
De bailarina a productora: cómo la universidad transformó su manera de hacer arte
Otros Temas11/07/2026
REDACCIÓNMarina Iturmendi completó la Licenciatura en Artes Escénicas de la UNSAM y convirtió su formación corporal en un proyecto de creación, investigación y gestión.

Bailar dejó de ser para Marina Iturmendi una práctica limitada a interpretar coreografías cuando ingresó a la Universidad Nacional de San Martín. La licenciatura le permitió sumar herramientas para dirigir, investigar, producir obras y pensar el lugar que ocupa el arte dentro de la sociedad. Ese cambio quedó plasmado en su trabajo final, presentado el 10 de junio de 2026 después de cuatro años de cursada y un cuatrimestre adicional dedicado a la tesis.
Su recorrido había comenzado mucho antes, con estudios de danza clásica y contemporánea durante la infancia en Mar del Plata. Al terminar la escuela se mudó a Buenos Aires, donde incorporó danza urbana, jazz, acrobacia aérea y acrobacia de piso. También completó una formación de cuatro años como artista integral de danza y acrobacia en el estudio de Flavio Mendoza.


La llegada a la UNSAM reunió esa experiencia previa con trayectorias muy diferentes. Entre sus compañeros había personas formadas en flamenco, patinaje, circo y otras disciplinas, provenientes además de distintas provincias. “Esta diversidad para mí hoy, con el diario del lunes, te diría que enriquece muchísimo los procesos de creación individualmente y colectivo”, explicó Iturmendi.
El ingreso a la carrera exige atravesar un curso de seis semanas con materias teóricas y prácticas. En la orientación de danza se incluyen danza clásica, contemporánea e improvisación, y luego se informa quiénes obtuvieron una vacante. Cuando Marina se presentó, alrededor de 200 aspirantes compitieron por unos 50 lugares, una selección vinculada con la disponibilidad de aulas, docentes y presupuesto académico.
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La licenciatura abre inscripciones cada dos años, se dicta de manera presencial y concentra sus clases durante la mañana. Cuenta con tres orientaciones: danza, circo, y títeres y objetos. Los estudiantes comparten buena parte de las asignaturas teóricas, mientras cada especialidad posee su propio recorrido práctico.
El plan incluye técnicas corporales, composición coreográfica e improvisación, junto con filosofía, antropología, epistemología, historia del arte e investigación. Esa combinación amplía el perfil profesional más allá del escenario y permite trabajar en producción, gestión cultural, asistencia coreográfica o dirección. “Este diálogo entre la práctica y la reflexión de todo lo teórico es lo que más te abre la cabeza”, sostuvo.

Marina inició la carrera en abril de 2022 y terminó de cursar en noviembre de 2025. El Trabajo Final Integrador demandó una investigación escrita, la presentación de una obra ante un jurado y una defensa oral. La propuesta surgió de su preocupación por las dificultades que atraviesan los vínculos humanos dentro de una vida cotidiana marcada por la velocidad y el aislamiento.
La obra se llama Entre cuerpos y combina danza contemporánea con performance. Dos intérpretes recorren un desplazamiento desde el encierro hacia el encuentro, atravesadas por costumbres, miedos y formas aprendidas que condicionan la relación con otras personas. El trabajo también explora cómo esas capas modifican el vínculo con el entorno y con la propia identidad.
Uno de los elementos distintivos de la pieza es el uso de un dispositivo MIDI Touch Me de Playtronica. El aparato produce sonido cuando dos cuerpos se tocan y, al mismo tiempo, entran en contacto con el dispositivo, cerrando un circuito eléctrico. Ese recurso convierte el contacto físico en parte de la composición sonora y refuerza la pregunta central de la obra sobre las posibilidades de encontrarse con otros.
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El equipo se formó dentro de la propia universidad. Las intérpretes, el asistente de dirección y la directora se conocieron en la compañía de danza de la UNSAM, donde estudiantes de distintos años participan de procesos creativos junto con coreógrafos profesionales. Esa experiencia permite trabajar como intérpretes, asistentes de coreografía o integrantes de producción durante períodos intensivos de creación.
Iturmendi pasó por varios de esos roles durante los dos años que integró la compañía. Primero trabajó como intérprete, luego como asistente coreográfica y más tarde en producción. Ese recorrido le abrió oportunidades fuera de la universidad y le permitió incorporarse como asistente de producción en una obra dirigida por la coreógrafa y bailarina Julia Gómez.

Actualmente también trabaja como productora ejecutiva en una compañía teatral surgida a partir del vínculo con otro estudiante. Al mismo tiempo continúa como directora y coreógrafa de Entre cuerpos, con la intención de presentar la obra en nuevos espacios. La formación universitaria, en su caso, no cerró una etapa vinculada exclusivamente con la danza, sino que multiplicó los modos posibles de ejercer una profesión artística.
La experiencia dejó además una valoración directa sobre el acceso a la educación pública. “Me cambió la forma de entender qué significa ser artista y cuál puede ser el lugar del arte en la sociedad”, afirmó Marina. La continuidad de la obra y de sus proyectos profesionales dependerá ahora de que esos aprendizajes encuentren circuitos de exhibición, producción y trabajo sostenido fuera del campus.














