La empresa chilena que llegó a manejar más de 400 mil hectáreas en la Patagonia argentina

Mi Archivo12/07/2026Sergio BustosSergio Bustos

A comienzos del siglo XX, cuando las fronteras en la Patagonia aún eran frágiles y la economía regional se movía con más naturalidad entre ambos lados de la cordillera, surgió una de las compañías ganaderas más poderosas del sur. Se trató de la Sociedad Comercial y Ganadera Chile-Argentina, una firma binacional que llegó a controlar más de 419.000 hectáreas en el sur del territorio de Neuquén y que durante años organizó un sistema productivo y comercial que vinculaba directamente la Patagonia con Chile.

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La Patagonia compartida.

El origen de la empresa se remonta a 1904, cuando varias concesiones de tierras otorgadas por el Estado argentino —entre ellas algunas vinculadas a la familia Uriburu-Castells— fueron adquiridas por Federico Hube y Adolfo Achelis, empresarios de origen alemán radicados en Chile. Con esas tierras crearon la nueva sociedad, registrada en Valparaíso, con participación de importantes inversores chilenos.

Entre los accionistas figuraban empresarios como Ramón Subercaseaux, quien fue su primer presidente, además de Luis Subercaseaux, Luis Kuffré, Enrique Döll, Alejandro Maturana, Ochinger, Ramírez y Darío Urzúa. El capital inicial de la compañía alcanzaba 475.000 libras esterlinas, una suma considerable para la época.


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Las propiedades de la empresa formaban un gran bloque territorial que abarcaba 419.737 hectáreas en la región andina de Neuquén. Entre las estancias más importantes se encontraban Quemquemtreu, Chacabuco, Sañicó, La Teresa, Meliquina y Collón Curá, todas integradas dentro de una misma estructura productiva.

La compañía no se limitó a administrar campos ganaderos. Desde sus inicios desarrolló una red comercial y logística que incluía sedes en Valparaíso, Buenos Aires, Puerto Montt y San Carlos de Bariloche, además de numerosas sucursales en ambos países.

Uno de los factores clave para el crecimiento de la empresa fue la relación económica entre Chile y la Patagonia argentina. Las tierras neuquinas ofrecían amplias pasturas para la cría de ganado, mientras que los campos chilenos, cada vez más dedicados a la agricultura, permitían el engorde final de los animales. Así, la cordillera funcionaba más como un puente económico que como una barrera.


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La empresa también invirtió en infraestructura para sostener ese circuito. Organizó servicios de transporte entre Puerto Montt y Bariloche, que combinaban viajes por tierra y navegación lacustre. Vapores cruzaban los lagos transportando lana y cueros hacia el Pacífico y regresaban con mercaderías para abastecer la región.

El entramado logístico incluía muelles, lanchas, carros, bodegas y una red de comunicaciones telefónicas de unos 170 kilómetros entre Bariloche y Puerto Montt. Además, la compañía obtuvo del gobierno argentino la concesión del servicio de correo en la zona.

Un hecho clave fue el decreto firmado el 23 de agosto de 1904 por el presidente Julio Argentino Roca, que excluyó a esa franja cordillerana de la jurisdicción aduanera argentina. La medida buscaba fomentar el desarrollo económico de la región y permitía que el comercio con Chile se realizara con mayores facilidades.


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En las estancias neuquinas la empresa desarrolló un sistema ganadero moderno para la época. Se instalaron molinos de viento, aguadas artificiales, galpones de esquila, alambrados y maquinaria especializada. La producción principal era la lana de ovejas Merino, que alcanzaba cerca de 550.000 kilos anuales.

Las explotaciones también incluían aserraderos, molinos harineros, carpinterías, herrerías y pequeñas industrias destinadas al abastecimiento interno. En los años veinte trabajaban allí alrededor de 150 peones y capataces, número que aumentaba considerablemente durante la temporada de esquila.

Con el tiempo, la empresa comenzó a reorganizar sus actividades. En 1916 vendió su sección comercial en Bariloche —incluidos aserradero y molino— al empresario italiano Primo Capraro, uno de los pioneros del desarrollo de la ciudad.


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Tres años después, en 1919, gran parte de sus campos fue transferida a la Sociedad Ganadera Gente Grande, una poderosa firma vinculada a capitales del sur de Chile y del área de Magallanes, relacionada con empresarios como Mauricio Braun y Lucas Bridges.

Durante décadas las estancias continuaron operando bajo administración chilena, con oficinas en Bariloche y representación comercial en Buenos Aires. El sistema ganadero combinaba dos mercados: algunos animales se enviaban hacia frigoríficos del Atlántico, mientras otros cruzaban la cordillera hacia Temuco, en Chile.

La explotación conjunta de estas tierras continuó hasta 1963, cuando las propiedades pasaron a una nueva sociedad con sede en Buenos Aires. Entre 1969 y 1973, los grandes campos comenzaron a subdividirse y venderse a distintas empresas.


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La historia de la Sociedad Comercial y Ganadera Chile-Argentina refleja un momento en que la Patagonia funcionaba como un espacio económico compartido entre ambos lados de la cordillera. Sus estancias, redes comerciales y rutas de transporte contribuyeron a integrar la región a los circuitos ganaderos internacionales y dejaron una huella duradera en la organización productiva del sur argentino.

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Construcciones chilenas a la vera del río.

Fuentes: Susana Bandieri, Historia de la Patagonia; Archivo Nacional de Chile; Archivo Visual Patagónico de San Carlos de Bariloche.

 

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