La exministra de Seguridad expresó esa lectura con otra frase dirigida al corazón de la agenda oficialista. “Si queremos cambiar el país de verdad, teníamos que dejar de lado las distracciones y discutir las leyes importantes que impulsa el Presidente”, sostuvo. Ese tramo del mensaje dejó una interpretación evidente: Adorni quedó asociado al conflicto que desviaba energía política, mientras Santilli aparece como una oportunidad para recuperar trámite legislativo.
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El nombramiento de Santilli no llega a un espacio desconocido para Bullrich. Ambos compartieron militancia y funciones públicas durante el gobierno de Mauricio Macri, además de integrar el PRO, partido que la actual senadora presidió. Ese vínculo previo puede facilitar una coordinación parlamentaria más directa, en especial para un oficialismo que necesita negociar leyes con bloques propios, aliados y sectores dialoguistas.
El gesto de Bullrich combinó pertenencia libertaria actual con historia política compartida en el PRO. La senadora habló como jefa del bloque de LLA en la Cámara alta, pero su reconocimiento a Santilli también remitió a una trayectoria común dentro de la coalición que gobernó entre 2015 y 2019. Ese cruce de identidades políticas explica por qué su apoyo no fue solo institucional: también tuvo un componente de confianza personal y experiencia previa.
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La salida de Adorni ordenó una parte del tablero, aunque dejó expuestas las tensiones que precedieron a su renuncia. Bullrich formó parte de los sectores que cuestionaron su situación judicial, con menciones al presunto enriquecimiento ilícito y posible lavado de activos que aparecían en la discusión pública. Su mensaje posterior a la designación de Santilli evitó volver sobre esos expedientes, pero instaló la idea de pasar de la controversia personal a la discusión legislativa.
El Senado aparece como una pieza sensible para el Gobierno, porque allí cada proyecto necesita construcción política fina. Bullrich prometió acompañamiento desde su bloque y ubicó la prioridad en las leyes que impulsa Milei. La frase no garantiza votos por sí sola, pero muestra que la nueva Jefatura de Gabinete tendrá una aliada explícita en una cámara donde el oficialismo no puede imponerse sin acuerdos.
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Santilli llega al cargo con una ventaja política para esa tarea: conoce el Congreso, el PRO y los puentes que el Gobierno necesita cuidar. Bullrich, desde el Senado, le ofreció una señal de gobernabilidad en el primer momento público de su designación. Ese respaldo busca convertir el cambio de nombres en capacidad de negociación, después de meses en los que la figura de Adorni absorbió parte del costo político del oficialismo.
La respuesta de Bullrich también habló de la relación entre el Gobierno y sus propias prioridades. Al mencionar las “distracciones”, la senadora delimitó aquello que, para su lectura, trabó la discusión de fondo. El mensaje dejó a Santilli frente a una expectativa concreta: recuperar orden legislativo, reducir ruido político y concentrar la energía oficialista en las iniciativas que Milei quiere llevar al Congreso.
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El cierre de la etapa Adorni todavía no resuelve la dificultad principal del Gobierno en el Parlamento. La promesa de Bullrich instala un punto de apoyo para Santilli, pero el nuevo jefe de Gabinete deberá transformar ese respaldo en acuerdos efectivos, dictámenes y sesiones. El límite pendiente estará en comprobar si la sintonía política entre ambos alcanza para mover leyes en un Congreso donde cada mayoría exige negociación.
Fuente: NA.







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